Una recuperación económica mundial desigual es la que proyectan distintas entidades en medio de la crisis provocada por la pandemia de covid-19, lo que podría alimentar desigualdades dentro de las distintas regiones del globo.

Y en América Latina la recuperación también se daría a velocidades distintas, según las últimas proyecciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

De acuerdo a lo estimado por la entidad, el primer país de la región en retomar su PIB per cápita pre pandémico sería Chile, y lo haría este año, específicamente en el tercer trimestre -un año y medio después del aterrizaje del coronavirus en territorio nacional-, al igual que países como Japón, Polonia y Finlandia.

Colombia y Brasil, por su parte, tendrán que esperar al tercer trimestre de 2022 para regresar a su renta per cápita anterior al virus, México hasta 2023 y Argentina hasta principios de 2026, señaló la OCDE.

Detrás del optimismo en cuanto a una rápida recuperación en Chile, está la velocidad del proceso de vacunación que se ha llevado a cabo en el país, con lo que la OCDE apuesta a una reapertura completa de la actividad en la segunda mitad del año, pese a las nuevas restricciones que se han aplicado en medio de un alza de contagios.

También influye la mejora de las perspectivas globales, considerando la dependencia que tiene Chile de las exportaciones de cobre. Todo ello haría que el país logre una recuperación más rápida que la de sus vecinos en una región fuertemente golpeada por la pandemia tanto en lo sanitario como en lo económico.

Además, el organismo con sede en Paris espera que la economía chilena crezca 6,7% este año y 3,5% el próximo gracias, en gran medida, al empujón que está dando el consumo y el “boom” que vive el precio del cobre.

Por otro lado, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), Chile superará en 2022 su renta per cápita previa a la pandamia. Así, el organismo espera que el próximo año el país alcance un PIB por habitante de US$26.194,9 -el mayor de la región- , por encima de los US$24.292,2 de 2019.

Asimismo, el FMI estima que Chile superará el umbral de los US$30 mil per cápita en 2026, apostando a que será el primer país sudamericano en alcanzar esa meta.

Preocupación ante una recuperación global desigual

A nivel global, la OCDE revisó al alza su pronóstico de crecimiento para 2021 desde 5.6% a 5,8%, pero advirtió que los estándares de vida para algunas personas no volverán a los niveles anteriores a la crisis durante un período prolongado.

Según reporto Bloomberg, en países como Argentina y España, pasarán más de tres años entre el inicio de la pandemia y la recuperación de la producción económica per cápita, según las nuevas proyecciones. Eso se compara con solo 18 meses en los EE. UU. y menos de un año en China.

“Es con cierto alivio que podamos ver el panorama económico mejorando, pero con cierta incomodidad de que lo esté haciendo de una manera muy desigual”, aseguró el economista jefe de la OCDE, Laurence Boone. “El riesgo de que no se logre un crecimiento pospandémico suficiente o no se comparta ampliamente es elevado”.

La evaluación suena como una nota de cautela a medida que aumenta la confianza en los países más ricos del mundo con el levantamiento de las restricciones y la aceleración de las campañas de vacunación.

La OCDE elogió a los gobiernos por el apoyo político excepcionalmente rápido y eficaz que ahora está impulsando un repunte en el comercio, la manufactura y el gasto de los consumidores. Eso limitará las cicatrices que deja la crisis, dijo la organización de 38 miembros.

Pero advirtió que el problema de las fortunas divergentes podría empeorar aún más debido a la imposibilidad de obtener suficientes vacunas y apoyo a las economías emergentes y de bajos ingresos, que ya tienen menos capacidad para absorber los impactos y podrían enfrentar problemas de financiamiento soberano.

Sin vacunas en todos los países, la OCDE dijo que las nuevas variantes y los cierres renovados podrían afectar la confianza, hundir la actividad de nuevo en un patrón disruptivo intermitente y arruinar empresas.

“Los miembros más vulnerables de la sociedad se arriesgarían a sufrir más por períodos prolongados de inactividad o ingresos reducidos, exacerbando las desigualdades entre países y dentro de ellos, y potencialmente desestabilizando las economías”, señaló Boone.

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