El estudio detallado de un evento de microlente gravitacional observado en 2011 ha permitido a un equipo internacional de investigadores localizar, por primera vez, un agujero negro flotando libremente por el espacio interestelar de nuestra galaxia, a algo más de 5.100 años luz de distancia de la Tierra. El hallazgo se acaba de hacer público en un artículo aparecido en el servidor de prepublicaciones ‘ ArXiv’.

En la imagen, obtenida con el telescopio espacial Hubble, se observa el efecto de microlente gravitacional que ha permitido descubrir al primer agujero negro errante – Hubble Space Telescope

Una microlente gravitacional es un fenómeno raro, que se produce cuando una fuente de luz muy brillante (una estrella o un cuásar) se alinea con un objeto masivo y compacto (la microlente), de forma que la trayectoria de la luz de la estrella se desvía debido a la gravedad del objeto. Esa deformación de la luz hace las veces de ‘lupa cósmica’, magnificando los objetos oscuros y permitiendo la identificación de cuerpos muy tenues en el firmamento, como enanas rojas o marrones, planetas, estrellas de neutrones y, en este caso, agujeros negros.

Multitud de agujeros negros

Desde hace tiempo los astrónomos piensan que existen muchos agujeros negros deambulando libremente entre las estrellas, pero hasta ahora nadie había conseguido encontrar ninguno. Lógicamente, eso se debe a la naturaleza misma de los agujeros negros, así llamados porque nada, ni siquiera la luz, puede escapar de sus potentes campos gravitatorios, de modo que son objetos negros moviéndose por el fondo, también negro, del espacio. En otras palabras, son casi imposibles de detectar.

Aún así, existe una gran cantidad de evidencia que apunta a que estos agujeros negros ‘errantes’ existen realmente. Numerosas investigaciones, por ejemplo, ya han demostrado que muchos agujeros negros se forman tras el colapso gravitatorio de estrellas masivas. En estos casos, la estrella muere aplastada por su propia gravedad, que la comprime sin contemplaciones hasta convertirla en un simple punto, un agujero negro, precedido a veces por una tremenda explosión de supernova. Debido a que se han observado ya muchas supernovas de este tipo, parecía claro que, como resultado, debieron crearse también muchos agujeros negros. ¿Pero cómo encontrarlos?

Los métodos de observación directa, por las razones explicadas arriba, quedan descartados. Por eso los astrónomos han recurrido a buscar sus efectos de lente gravitacional. Efectos leves y que, debido a las grandes distancias, no resultan sencillos de observar ni siquiera con los telescopios más potentes. A pesar de ello, sin embargo, la suerte favoreció a dos equipos de astrónomos que, en 2011, vieron con el telescopio espacial Hubble cómo una estrella brillaba más de lo debido sin razón aparente.

Calculando su masa y velocidad

Intrigados, los astrónomos decidieron dedicar más esfuerzo al caso y durante seis largos años analizaron las variaciones de luz de la estrella, con la esperanza de que ese cambio se debiera al ‘efecto lupa’ de un agujero negro. Después, se encontraron con algo más: la posición de la estrella pareció cambiar, y ese cambio sólo podía deberse a un objeto invisible y en movimiento que ‘doblaba’ la luz de la estrella a medida que pasaba. Habían encontrado un agujero negro interestelar.

No contentos con eso, el equipo de científicos siguió estudiando la estrella y su luz hasta confirmar que la ‘ampliación’ perduraba en el tiempo, y descartar a la vez que la luz procediera de la lente. En otras palabras, cumplieron con los requisitos previos para poder decir con seguridad que lo que estaban viendo era un agujero negro, el primero que se consigue ‘cazar’ flotando libremente entre las estrellas de nuestra galaxia. Los investigadores han conseguido incluso estimar su masa, que es de una siete veces la del Sol y determinaron que su velocidad es aproximadamente de 45 km/s.

La confirmación de que estos objetos errantes existen realmente implica también que a partir de ahora habrá que estar atentos, ya que uno de ellos podría, en cualquier momento, acercarse a una estrella y cambiar su destino para siempre.

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