“Se vienen cosas buenas para Chile”, decía exultante el presidente electo hace 365 días atrás. Con un 55% de aprobación personal y sólo un 13% de desaprobación, las expectativas que había generado Gabriel Boric para el 2022 eran enormes y la esperanza de millones de chilenos se mantenía intacta. Pero su gobierno fracasó. Y lo hizo estrepitosamente, en todas las áreas posibles.

En inseguridad pública, los homicidios aumentaron un 43%, las violaciones un 11% y los robos más de un 53%. Hasta la semana pasada, en el Chile de Boric se han cometido más de 451.000 delitos, es decir, 50 delitos por hora. Si está leyendo esta columna en su teléfono, guárdelo, porque probablemente lo van a cogotear.

La economía es un desastre para la inmensa mayoría de los chilenos, excepto para los amigos del Presidente premiados con una peguita o los funcionarios públicos que recibieron el reajuste del 12%. Para el resto de los mortales, más de un 13% de inflación (no visto desde el año 93) y un 2% de crecimiento (con la recesión a la vuelta de la esquina), la cosa es color de hormiga. Y es que el aumento del costo de vida se ha traducido en una dura reducción de los salarios reales. ¿Y cómo lo arreglará el ministro al que le roban las maletas con ropa del auto? Cobrando más IVA, subiendo otros impuestos, tirando un torpedo bajo la línea de flotación del mercado de capitales con su reforma de pensiones, demorando los tratados comerciales, ahuyentando la inversión extranjera.

En educación, aumentó un 24% la deserción escolar y un 22% la violencia en las escuelas, mientras 1,3 millones de estudiantes tienen inasistencia crónica. En salud, 2.415.622 atenciones en lista de espera, 300 mil más que en 2021 y hay chilenos que tienen que esperar más de 600 días para una consulta con especialista. ¿Y qué hacen los genios del gobierno para resolverlo? Suspenden la evaluación docente, promueven la educación no sexista y el lenguaje inclusivo; se cruzan de brazos mientras quiebran las isapres y están paralizadas frente a las alertas sanitarias. No le podemos pedir al Frente Amplio que traiga de vuelta a la doctora Daza, pero ¿quién conoce a la ministra o el subsecretario de Salud aparte de sus familiares más cercanos?

El entonces presidente electo prometió que darían lo mejor de ellos para hacer un gran gobierno. Luego de casi un año, francamente, Presidente, es hora de pedir perdón por haber hecho tan poco. Si esto es lo mejor que tienen, de verdad, el futuro de Chile no se ve muy auspicioso para los próximos tres años.

No importa cuántas lentejas o uvas coma el gabinete este sábado o cuántos billetes se ponga en el bototo el Presidente, lo que más necesitamos los chilenos es un poquito de humildad de este gobierno y unas disculpas sinceras en su mensaje de año nuevo.

Como escribió alguna vez Julio Cortázar, “nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo”. Si realmente quiere lo mejor para Chile, es hora de guardar el programa en un cajón, dejar de saludar como monje tibetano, dar fin a esta resaca, y ponerse a trabaja en serio para reconstruir Chile.

/Escrito por Cristián Valenzuela para La Tercera