El Sol nos dio la vida y el Sol nos la quitará. Sabemos desde hace tiempo que nuestra estrella particular no será siempre el astro tranquilo y benévolo que es ahora. Muy al contrario, dentro de 5.000 millones de años, cuando su combustible de hidrógeno se agote, sufrirá una dramática serie de cambios que al final le llevarán a hincharse como un globo y convertirse en una gigante roja, una estrella muy diferente de la actual, y tan grande que se tragará, seguramente, a los planetas interiores de nuestro sistema.

Sin embargo, y sin necesidad de llegar a esas fases extremas de evolución estelar, un equipo de investigadores acaba de descubrir que muchas estrellas similares al Sol han devorado ya a algunos de los planetas que las rodean. Muchas, ¿pero cuántas?

En un estudio recién publicado en ‘ Nature Astronomy’ y liderado por Lorenzo Spina, astrofísico del Observatorio Astronómico de Padua, en Italia, se ha abordado esta cuestión y el resultado es sorprendente: hasta un tercio de las estrellas similares a la nuestra se han tragado ya a sus planetas. El hallazgo podría ayudar a los astrónomos a descartar en sus búsquedas sistemas estelares que muy probablemente ya no contengan mundos similares a la Tierra.

Desde hace décadas los científicos saben, midiendo la composición de las estrellas, que muchas de ellas han devorado a los planetas que tenían en órbita. Los mundos rocosos, en efecto, son ricos en elementos pesados como el hierro, el silicio o el titanio, mientras que las estrellas están hechas principalmente de gases mucho más ligeros, como el hidrógeno, el helio o el oxígeno. Por eso, cuando un planeta es devorado, sus elementos pesados se esparcen por las capas más externas de la estrella, y pueden ser detectados por los astrónomos, que buscan las señales de absorción de luz propias de esos elementos.

«Si una estrella es anormalmente rica en hierro, pero no en otros elementos como el carbono y el oxígeno -explica Spina- eso puede interpretarse como la firma de que un planeta ha sido engullido».

Para averiguar la frecuencia con la que esto sucede, Spina y sus colegas observaron 107 sistemas binarios formados por dos estrellas similares al Sol. Las estrellas binarias nacen de la misma nube de gas y polvo, por lo que sus composiciones químicas deberían ser casi idénticas. Los investigadores, además, eligieron parejas de estrellas con masas y temperaturas muy similares entre sí, de modo que pudieran considerarse como estrellas gemelas.

Pues bien, en 33 de estas parejas teóricamente idénticas una de las dos estrellas mostró niveles muy elevados de hierro y litio en comparación con los de su compañera, lo que refuerza la hipótesis de que habían absorbido algún mundo cercano. Aunque las estrellas similares al Sol ya nacen con una considerable cantidad de litio, suelen quemarlo muy pronto, durante sus primeros 100 millones de años de vida, por lo que encontrar ese elemento en estrellas más viejas indicaba a las claras su procedencia planetaria.

Los investigadores también descubrieron que esas «firmas químicas anómalas» aparecían más frecuentemente en las estrellas más calientes. Lo cual, según Spina, tiene mucho sentido, ya que las estrellas calientes tienen capas externas más delgadas, por lo que el material de un planeta devorado se concentraría en un volumen más pequeño y sería más fácil de detectar.

De este modo, Spina y su equipo llegaron a la conclusión de que entre el 20% y el 35% de las estrellas similares al Sol han absorbido ya a algunas de sus ‘tierras’. Este tipo de eventos pueden suceder en sistemas en los que las interacciones gravitacionales entre planetas terminen por ’empujar’ a alguno de ellos hacia la estrella central, o por lo menos llevarlos lo suficientemente cerca de ella como para que la estrella los vaporice y los devore lentamente.

La cuestión ya había sido objeto de otros estudios, pero esta nueva investigación es la primera que, con una muestra mucho mayor, ha conseguido descubrir una tendencia generalizada en un alto porcentaje de las estrellas similares al Sol.

A pesar de ello, Spina cree muy poco probable que nuestro Sol se haya tragado ya algún planeta en el pasado, ya que tiene pocos elementos pesados si se comparan con los de otras estrellas similares que sí lo han hecho. El estudio, como se ha dicho, ayudará a los ‘cazaplanetas’ que buscan una segunda Tierra a descartar, de entrada, sistemas solares en los que sus estrellas muestren esa abundancia antinatural de elementos pesados.

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