La escalada de precios en Chile continúa con el galopante camino iniciado a mediados del año pasado. En agosto, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) anotó una variación de 1,2%, llegando en su medición a doce meses a 14,1%, su mayor nivel desde septiembre de 1992, hace 30 años.

Con esto, entre enero y agosto, la inflación acumula un salto de 9,9%, más de tres veces la meta de 3% establecida por el Banco Central.

En esa línea, la entidad presidida por Rosanna Costa ya mostraba en su Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre, teñido por inquietudes inflacionarias, que uno de los principales desafíos de aquí en adelante será enfriar la economía.

En el reporte, advierte que este año el IPC terminará 2022 en un duro 12%, casi dos puntos porcentuales por sobre lo previsto en junio, corrección que se explica, en buen parte, por las sorpresas acumuladas en los precios volátiles y la depreciación del peso, que en ese entonces rondaba los $820, y ahora los $890.

Con todo, en su exposición ante el Senado, Costa explicó que la inflación total está “cercana” a alcanzar su nivel máximo de este ciclo, lo que podría ocurrir durante este tercer trimestre. ¿Por qué? Se prevé que los precios comiencen a mostrar ritmos de aumento menores a los de meses previos, con lo que la inflación anualizada podría moderarse paulatinamente.

Pero no todos piensan lo mismo, menos después del potente salto del IPC de agosto. Es más, pese a la ultra restrictiva política monetaria que ha adoptado el ente rector en medio de la lucha contra la inflación que azota al país -con una Tasa de Política Monetaria (TPM) en 10,75%-, ciertos economistas han manifestado dudas por los modelos de proyección utilizados para responder adecuadamente a estos shocks.

Evaluación al BC

Uno de ellos fue Patricio Jaramillo, director de Risk Advisory de Deloitte Chile, quien aseguró que “la inflación de 14,1% ciertamente sorprendió al mercado y a la propia autoridad, lo que hace necesario preguntarse si en los pasados 12 a 24 meses, los modelos de proyección utilizados para controlar la inflación por parte de la autoridad monetaria internalizaron adecuadamente el shock de inflación externa, y/o los impactos macros de las medidas como los retiros de fondos previsionales o el IFE, entre otros”.

Esto, pues dichas estimaciones son la base para las decisiones sobre los instrumentos que emplea el Central, como los ajustes a la TPM. A propósito de esto, en el último IPoM se señala que, tras la reunión de septiembre, la tasa rectora se ubica “en torno al nivel máximo que considera central”, y que “próximos movimientos de la tasa dependerán de la evolución del escenario macroeconómico y sus implicancias para la convergencia de la inflación a la meta”.

Consultado por el tema, Hermann González, coordinador macroeconómico de Clapes UC, afirmó a Emol: “Me preocupa, y especialmente tras el dato de hoy día, que, efectivamente, la persistencia inflacionaria sea mayor que la que está considerando el Informe de Política Monetaria, porque eso podría requerir una acción más agresiva de parte del Banco central para, efectivamente, permitir que la inflación vuelva al 3%”.

Aunque sí aseguró que, tanto la política fiscal, como monetaria “están actuando de forma coordinada para retirar los impulsos que se inyectaron como consecuencia de la pandemia”.

“El ajuste fiscal en curso es lo que se necesita, para contener, desde el punto de vista de la política fiscal, las presiones inflacionarias, y por otro lado, el Banco Central ha ido subiendo con bastante fuerza las tasas de interés para, efectivamente, hacer lo que puede hacer para frenar la inflación”, apuntó González.

Carlos Budnevich, economista e integrante del Grupo de Política Monetaria (GPM), plantea que “en el escenario central la inflación de este año y el próximo será algo mayor a la prevista por el Banco Central”, por lo que su persistencia puede ser aún más difícil de controlar, lo que podría derivar en “la mantención de altas tasas de interés de política monetaria por más tiempo para poder abatir a la inflación”.

Mientras que Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad San Sebastián, anticipa que “es muy probable que este año cerremos con una inflación más alta que la proyectada por el Banco Central. Solo a agosto acumulamos un 9,9%, fuertemente impulsado por los alimentos (21,7%) y el transporte (27,8%)”.

Bajo su análisis, el ex subsecretario de Hacienda indicó a este medio que el instituto emisor “ya hizo su trabajo y lo hizo bien”. Sin embargo, a su juicio, “es hora de cambiar la política fiscal que hasta el momento está al debe”.

“Es urgente que el Gobierno le ofrezca al país un plan para incentivar la inversión, el ahorro y la creación de empleos. Para ello, debe detener su reforma tributaria tal como la conocemos pues significará un doble frenazo para nuestra economía y reemplazarla por beneficios tributarios más agresivos para aumentar la productividad”, dijo.

¿División en el consejo?

Este martes el consejo del Banco Central resolvió subir en 100 puntos base la TPM de septiembre, para llevarla desde el 9,75% que habían fijado en julio hasta 10,75%. Y si bien la idea de subir la tasa era una decisión tomada, esta reunión reflejó una división importante.

Y es que tres de los consejeros, incluida la presidenta Rosanna Costa, optaron por un alza de 100 puntos base -la acompañaron Alberto Naudon y Luis Felipe Céspedes-, pero otros dos miembros marcaron su disidencia: Stephany Griffith-Jones apostó por un recorte menor, mientras que Pablo García propuso un aumento aún más acentuado.

Además de señalar que es la primera vez que esto ocurre desde marzo de 2020, cuando se discutía qué tan expansiva debía ser la tasa al inicio de la pandemia, González puso paños fríos sobre el tema. “La visión de los consejeros puede ser distinta y eso no es atípico que pase, pero tengo la impresión de que este tipo de diferencias ocurren con mayor probabilidad cuando nos acercamos al techo o al piso de la Tasa de Política Monetaria”, indicó el economista de Clapes UC.

“Ahora, que justamente nos estamos acercando al término de este proceso de alza de tasas, se producen estas diferencias, y yo esperaría que una vez que se defina cuál es el nivel terminal de aquí en adelante, si el Banco considera que hay que mantener la tasa, y eventualmente, el próximo año bajarla, volvamos a decisiones que son más bien de consenso”, añadió.

Weber, en tanto, comentó que “desdramatizaría la discrepancia y simplemente ratifica la dificultad de tomar decisiones en estos momentos. Ahora estamos en el margen de la acción del Central pues la gran tarea ya fue cumplida, recordemos que en julio de 2021 la TPM estaba en 0,5 y hoy llega a 10,75, en línea con los esfuerzos que han hecho los demás entes emisores en el mundo. Es cuestión de tiempo para que comencemos a ver los efectos, pero el tratamiento del paciente ha sido el adecuado”.

Con todo, Budnevich, quien también es académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, expuso que “es legítimo que puedan haber diferencias en el Consejo en torno a las decisiones, pero lo ideal es adoptar dichas decisiones por la unanimidad del Consejo porque las señales que entrega la autoridad en caso de decisiones unánimes son más nítidas y claras”.

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