La clásica oblea de Nestlé, «Negrita», pasará a llamarse «Chokita». La decisión de la compañía fue motivada por una evaluación de «conceptos que pudieran considerarse inapropiados a la luz de la mayor conciencia sobre las marcas y su lenguaje visual respecto del uso de estereotipos o representaciones culturales».

La decisión ha generado cientos de reacciones y opiniones, entre ellas las de distintos personajes como la de la actriz Aline Kuppenheim, el senador Iván Moreira, los periodistas Gonzalo Ramírez y José Antonio Neme, y un largo etcétera…

Ahora, desde la academia, saltó a este debate sobre el lenguaje Cristián Warnken, profesor de literatura, poeta y columnista en El Mercurio.

«Evidentemente que la decisión está dentro de lo que se llama una guerra cultural», partió diciendo en entrevista con Ex-Ante, «en el sentido de que se ha trasladado un poco a nivel del uso cotidiano del lenguaje y a nivel del intercambio político».

Él enmarcó el tema en «una suerte de neo lengua, para usar la expresión que usa (George) Orwell en su novela 1984″.

«En ese caso la neo lengua es una lengua que se crea para producir cambios en el pensamiento y controlar el pensamiento desde una mirada autoritaria», planteó.

Y aunque advirtió que «evidentemente que aquí no hay un estado totalitario, pero sí siento que hay una pulsión totalitaria latiendo en ciertos ambientes culturales, particularmente universitarios y que diría que son bien de élite y que han logrado salir un poco de la academia y entrar en la política, y en Chile han logrado espacios importantes de expresión, de presencia y de poder».

«Rozan el ridículo»

Aunque Nestlé argumentó que con esta decisión buscaban evitar caer en estereotipos, a Warnken no le convenció la decisión.

—La sensación que tengo es que estas transnacionales o grandes empresas, que parece que arrastran muchas culpas, y probablemente están llenos de asesores, probablemente contratados desde la academia, toman decisiones que rozan el ridículo y que no evalúan el efecto que pueden tener en el lugar donde se consume esa galleta, que yo consumía cuando niño —expuso.

A sus ojos, la «expresión ‘negrita’ no tienen asociado, como connotación, algo despectivo, sino que es algo afectuoso, cariñoso, como cuando uno le dice a alguien: ‘mi negrita’ o ‘mi negro’», dijo.

Para él, ese «valor» tiene el clásico nombre de la popular oblea, que «nunca ha sido algo que alguien haya usado como discriminación o con desdén o como un acto de racismo, entonces, es una medida absurda».

Y agregó:

—Lo que quiero decir es que todas estas batallas, que vienen desde un sector muy de élite y muy académico y muy teórico, violentan la realidad cotidiana, violentan el sentido común, y nos llevan a situaciones casi de absurdo, y ahí es donde el humor es la única arma que yo veo de resistencia potente contra eso.

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