No estamos entendiendo al candidato a la Presidencia de la República del Partido Comunista. Pareciera que su apuesta no está en asumir ese cargo, sino en la Convención Constitucional (CC) o, para ser claros, en la nueva Constitución.

El PC es un partido con estrategia y distingue entre ésta y la táctica. La polarización por la que se está jugando el alcalde de Recoleta indica que competir es parte de la táctica solamente. Usa el micrófono para crear una creciente crispación donde van cayendo sus ex aliados en la Nueva Mayoría como traidores y cómplices de aplicar el neoliberalismo a ultranza a espaldas del pueblo.

Sabe que polarizando no saldrá electo, porque el cargo requiere mayoría absoluta y eso necesariamente pasa por atraer a sectores moderados. Podía esperarse que fuera templando su discurso para abrir el arco electoral, como lo hizo al cambiar su opinión sobre las AFP. Partió señalando que confiscaría los fondos ahorrados de los trabajadores en sus cuentas individuales, después pasó por echarles mano para depositarlos en “cuentas nocionales” que administraría y gestionaría el Estado, y ahora vamos (si le creemos a su encargado programático) en que le permitirán a las AFP continuar existiendo sólo para administrar las cuentas de quienes no quieran entrar al nuevo sistema de reparto, al que todos tendrán la obligación de aportar sus futuras cotizaciones.

Ya lo vimos vetar que el PPD y la DC se incorporaran a una primaria presidencial conjunta con su partido y el Frente Amplio. Nada con los cómplices del sistema del abuso y la desigualdad. La semana pasada acusó al PDC de pedirle al Ejército “masacrar a nuestro pueblo”, advirtiendo que esta vez le pediría a ambos un estatuto de garantías (como si él tuviera algo que darles a cambio, al margen de la ley que protege a todos los chilenos, salvo que él quiera salvoconducto para desbordar la institucionalidad). Y en una calculada estocada al Ejército, se lamentó “que ha participado en muchas más masacres que guerras para defender al país”. Es la misma retórica que ha usado el ex diputado Hugo Gutiérrez, demandado por la Armada por acusarla, entre otras cosas, de “genocidista”.

Pero no se fue de boca el candidato comunista. Habló en su propio programa en redes sociales. Seguro que planificó las palabras que actuaron como gas pimienta no sólo frente al oficialismo y las FFAA, sino que también frente a sus ex aliados de la Concertación que votaron por él para alcalde de Recoleta, la mayoría de los cuales sigue declarando que optarían por el alcalde si tienen que elegir entre el comunismo o la derecha en segunda vuelta.

Pero ser Presidente no permite cambiar las reglas del juego y refundar al país y eso es lo que buscan con la nueva Constitución desde una hoja en blanco. No apoyaron el acuerdo para obtenerla, pero han buscado apoderarse del proceso y ahora, de la Convención Constitucional. Su cálculo es que suman casi la mitad de los convencionales con los 7 electos del PC, más lo 16 del Frente Amplio y los 34 de la Lista del Pueblo y otros independientes que hicieron una proclama como poder soberano con autonomía para cambiar todas las normas con las que se eligieron y del ordenamiento del país. Y en todo caso, totalizan mucho más que los 52 que requiere el veto de los contenidos.

Como el caballito de batalla común de esta ultra izquierda es el neoliberalismo, habrá otros que se sumarán (sin recibir ninguna garantía a cambio) no sólo por cobardía y falta de convicciones (como ha ocurrido con muchos de la ex Concertación), sino que también por temor. El PC fue claro en diciembre en amenazar con que usarán las movilizaciones y la protesta para “rodear” a los convencionales y convertirla en una auténtica Asamblea Constituyente que pueda decidir sobre todos los temas. En la misma línea de la proclama que apoyó Jadue de la denominada “Vocería del Pueblo” de los 34, que habla de “los pueblos movilizados” para echar por tierra las reglas y la institucionalidad que les impide “hacer efectiva la soberanía popular de la constituyente”.

Pero para construir las bases de un Estado comunista en cualquier versión, que enterrará definitivamente el neoliberalismo, el PC necesita destruir antes la norma de los 2/3 que exigen las reglas plebiscitadas para acordar los textos de la nueva Carta Fundamental. El empeño del PC está en lograrlo con movilizaciones y la presión de la Convención al actual y desprestigiado Congreso que dictó la reforma que obliga a la asamblea a actuar por 2/3. Y si no es éste, será el próximo, que asuma en marzo en un ambiente aún más polarizado, como el que lograron crear en las vísperas del acuerdo del 15 de noviembre de 2019. O, finalmente, modificarán de facto el quórum.

Que la violencia y estresar el orden público cosechan en Chile está archi demostrado. En abril de 2019, la reforma a la Constitución estaba en la prioridad 15 de 16 en la encuesta CEP y pocos meses después, en noviembre, una nueva Carta parecía ser la única forma de detener el incendio del país. Por eso no debe extrañar el apoyo de Jadue a Karina Oliva, que es representante del Frente Amplio, que tiene a Gabriel Boric de presidenciable y no al alcalde comunista. Según Oliva, en la segunda vuelta de gobernadores, entre ella y el DC Claudio Orrego, se jugaba la “representación de los 30 años” versus un proyecto “que supere el sistema neoliberal”. Su rival DC la acusó de mentir y usar un lenguaje sectáreo, descalificatorio y violento en la campaña, muy acorde con el propósito de polarizar y dividir entre buenos y malos.

La derecha acudió a las urnas ayer a darle el triunfo a Orrego en la disputa simbólica por la gobernación de la RM presidencializada por Jadue y Provoste. Pero es solo un respiro para los afanes refundacionales de esa izquierda ultra que convoca el alcalde comunista y que no quiere reforma, sino revolución. Tampoco le acomoda el Estado de Derecho, sino que la violencia para lograr el objetivo mayor de transformar Chile sin vuelta atrás desde la Convención Constitucional.

Por Pilar Molina, periodista, para El Líbero

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