No más mentiras

Mi pueblo pide libertad, no más doctrinas

Ya no gritemos patria o muerte sino patria y vida

Y empezar a construir lo que soñamos

Lo que destruyeron con sus manos

Ya se acabó, 60 años trancado el dominó.

Así canta el grupo cubano Gente de Zona junto a Yotuel Romero y Descemer Bueno, raperos cubanos radicados en Estados Unidos. Se unieron en febrero de este año para grabar este tema que se llama “Patria y Vida” (en oposición a la consigna oficial de Patrio o Muerte) y que ya se convirtió en un himno de los jóvenes de la isla que piden mayores libertades. También le pone música –un elemento imprescindible de los cubanos- al Movimiento San Isidro (MSI), un grupo de artistas que vienen protagonizando las mayores protestas contra el régimen en décadas. El MSI fue creado en La Habana Vieja en 2018, en respuesta al polémico decreto oficial 349 que obliga a los artistas a profesionalizarse y vincularse con el Ministerio de Cultura. Ganó notoriedad dentro y fuera de la isla en noviembre pasado, cuando la policía desalojó a 14 miembros del grupo que protagonizaban una protesta desde hacía 10 días por la detención y condena de uno de sus miembros. El desenlace de la protesta fue el detonante de la inédita manifestación que realizaron el 27 de noviembre pasado unos 300 artistas e intelectuales frente al Ministerio de Cultura para reclamar libertad de expresión y un diálogo con las autoridades. Desde entonces, se suceden las manifestaciones del MSI, tanto en las calles como en las redes sociales. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, calificó entonces la manifestación del MSI como “el último intento” de la administración de Donald Trump “por derrotar la revolución cubana”.

En este contexto, se produce el cambio más importante en el régimen desde la muerte de Fidel en 2016 y la sucesión en su hermano. Tres años después de dejar la presidencia, Raúl Castro abandona su último bastión: el liderazgo del Partido Comunista de Cuba (PCC). A los 89 años, Raúl se corre a un costado y permite que una nueva camada de líderes que nacieron después de la revolución de 1959 tome el timón. Pero tratándose de un Castro, de ninguna manera estará “en plan pijama”, que es como denominan los cubanos al hecho de ser purgado políticamente y tener que permanecer en sus casas. Su influencia seguirá siendo decisiva.

Esta próxima semana, entre el 16 y el 19 de abril, se llevará a cabo el VIII Congreso del PCC, el primero que se realiza después de la muerte de Fidel. También marcará el retiro de otros importantes dirigentes históricos y la asunción del actual presidente, Miguel Díaz-Canel, de 60 años, en el liderazgo del partido. Los rumores en las charlas de los jugadores de dominó en en el Parque Central de la Habana Vieja hablan de que se podría iniciar una lucha por el liderazgo del régimen o un recrudecimiento de la represión para despejar cualquier ilusión de que la “descastrización” pudiera significar una apertura política en la isla.

Por lo pronto, se espera que el Congreso del partido -el ente que traza las directrices que debe seguir el país- insista en mantener el camino de las reformas iniciadas hace unos diez años por Raúl, “desarrollando vínculos entre el sector estatal y no estatal de la economía”, pero enfrentando a su vez los “intentos de restauración capitalista y neoliberal. Una muy amplia avenida por donde podría pasar una manada de reformas o permanecer vedada al público. Bajo la dirección del hermano menor de los Castro, el sistema comenzó a dar un giro hacia el mercado; no tenía muchas alternativas tras el colapso de su protectora por 30 años, la Unión Soviética.

En 2008, ya se habían eliminado las llamadas “prohibiciones absurdas”, como que los cubanos no pudieran hospedarse en los hoteles de su país, tener acceso a servicios de telefonía móvil, ni comprarse una computadora, y autorizó la entrega a campesinos y cooperativas de tierras ociosas en manos del Estado. Dos años después, aumentó la presencia de la iniciativa privada en la economía, ampliando las categorías permitidas para el trabajo por cuenta propia, para posteriormente autorizar la compraventa de autos y viviendas. Todo lo anterior, con el propósito de “garantizar el carácter irreversible del socialismo en Cuba”. Asimismo, los cubanos pudieron empezar a viajar al extranjero con mayor libertad.

Pero el hito más importante de la era de Raúl Castro fue el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, anunciada en diciembre de 2014, y que incluyó la visita de Barack Obama a la isla en 2016, la primera de un presidente de Estados Unidos desde 1929. Paradójicamente, este acercamiento con EE.UU. marcó una ralentización del proceso de reformas en Cuba y hoy la situación en la isla es crítica. Con graves problemas de liquidez, la economía cubana no puede acceder a créditos de organismos financieros internacionales debido al embargo que Washington mantiene desde 1962, mientras sus principales fuentes de ingresos -el turismo, las remesas y la prestación de servicios profesionales en el extranjero- quedaron muy golpeados por la pandemia del coronavirus.

Un economista cubano consultado por Infobae cree que, quizás más basados en la esperanza que en la realidad, se acepte, lo antes posible, la inversión de cubanos en sectores de la economía doméstica, y se dé mayor paso a las pymes con el fin de incentivar la producción nacional y estimular el mercado interno. Algo de esto, prometió Katia Alonso, directora de inversiones de capital extranjero, dijo al Miami Herald en una inédita respuesta por correo electrónico, que Cuba no rechazará posibles ofertas de negocios de cubanoamericanos por el solo hecho de que vivan en Estados Unidos. Algo que, según dijo, la ley nunca ha prohibido, aunque en el pasado los empresarios del exilio tampoco fueron bienvenidos. “Cuba está abierta al capital extranjero independientemente de su lugar de origen”, explicó Alonso, “por lo que si un cubanoamericano estuviera interesado -ya sea nacido en EE.UU. o emigrado a ese país- en invertir en la isla, su interés sería evaluado como el de cualquier otro potencial inversor de cualquier otro lugar de origen.” Lo más curioso es que podrían hacer negocios los que el régimen siempre denominó como “los gusanos de Miami”, pero no los ciudadanos cubanos que lo siguen teniendo prohibido.

La isla comenzó este 2021 con la principal reforma económica aplicada en las últimas tres décadas: la unificación monetaria que eliminó el peso convertible y habilita a circular solo el peso cubano. Esta reforma, trajo implícito un reajuste salarial, de las pensiones, el retiro de subsidios y un incremento de los precios de bienes y servicios. Medidas que produjeron un enorme malestar en la población que se expresó especialmente a través de las redes sociales donde están teniendo una enorme participación.

Cuba se encuentra en medio de su contracción económica más severa desde el colapso de la URSS. El gobierno admitió una caída del 11 por ciento del PBI el año pasado. La pandemia, las sanciones de la administración Trump y el empeoramiento de la crisis de Venezuela dejaron a la isla sin los imprescindibles ingresos del turismo y el petróleo subsidiado. Los funcionarios cubanos esperan que la administración Biden relaje las restricciones de la era Trump sobre viajes y remesas, aunque hasta ahora la nueva administración ha señalado que cambiar la política hacia Cuba no es una prioridad. “Si la administración Biden está buscando señales de movimientos positivos en Cuba como justificación de por qué debería relajar algunas de las restricciones impuestas durante la era Trump, este gesto del gobierno cubano podría verse como un paso positivo hacia adelante”, dijo Richard. Feinberg, profesor de la Universidad de California y ex diplomático en La Habana.

En ese sentido, el Congreso de esta próxima semana podría modificar la fuerte presencia militar en el gobierno, el PCC y la economía. Una buena parte de las 280 sanciones impuestas a Cuba por el gobierno de Trump apuntaron a empresas dirigidas por militares. Bajo una nueva política podrían pasar a manos civiles para no ser blanco de sanciones. Aunque, sean civiles o militares, es el Estado el propietario de esas empresas. “Internamente Cuba va a vivir un largo renegociar de las relaciones civil-militar. Las Fuerzas Armadas basan su poder, sobre todo, en el control de la economía. Si eso se modifica, también cambiará la relación de poder dentro del régimen”, comenta el académico cubano Arturo López-Levy de la Holy Names University, en Oakland, California. “Pero si Estados Unidos no da alguna señal de acompañar ese proceso, entonces los militares tendrán la perfecta justificación para seguir jugando su papel prominente en lo político y lo socioeconómico”, concluyó.

La gran diferencia de este momento político en la isla es que ahora, casi el 60% de los cubanos tiene acceso a Internet. Hasta no hace mucho tiempo atrás, los que podían conectarse a la red eran los funcionarios gubernamentales o aquellos que se colgaban de alguna conexión de wi-fi en la vereda de alguna oficina gubernamental. Después de seis décadas del régimen castrista, los ciudadanos por fin encuentran un espacio en el cual hacer oír su voz. Así lo ha entendido el Movimiento San Isidro que está utilizando esa vía para organizarse, lanzar convocatorias y hasta anunciar huelgas de hambre. Si bien los medios oficiales arremetieron con fuerza contra el movimiento, se estableció durante semanas una confrontación inédita en internet que demostró que el Estado, hoy, ya no tiene el monopolio del mensaje y de la verdad establecida.

En este contexto es que Raúl Castro formalizará esta semana su jubilación y en la que el PCC tendrá que trazar las grandes líneas de lo que se viene en la isla que ya lleva “60 años trancado el dominó”.

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