Lo que pasó el martes pasado en la Convención Constituyente es una clara señal de las intenciones que tiene la izquierda radical de ignorar las reglas y normas que le dieron origen, como si en realidad fueran un órgano soberano. Esto nos dice que no están dispuestos a respetar lo establecido en la Constitución, pero sí a decidir aprobar lo que estimen conveniente, al contar con los votos para hacerlo.

A partir de esta semana, cuando comiencen las votaciones del articulado, tendremos ocasión de saber hasta dónde pretenden llegar y a la vez, si deciden seguir corriendo el cerco, si habrá reacción contra aquello.

Es importante saber que existe un mecanismo en la Constitución que establece que en caso de que se cometa un vicio procedimental en la Convención -como ocurrió el martes pasado- se puede interponer un recurso ante la Corte Suprema para que lo sancione. Sin embargo, para presentarlo, se requiere la aprobación de un 25% de los convencionales; es decir, 39 votos. Estos nos indica que si los 37 miembros de Vamos por Chile quisieran acudir a la Suprema por su cuenta, no tienen los votos para hacerlo.

Dicho lo anterior, hay quienes tienen la convicción que cuando se comience a escribir el articulado de la Constitución, la Convención dejará atrás la inmadurez de la adolescencia y pasará a funcionar con la madurez y sabiduría de la adultez, generando un texto que tome en cuenta las más diversas opiniones sobre lo que queremos para Chile, generándose una Carta Magna que si bien podría tener diversas objeciones de lado y lado, al final dejará contentos a todos.

Personalmente, creo que esto no va a ocurrir, a no ser que se genere una potente y poderosa reacción ciudadana cuando ocurran situaciones como la del martes pasado. Cuando pienso que han transcurrido algo más de dos meses de funcionamiento de este órgano y hemos sido testigos de una larga lista de trasgresiones por parte de la izquierda, con absoluta impunidad y aplicando la aplanadora, no hay que hacerse ilusiones de que todo va a salir bien si nos quedamos sentados esperando un milagro.

Creo importante tener presente las lecciones de la historia, que nos enseñan que hay que actuar decididamente cuando se está en presencia de ideologías, personajes y acciones totalitarias que abusan del poder para detener a tiempo su avance antes que sea tarde y el daño, irreversible.

Estamos en un momento de aquellos y si no hay reacción ciudadana para exigir que se cumplan las normas y reglas que rigen a la CC, la izquierda radical va a imponer sus términos sin que nadie se lo impida. Es por eso que permanecer en la zona de confort no es una opción, idealizando que sin hacer nada, todo estará bien. Sin duda es más cómodo, pero al final del día, el despertar del letargo de la comodidad será muy doloroso y por cierto no serán otros los culpables  de no haber hecho nada.

Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de actuar. Tomar conciencia de lo que está sucediendo en la CC es el primer paso; participar en ella contribuyendo al debate de ideas, comentar en familia lo que ocurre; conversar con colaboradores en las empresas o ayudar a generar opinión pública, son algunas de las alternativas a las que se puede acceder fácilmente.

Si queremos evitar tener que optar entre una Constitución mala y una muy mala, ejerzamos nuestros deberes ciudadanos, que no solo implican acudir a votar en una elección. Llegó la hora de reaccionar… antes de que sea tarde.

Por Jaime Jankelevich, consultor de empresas, para ellibero.cl

/psg