Notable el audio que circula por redes de Camilo Escalona dirigiéndose a sus compañeros de partido. Sus palabras no sólo reflejan los conocimientos que se adquieren tras una larga carrera política en temas estratégicos, históricos y doctrinarios. Además, muestran una madurez producto de aquel crecimiento personal que abraza la experiencia como fundamento de la propia sabiduría. El ex presidente del Senado intenta, con cierto grado de desesperación, remover las conciencias de sus compañeros recordando la vocación libertaria de un PS que rechaza el burocratismo, el estalinismo y la vocación totalitaria. A juicio de Escalona estos serían rasgos propios de los partidos comunistas. El veto que intentó imponer el PC la semana pasada al PS no es más que un botón de muestra. En el audio Escalona afirma: “no se puede aceptar el veto, esto marca para siempre la vida de un partido.” ¿Cuál es la estrategia de los comunistas en esta segunda fase de la revolución encendida el 18 de octubre?

El primer paso, anterior al estallido, fue el vaciamiento de la centroizquierda, finamente trabajado por los intelectuales manipuladores de la culpa. Habría bastado con leer a Nietzsche para entender cómo se transforma en marioneta a quien tiene problemas de autoestima. En este tipo de personas, que sienten culpa por existir, esa culpa deviene en instinto. Así, en términos foucaultianos, basta con activarla desde cualquier dispositivo -en este caso el discurso de la desigualdad-, para controlar a un alma que no puede sostenerse por sí misma. Y es que la autoflagelación (hábito del culposo), llevada al extremo, destruye la vida de quien la practica. De ahí que los culposos necesiten de cualquier paliativo que calme su angustia. En el caso de la centroizquierda ese paliativo fue el reconocimiento de un pecado inexistente; la maldad de haber dirigido al país en el mejor período de desarrollo de su historia. Este fue el juego psicológico que hizo sucumbir a la izquierda democrática, cuya mayor similitud con la derecha promotora del Estado social es cierta superficialidad psíquica incompatible con la posibilidad de resistir los embates externos. De ahí que transen sus principios al mejor postor, abracen la moralina del discurso políticamente correcto que reemplazó a los diez mandamientos y, cada cierto tiempo, le confiesen sus pecados a un pueblo que clama por soluciones en temas como la delincuencia, salud, pensiones o educación. Y aunque la centroderecha sepa que, de nada sirve aumentar el gasto público si el Estado destruye la riqueza que extrae de sus ciudadanos, eso no importa cuando se trata de aplacar la culpa y ganar votos. De ahí que los filisteos y los autoflagelantes sean capaces de vender la patria con tal de expiar sus culpas o incrementar el monto en sus cuentas bancarias gracias a la posición que ocupan en la esfera pública.

En su audio, Camilo Escalona mostró ser el contraejemplo de ese tipo de políticos de un centro culposo, manipulado y neutralizado o ávido por mayores privilegios. En un estilo claramente nutrido por Nietzsche, este líder emblemático se niega categóricamente a ser domesticado y clama por su independencia y libertadAl revés de la derecha acomodaticia, no transa ninguno de los principios de un PS que se concibe a sí mismo fuera de las fronteras totalitarias. No, a Escalona nadie le cuenta cuentos porque hasta él lo sabe… Su posición frente al PC no sólo es inteligente en la medida que obliga a mirar la realidad cuando confirma los lazos entre la DC y la cultura política más profunda de un Chile que él conoce bien. Además, vuelve a conectar a sus compañeros con la única dignidad verdaderamente humana: esa libertad que los comunistas destruyen sin tasa ni medida dondequiera que gobiernen.

Es en este contexto que deja a la vista el próximo objetivo de los sectores políticos con vocación totalitaria. Este consiste en capturar por dentro el sistema de partidos, domesticando a los sectores ideológicos afines bajo la sombra de Jadue, el candidato más competitivo de la oposición. El golpe de gracia se logra extorsionando a los compañeros socialistas con el caramelo de un supuesto triunfo electoral que los chilenos, agobiados por el escuálido nivel de nuestros representantes y las medidas des- medidas del gobierno, le dieron a los candidatos más extremos con su abstención. En palabras del ex senador: “Si el PS acepta vetos, se entierra para siempre. Y de eso la gente se da cuenta, la gente lo va a percibir. O se constituye un bloque de izquierda con partidos autónomos o ese bloque va a estar condenado a la muerte… Yo, de verdad, me siento alarmado por la liviandad con que este punto se toma. O sea, el próximo paso a seguir va a ser que el PC decida cuáles van a ser nuestros candidatos a parlamentarios, a alcaldes y concejal… o sea que ahora hay que pasarle todo el padrón del partido al comité de cuadros del PC para que él decida quién está habilitado y quién no… compañeros por favor… O somos libres, o somos domesticados, ese es el punto.”

Escalona no se deja seducir ni confunde la crisis de la cúpula de la DC con una falta de arraigo del espíritu democratacristiano en los chilenos que nunca han abrazado el proyecto comunista de forma mayoritaria. Él sabe que, tras el caramelo, vendrá la asfixia que produce la genuflexión ante el despotismo de los poderosos y la falta de libertad. Qué duda cabe, este hombre ha conferido a la vida el lugar que merece, transformando sus experiencias en una consciencia más profunda. De ahí que remate su discurso con las palabras de un Nietzsche presente a lo largo y ancho de sus reflexiones: la DC “tiene setecientos mil votos. En la segunda vuelta eso es esencial… Compañeros, hay que tener voluntad de poder y la voluntad de poder implica trabajar con el conjunto de las fuerzas que se tienen que aunar necesariamente para ganar el poder…”

Ojalá la derecha acomodaticia se detuviera un momento a reflexionar, porque con la moralina del Estado social sólo va a perjudicar a quienes dice querer ayudar. Ojalá la gran mayoría de chilenos, que con su abstención terminó apoyando a los verdugos de la paz, se diera cuenta de que su esperanza hoy depende de la capacidad que tenga una treintena de constituyentes para que el proceso no se desmadre y caigamos al abismo. Ojalá los medios dejaran de dar tribuna a candidatos antisemitas y candidatas antisistema… ojalá en los sectores de centro hubiese más hombres como Escalona y menos filisteos y autoflagelantes… (el antídoto, que, duda cabe, es nietzscheano). Y me expreso en la forma lírica de un “ojalá”, porque hasta Escalona lo sabe… si nada de eso sucede, el futuro será de rodillas, con la mirada gacha y la mano estirada, siempre a la espera de un mendrugo de pan.

Por Vanessa Kaiser, acádemica Universidad Autónoma, para ellibero.cl

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