Si de desprestigio de la política se trata, para algunos lo sucedido esta semana en el Congreso sólo contribuyó a ahondarlo. Es verdad que hubo también sectores que celebraron el abrazo de Giorgio Jackson y Jaime Naranjo como una reedición porteña y más limitada de aquel otro abrazo, el de Maipú. ¿Hito histórico de la nueva unidad opositora o simplemente, un espectáculo que evidencia el estado actual de la política –con transmisiones en vivo y medidas distractivas incluidas? ¿Un reality acorde con los tiempos? El hecho –y eso nadie lo duda- es que la performance del diputado Naranjo y sus 15 horas de discurso para permitir la votación de Jackson en la acusación constitucional al presidente Piñera, entrará a los anales de la política criolla.

Para Juan Ignacio Brito lo que hizo el diputado PS fue “un espectáculo patético”, una muestra más “de los excesos en que incurre una clase política que se ha acostumbrado sin remedio a operar en un universo moral paralelo, donde el criterio rector es que todo vale con tal de conseguir los resultados deseados”. El filibusterismo del que hizo gala, esa práctica recurrente en la política estadounidense para dilatar los debates e incluso hacer fracasar iniciativas de ley, sólo da cuenta del “abuso de una posición privilegiada”. Aprendiz de sofista, dice, porque careció de la habilidad de quienes sí lograban engatusar a sus oyentes con sus habilidades. Para Brito, Naranjo quiso ser héroe, pero terminó convertido en meme”. Y en eso no se equivoca, porque memes abundaron.

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