Que la política y la economía están intrínsecamente ligadas nadie lo niega. La primera puede determinar los derroteros de la segunda y la segunda, más de una vez, termina marcando el ritmo de la primera.

Basta pensar como en estas semanas toda actuación está mediada por las próximas elecciones y ninguna decisión –o votación en el Congreso, para ser más específico- puede ser analizada sin considerar sus efectos electorales.

Una contaminación dañina, pero inevitable. Aún hay que esperar qué efectos tiene eso en la próxima votación del cuarto retiro en el Senado, pero mientras tanto el fantasma de la inflación no sólo se acercó –con un IPC que en 12 meses ya llega a 5,3%- sino motivó la mayor alza de tasas del Banco Central en dos décadas.

/boletín semanal de Opinión de La Tercera

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