Más de siete millones de personas definieron en noviembre pasado que Gabriel Boric (Apruebo Dignidad) y José Antonio Kast (Frente Social Cristiano) fueran los nombres que este domingo se enfrenten en una segunda vuelta y la gran duda que aparece ahora es cuántos ciudadanos llegarán a las urnas para decidir al próximo Presidente del país.

Y es que desde 2012, cuando entró en vigencia la inscripción automática y el voto voluntario, los comandos, expertos electorales, encuestas y analistas políticos solo pueden asegurar que la incertidumbre es la única certeza y la principal labor de los candidatos es lograr movilizar a las personas a las urnas.

El año 2013 cuando se enfrentaron la ex Mandataria Michelle Bachelet y Evelyn Matthei en segunda vuelta, acudió un 49,3% (5,6 millones) de los electores siendo protagonista la abstención que fue superior al 50%. En los comicios siguientes, en 2017 entre el Presidente Sebastián Piñera y Alejandro Guillier, llegaron 7.032.585 personas equivalente al 42% del padrón.

Es así que el Plebiscito se instaló como la elección de mayor participación, logrando reunir al 50,95% del padrón con 7.527.996 personas, pero luego en mayo cuando se eligió a autoridades municipales, gobernadores regionales y convencionales constituyentes tuvo un descenso al 43,35%. Mientras que a esta primera vuelta llegó el 47,34% (7.115.590 personas).

El presidente del Consejo Directivo del Servicio Electoral (Servel), Andrés Tagle, se mostró optimista de lo que vaya a ocurrir este domingo, aludiendo a los candidatos que se enfrentan y a que tras varios procesos donde se eligieron varios cargos, esta vez será solo una papeleta.

“Mi olfato me dice que sí, las segundas vueltas suelen ser, cuando están comprendidas como estas, suelen ser la mayor votación”, aunque según su análisis “en general hay un conjunto importante de la población que simplemente no participa y muchos se repiten”, dijo a Radio Cooperativa.

En ese sentido resaltó que es “un solo voto, muy sencillo, con dos opciones, y fácil de doblar, el proceso debería ir muchísimo más rápido que la vez anterior y no deberíamos tener problemas, al igual que el 2017 que se superó los 7 millones de electores en la segunda vuelta, no deberíamos tener problemas de filas largas ni problemas a las 18:00 horas”.

Los factores a considerar

El académico de la Universidad de Talca, Mauricio Morales, resaltó a Emol que desde el voto voluntario, la máxima participación se ha dado en el Plebiscito Constitucional, pero en las anteriores presidenciales en segundas vueltas la concurrencia ha sido variable.

“En la última elección presidencial voto cerca del 47,3% y en elecciones anteriores hemos tenido experiencias de segundas vueltas donde vota más y donde vota menos gente. El año 2017, por ejemplo, con Piñera versus Guillier la participación aumentó entre primera y segunda vuelta en gran parte por esto de ‘chilezuela’ y el año 2013 en una elección escasamente competitiva como la de Bachelet y Matthei la participación en la segunda vuelta retrocedió de manera muy significativa también”, destacó.

En ese sentido planteó que “en este caso es muy difícil proyectar una participación electoral, pero debiésemos estar en torno a la misma cifra que se registró para la primera vuelta, sin descartar que esta pueda aumentar un poco aproximándose al Plebiscito, pero depende en gran parte y en gran medida de lo que suceda con la votación joven y con la votación del adulto mayor”.

“La votación joven -añadió Morales- viene aumentando de manera muy sustantiva precisamente desde el Plebiscito y la votación de los adultos mayores viene en retroceso, por lo que se espera que en estas elecciones si es que los adultos mayores salen a votar y los jóvenes se sienten motivados a salir votar por Boric -que es el grupo fuerte que tiene el candidato de la izquierda-, entonces podríamos llegar a una participación cercana al 50%”.

De todos modos el experto electoral advirtió que “pensar hoy en una participación del 55% o del 60% se hace muy difícil ya que esta sea una elección con altos niveles de incertidumbre y muy polarizada, por lo tanto, muchas veces la polarización conduce a mayor participación, pero a veces la polarización conduce a mayor desafección, sobre todo cuando tenemos candidatos de mala calidad o que no fueron capaces de representar a ese 46% que se quedó si candidato en la primera vuelta”.

En el mismo tenor se expresó el director de la Escuela de Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, Marco Moreno, quien señaló que “uno de los problemas que tenemos es el abstencionismo estructural en Chile que viene mostrando un problema de la salud de nuestra democracia”. Es así que según él “probablemente este domingo, la participación va a estar en un punto entre la participación que tuvimos en el Plebiscito y entre la participación que tuvimos en la primera vuelta. Creo que allí se va a mover el escenario de participación que tengamos el próximo domingo”.

El académico manifestó que se “sigue mostrando una dificultad en nuestra democracia que no se resolvió con el voto voluntario el año 2012, que lejos de mejorar la participación, el abstencionismo se ha ido convirtiendo en un problema estructural y por lo tanto la urgencia de corregirlo y de abordar esta dificultad es clave para el funcionamiento de nuestra democracia”.

Es por eso que según Moreno “precisamente uno de los problemas que genera el voto voluntario es que obliga a que los candidatos polaricen para buscar movilizar a los electores. Como no está asegurada la participación, los candidatos tienen que generar clima que busque tensionar, que busque generar divisiones para que eso movilice a la gente a votar, especialmente se instala esta idea de ‘nosotros-ellos’ como esta lógica binaria de lo correcto o lo incorrecto, como factores que pueden gatillar la movilización para que los electores concurran a votar”.

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