La agencia espacial norteamericana acaba de lanzar desde Australia tres cohetes sonda con una misión muy especial: averiguar si los planetas que giran alrededor de las tres estrellas del sistema Alpha Centauri son, o no, capaces de albergar vida. Para ello, dos de las naves llevan a bordo una serie de experimentos especialmente diseñados para determinar si la luz ultravioleta emitida por Alfa Centauri A (Rigil Kentaurus), Alfa Centauri B (Toliman) y Alfa Centauri C (Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol) resulta dañina para cualquier forma de vida que pudiera haber en los mundos que las orbitan. La tercera sonda estudiará los rayos X que emanan del medio interestelar: las nubes de gases y partículas en el espacio entre las estrellas.

A la izquierda, Alpha Centauri A, una estrella de tipo G muy similar al Sol. A l derecha, Alpha Centauri B, del tipo K y algo más fría ESA/NASA

El sistema estelar Alpha Centauri se encuentra apenas a 4,3 años luz de distancia de la Tierra. Alpha Centauri A y B forman un par binario, mientras que Próxima Centauri se encuentra algo más apartada. Alrededor de las dos primeras, muy similares al Sol, no se ha identificado aún ningún planeta, pero la enana roja Próxima Centauri alberga por lo menos dos, Próxima b y Próxima c, el primero de los cuales, además, se encuentra en la ‘zona habitable’ de la estrella, por lo que podría tener agua en su superficie.

En la justa medida, la luz ultravioleta es capaz de romper moléculas orgánicas simples, como el metano,y hacer que los fragmentos se transformen en moléculas más complejas necesarias para la vida. Sin embargo, demasiados rayos ultravioleta pueden disociar el vapor de agua, haciéndolo susceptible de ser arrancado de la atmósfera de un planeta por el viento solar y dejando el planeta seco y estéril, como lo es Marte en la actualidad.

«Comprender la radiación ultravioleta -explica Brian Fleming, investigador principal de una de las misiones- es extremadamente importante para comprender qué hace que un planeta sea habitable». Los tres cohetes tuvieron que lanzarse desde el hemisferio sur porque el sistema de Alpha Centauri no resulta visible por encima de una latitud de 29 grados norte.

Difícil observación

Observar estrellas en ultravioleta no es una tarea sencilla, ya que la capa de ozono de la atmósfera terrestre bloquea la luz en esa longitud de onda, lo que obliga a los científicos a enviar telescopios ultravioleta al espacio. Además, el medio interestelar de gas y polvo entre las estrellas también absorbe la luz ultravioleta, por lo que cualquier estrella que se encuentre a una distancia apreciable no se puede observar muy claramente con ese sistema.

Como consecuencia, solo existen observaciones ultravioleta completas para una única estrella, el Sol. Pero, ¿Cómo de típicas son las emisiones ultravioleta solares? Los astrónomos no lo saben; necesitan lecturas ultravioleta de otras estrellas para averiguarlo. Alpha Centauri A y B son buenos objetivos para el estudio, por dos razones. Primero, están cerca, por lo que su luz ultravioleta no es atenuada por el medio interestelar. Y en segundo lugar, tienen masas y temperaturas similares al Sol.

«Mirar a Alpha Centauri -dice por su parte Kevin France, otro de los investigadores de la misión- nos ayudará a verificar si otras estrellas como el Sol tienen el mismo entorno de radiación o si por el contrario existe una variedad de entornos.

Los lanzamientos de estos tres cohetes sonda desde el Centro Espacial de Amhem, en Australia, son los primeros que la NASA lleva a cabo desde un puerto comercial fuera de los Estados Unidos. Para Thomas Zurbuchen, administrador de la NASA, estos lanzamientos «abren un nuevo acceso al cielo nocturno del hemisferio sur, ampliando las posibilidades para futuras misiones científicas».

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