Ahora conocemos Marte como un gélido desierto, pero esto no siempre fue así. Hace miles de millones de años, el agua fluyó por su superficie, tal y como demuestran los deltas y las riberas secas, pero bien marcadas en su paisaje. Los científicos llevan tiempo preguntándose si el mismo proceso lento y paulatino por el que se crean estas formaciones en la Tierra ocurrió de la misma forma en el Planeta Rojo. Y un nuevo estudio apunta a que esta hipótesis no encajaría del todo allí, porque al menos el 25% de estos sistemas fluviales se habrían formado por súbitas inundaciones que casi de forma literal ‘rajaron’ el suelo, formando profundos cañones. Las conclusiones se acaban de publicar en la revista ‘ Nature’.

Una imagen topográfica coloreada que muestra los valles fluviales de Marte. El cañón de salida Loire Vallis (línea blanca) se formó a partir del desbordamiento de un lago en la cuenca del Paraná (delineado en blanco). Las líneas negras indican otros valles fluviales formados por procesos distintos a los desbordes de lagos – NASA/GSFC/ JPL ASU

Hace 3.500 millones de años, nuestro vecino tenía grandes lagos repletos de agua líquida con la misma capacidad que pequeños mares terrestres. Algunos de ellos no pudieron contener todo este agua, por lo que sus bordes acabaron resquebrajándose, causando catastróficas inundaciones que tallaron los valles de los ríos a su paso, creando profundos abismos y moviendo tanta cantidad de sedimentos como para llenar el Lago Superior -el lago más grande de EE. UU.- y el Lago Ontario. Este mecanismo repentino que, según los investigadores, apenas duró unas semanas, ya fue descrito por Tim Goudge, profesor asistente de la Escuela de Geociencias de UT Jackson, en un estudio publicado en la revista ‘ Geology’ en 2019.

Las imágenes tomadas por satélites que orbitan alrededor de Marte han permitido a los científicos estudiar los restos de los lagos de cráteres marcianos rotos. «Pero los lagos del cráter y sus valles fluviales se han estudiado principalmente de forma individual», afirma Goudge. Así, este nuevo trabajo capitaneado también por Goudge ha querido estudiar en su conjunto cómo los 262 lagos abiertos en todo el Planeta Rojo dieron forma a la superficie marciana. Es decir, este proceso fue algo generalizado en todo el planeta y no una rara anomalía, tal y como se pensó durante años.

Valles más cortos, pero más profundos

Los investigadores revisaron uno por uno cada valle fluvial y los catalogaron en dos: los que se formaron por las indundaciones repentinas tras desbordarse el lago que lo formó; y los valles que se crearon de forma gradual, con un sistema parecido al que ocurre generalmente aquí, en la Tierra. Después compararon la profundidad, la longitud y el volumen de las distintas formaciones y se percataron de que los valles creados por lagos desbordados eran más cortos (tan solo ocupan el 3% del total de la longitud de todos los valles fluviales de Marte), pero más profundos.

En datos: la profundidad media de un valle fluvial originado por estas inundaciones repentinas es de 170,5 metros, mientras que el resto de valles apenas alcanzan los 77,5 metros. Además, aunque estos fenómenos se produjeron en apenas unas semanas, su efecto tuvo ecos en el paisaje de forma duradera: los investigadores señalan que los cañones formados por el discurrir de los fuertes torrentes de agua pudieron haber influido en la formación de otros valles fluviales cercanos, explicando así la topografía única del Planeta Rojo, que generalmente siempre se atribuye al clima. Es decir, que la geología pudo haber dicho mucho más de lo que pensamos.

«Durante varias décadas ha habido un debate sobre si el clima marciano temprano debería caracterizarse mejor como ‘cálido y húmedo’ o ‘frío y helado’. Sin embargo, casi todo el mundo está de acuerdo en que el medio ambiente marciano temprano experimentó grandes cambios climáticos -afirma Alexander Morgan, investigador del Instituto de Ciencias Planetarias en Tucson y también autor del estudio-. Durante las épocas secas, los cráteres de impacto y el vulcanismo interrumpieron el discurrir de los ríos previamente desarrollados, esencialmente creando presas. Cuando el clima se calentó hasta un punto donde el agua líquida fue estable en la superficie, se produjeron numerosas inundaciones. De hecho, habría sido un hallazgo sorprendente si estos lagos desbordados no hubiesen sido un factor importante de la erosión en los orígenes de Marte».

La Tierra también ha visto este fenómeno

Los autores señalan que, en realidad, este proceso también se ha dado en la Tierra. Por ejemplo, inundaciones similares ocurrieron en el noroeste de los Estados Unidos y Asia central al final del último período glacial hace más de 15.000 años. Sin embargo, y tal y como demuestra este estudio, parece que el fenómeno puede ser más usual en Marte, si bien hay que tener en cuenta que la geología de la Tierra ha eliminado la mayoría de los cráteres en nuestro mundo y provoca que la erosión sea un proceso lento y constante la mayoría de veces, mientras que nuestro vecino no tiene actividad tectónica.

Aún así, los investigadores se muestran cautos. «Nuestros resultados no niegan la importancia de la escorrentía alimentada por precipitaciones en los inicios de Marte -afirman-. Por el contrario, el agua líquida tuvo que ser estable durante el tiempo suficiente para que los lagos se llenasen y acabaran rebosando. Sin embargo, cuando llenas cráteres con agua, hay mucha energía contenida. Tiene sentido que Marte pueda inclinarse más hacia el catastrofismo que la Tierra. Al menos en este caso».

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