Fue en mayo de 2010, durante su primer gobierno, que el Presidente Sebastián Piñera anunció el envío de un proyecto de ley para establecer la inscripción automática y el voto voluntario impulsando así un cambio relevante al sistema electoral de la época. Una determinación que, para varios en el sector oficialista, sigue pesando: se aprobó durante su administración y se estrenó en las elecciones municipales de 2012, donde hubo un alto nivel de abstención y la entonces Alianza por Chile sufrió una dura derrota electoral.

“Esta reforma significa una invitación a reenamorarnos de la democracia”, dijo el Presidente Piñera al momento de la promulgación en enero de 2012. Su tramitación encontró fuerte resistencia incluso en el oficialismo. El entonces ministro de la Segpres, Cristián Larroulet, defendió en varias ocasiones la iniciativa afirmando que no sería “un Transantiago”, pero tuvo que redoblarla tras la derrota de la municipal. “No fue un autogol”, salió a decir entonces.

Un cambio al sistema -nueve años después- volvió a ponerse en el tapete tras los comicios del 15 y 16 de mayo pasados, donde nuevamente hubo una baja participación electoral, que estuvo un poco más arriba del 40%. Tras los comicios, diputados de la oposición reimpulsaron un proyecto de ley ingresado en 2020 que repone el voto obligatorio, el cual se encuentra en la Comisión de Gobierno Interior y ya fue aprobado en mayo en general por la Cámara de Diputados con 107 votos a favor.

En este escenario, La Moneda ha mirado de cerca la discusión. Según fuentes de gobierno, el Mandatario instruyó a los ministros del comité político, particularmente, al titular de la Segpres, Juan José Ossa, hacer una revisión de la iniciativa en tres aspectos: primero, cómo influiría un aumento en la participación, el impacto que eso podría tener para el sector en términos electorales y si es conveniente o no hacer un cambio para estos comicios parlamentarios y presidenciales que vienen.

De acuerdo a fuentes de gobierno, existe un debate interno con diversas tesis respecto del tema. Varios sostienen que cuando se implementó el voto voluntario les trajo una dura derrota en el 2012, pero que en los comicios de 2016 lograron revertirlo activando su mayor capacidad de movilización.

Como sea, la mayoría transmite que el escenario es incierto y que, dado que hay un electorado más impredecible, no saben si es que les convendría o no. De hecho, según dos versiones de Palacio, Piñera, quien en algunas de sus intervenciones públicas ha defendido el voto voluntario, no ha dicho claramente si quiere avanzar en retornar a la obligatoriedad.

Al interior de la misma coalición oficialista existen diferencias al respecto que se evidenciaron en la misma votación en general. Por ejemplo, el presidente y jefe de bancada de Evópoli, Andrés Molina y Luciano Cruz-Coke, respectivamente, estuvieron a favor, mientras que la UDI y RN votó en su mayoría en contra.

La materia se conversó en algunas de las reuniones que encabezó en las últimas semanas el titular del Interior, Rodrigo Delgado, con las directivas de los partidos. En estas, según presentes, transmitió que estaban evaluando presentar indicaciones. Sin embargo, varios parlamentarios oficialistas afirman que el Ejecutivo ha tenido una actitud “pasiva” en cuanto al proyecto.

En la UDI, por ejemplo, diputados transmiten que el gobierno no se involucró en el debate y tampoco dio insumos durante la discusión en comisión, instancia en que varios parlamentarios del sector presentaron enmiendas que fueron declaradas inadmisibles.

De acuerdo a lo que señalan fuentes de Palacio, la idea es al menos mejorar el proyecto en algunos aspectos, por ejemplo, relativo a la edad en que deja de ser obligatorio, también respecto de las multas que se establecerán si es que no se cumple con la obligatoriedad de ir a votar y respecto de la cercanía del local de votación en relación al domicilio de la persona.

En La Moneda, además, dicen que esperan esta semana conversar el tema entre algunos ministros y la Segpres estaría evaluando si presentar enmiendas ahora en la Cámara o esperar que la iniciativa llegue al Senado.

Pero en los partidos oficialistas no hay acuerdo sobre qué hacer.

En la UDI, su presidente, Javier Macaya, está en contra de restablecer el voto obligatorio. “A tan pocos meses de procesos electorales tan relevantes, me parece que cambiar las reglas del juego en un tema que va a estar contenido, probablemente, en la discusión constitucional, es poco serio”, dijo. Y Añadió que no hay “claridad respecto de si nos podría convenir o no. Pero eso no debe ser la motivación para cambiar el sistema”.

“Creo que el gobierno se debe involucrar, pero para hacer que más gente vote. Hay discusiones pendientes respecto de cómo lograr que más personas puedan concurrir a votar, que tienen que ver con votar en distintos días, establecer el voto electrónico, poder votar en un lugar que no sea necesariamente el mismo, por ejemplo, si un elector que tiene derecho a sufragio en Arica y está por trabajo en Santiago, pueda ejercer su derecho en Santiago. Hay hartas discusiones pendientes todavía que van más allá de que simplemente el voto sea obligatorio. Llevamos cuatro procesos electorales desde el cambio de sistema, veamos cómo decanta y somos capaces de incrementar la participación, pero no obligar a la gente a votar”, agregó Macaya.

Lo mismo planteó Renzo Trisotti, diputado UDI, integrante de la Comisión de Gobierno Interior. “Creo en la voluntariedad del voto y sobre todo hoy día en condiciones de pandemia, me parece que no se puede obligar a la persona a ir a votar. Yo espero que en el resto de la tramitación legislativa se tenga en cuenta una serie de nuevos antecedentes para que esta decisión se tome sobre criterios objetivos y no sobre intereses particulares partidistas del momento”, dijo.

Otro parlamentario gremialista planteó, respecto a si conviene o no electoralmente la modificación, que “algunos decían que es bueno, porque los más viejos no fueron a votar y era bueno que fueran, otros que los jóvenes iban a ir en masa a votar por la izquierda”. Además, varios consideran que, de acuerdo a los resultados de las elecciones pasadas, la gente de derecha no fue a votar y, por lo mismo, podría ser conveniente introducir nuevamente el voto obligatorio.

Así, esperan que el proyecto vuelva a sala la próxima semana, pero que se termine arreglando en la Cámara Alta. En ese partido transmiten que de la iniciativa no les gusta que se retorne al voto obligatorio, pero se mantiene la inscripción automática y que así no se deja espacio “para la libertad”.

En RN, en tanto, el subjefe de bancada, Andrés Longton, indicó que “estoy a favor del voto obligatorio, principalmente, porque hoy día le estamos entregando la legitimidad de nuestras autoridades que se eligen por voto popular a una minoría. La legitimidad de nuestras instituciones, en un Estado de Derecho, se genera a través de la participación ciudadana y no puede ser que unos pocos tomen decisiones por la mayoría del país”. Por el contrario, su par Tomás Fuentes manifestó que “el voto obligatorio es una solución simplista, se trata de una medida desesperada e improvisada que busca endosar una responsabilidad a la ciudadanía de los actuales males de la política tradicional forzándolos a votar”.

Y añadió: “El énfasis debe estar puesto en reformas que incentiven a sufragar, haciendo el voto más amigable y cercano. Por ejemplo, implementando transporte público gratuito, beneficios laborales o acortando las distancias entre los hogares y locales de votación”.

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