En el peor momento de la pandemia, cuando Chile pasó de ser un ejemplo mundial en materia de vacunación a un caso de laboratorio respecto a lo que no debe hacerse en términos de relajamiento anticipado de las restricciones a la movilidad, el gobierno y Chile Vamos ven cristalizar uno de sus peores temores: el riesgo inminente de que el sector no llegue siquiera al tercio de los votos en la elección de convencionales, es decir, que la centroderecha no logre tener un papel sustantivo en el proceso constituyente.

Es un secreto a voces, algo que todavía pocos se atreven a plantear públicamente, pero que desde hace semanas recorre como un aire gélido los pasillos de La Moneda, el Congreso y las sedes partidarias. Desenlace que hasta el recrudecimiento de la crisis sanitaria los expertos electorales consideraban lejano pero que, en este cuadro dramático, con el ministro Paris contra las cuerdas, el sistema de salud al borde del colapso y la economía sufriendo con las nuevas limitaciones, ya no es un escenario descartable.

El agravamiento de la crisis sanitaria está siendo demoledora para el oficialismo y sus secuelas dan cuenta de ello: las disputas entre sus partidos se han acrecentado, la comisión política de RN decide apoyar institucionalmente el tercer retiro del 10% de las cotizaciones, dejando al Ejecutivo y a la UDI solos y de espalda a la ciudadanía; y con una reforma previsional que, luego del arribo de Patricio Melero al Ministerio del Trabajo, se hizo todavía más cuesta arriba. Como mar de fondo, un gobierno y un Presidente de la República que desde el estallido social han tenido niveles constantes de desaprobación por sobre el 70%.

Que en este cuadro la centroderecha pueda mantener su piso histórico de respaldo electoral sería casi una odisea y eso es lo que, entre otros estudios, vino a confirmar la reciente proyección realizada por el exsubsecretario Rodrigo Ubilla, el diputado Guillermo Ramírez y el ex presidente de Evópoli Hernán Larraín Matte, donde Chile Vamos aparece con menos de dos puntos por encima el tercio. Un resultado que prendió varias alarmas, pero que todavía no decanta en una estrategia clara y común para abordarlo.

En síntesis, la centroderecha corre hoy el riesgo de quedar como un actor casi testimonial nada menos que en la génesis de la Constitución que debe regir los destinos del país en las próximas décadas. Una situación que vendría a poner la definitiva lápida a los equilibrios políticos construidos durante la transición a la democracia, abriendo las puertas a un ciclo completamente distinto. Además, con una oposición donde la hegemonía se ha movido progresivamente hacia la izquierda, y donde las fuerzas y liderazgos de centro están cada día más debilitados.

El destino quiso que el oficialismo deba enfrentar este desafío político y electoral de trascendencia histórica en uno de sus peores momentos.

/Escrito por Max Colodro para La Tercera

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