La idea de los acuerdos y la negociación parece por estos días una mala palabra para algunos. Basta recordar a la convencional que tras el triunfo de María Elisa Quinteros como nueva presidente de la convención destacó por sobre todo –como si en ello hubiera un valor superior- que la victoria se logró sin hacer concesiones de ningún tipo. Suena al avanzar sin transar de otros tiempos. Quizá fue, dirán algunos –o seguramente fue eso, sentenciarán otros- lo que dilató la elección de la nueva mesa de la convención hasta la novena votación. Si de “elección papal” se trata, la de la mesa constituyente batió varios récords, al menos dentro de los últimos 60 años.

Desde la que coronó a Angelo Giuseppe Roncalli como Juan XXIII que una “votación papal” no se extiende por más de ocho escrutinios. Por eso, los nueve escrutinios de esta semana en el ex Congreso nacional agotaron a más de alguno. Pero más allá de la irremediable incapacidad de la convención de ponerse de acuerdo, lo que evidenció lo sucedido, según Paula Walker, es que “no existe en el país una mirada hegemónica de las cosas”. Y teniendo claro eso, lo que viene ahora es asumir que “en la política se generan acuerdos, se negocia”. Por eso, nada de infantilismos. Los que sobrevivirán al final, dice Walker, son los liderazgos capaces de lograr acuerdos.

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