No deja de ser simbólico –o incluso irónico- que después de casi dos años de pandemia, en que los médicos han controlado el ritmo de nuestras vidas –la arquiatría de la que escribía hace algún tiempo Ascanio Cavallo- sean dos doctores los que presidan la Convención Constitucional y lideren la redacción de nuestra futura constitución. A veces el guionista de la Historia es bastante más creativo que varios de los de Hollywood y le gusta jugar con las coincidencias. Pero más que sus profesiones fue su elección la que siguió motivando el análisis de columnistas. Porque, pese a las señales de disposición al diálogo que Maria Elisa Quinteros y Gaspar Domínguez mostraron en entrevistas el fin de semana, las dudas aún no se disipan.

Lo apunta, por ejemplo, Ascanio Cavallo, para quien la cuestión de fondo no es la “bochornosa elección” de la mesa de la convención, sino la idea que estaba detrás del proceso: “impedir que la Convención adquiriese un aspecto centrista”. Nada de concesiones o medias tintas. Como agrega Oscar Guillermo Garretón, “la Convención va dejando de ser el lugar para construir una nueva Constitución para todos los chilenos”, por el intento de “su ala radicalizada de transformarla en trinchera refundacional, en pugna con el supuesto ‘centrismo’ del futuro presidente”. Los ejes parecen estar moviéndose, sugieren algunos –aunque otros siguen pensando que son solo meros espejismos. Y ahí la nueva mesa podría pasar de ser la del diálogo a la de la confrontación.

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