Al cumplirse el segundo aniversario de la llegada de Gabriel Boric a La Moneda, la ministra Carolina Tohá dijo que el país estaba mejor que hace dos años. Quizás habría sido más convincente si hubiera reconocido que las cosas no han marchado como esperaban, que los problemas son muchos y que el gobierno quiere mejorar su gestión, pero optó por expresar una visión que, para su desgracia, choca frontalmente con las vivencias de la mayoría de la población.

No gana nada el gobierno intentando acomodar la realidad a sus necesidades, como si la gente no estuviera en condiciones de formarse su propia opinión. Es mejor entonces no tratar a los ciudadanos como si fueran menores de edad a los que se les puede contar cualquier cosa. Lo único que consiguen con ello es llevar su credibilidad a un nivel crítico.

Los mayores problemas de este gobierno se originan en las ínfulas redentoristas con que el Frente Amplio se abrió paso en la política, aprovechando los complejos de los exconcertacionistas, que les pavimentaron el camino al poder. Todo eso fue potenciado por la violencia de 2019, validada por los antiguos y los nuevos izquierdistas.

“Chile despertó”, repetían los dirigentes socialistas, pepedeístas, demócratacristianos y radicales, que se apresuraron en halagar a los jóvenes moralmente superiores, fiscales de la justicia social, para luego solicitarles que les permitieran respirar a su lado. Y les aseguraron que ellos también creían que Chile había estado equivocado durante 30 años. ¡Cómo no se iban a embriagar Jackson, Boric, Crispi, Winter y el resto!

Si no fuera porque el país progresó sólidamente en las décadas anteriores, los desatinos de los redentores pudieron haber causado mayores desastres. No podemos olvidar el papel que jugaron en la malhadada Convención, ni pasar por alto su compromiso con el proyecto de nueva Constitución que trozaba a Chile en 11 naciones. Deberían ponerse colorados de vergüenza los dirigentes de la vieja Concertación que avalaron ese plan de reingeniería populista que habría llevado al país a una crisis descomunal. Y lo más probable es que lo hayan hecho para ganarse la confianza de Boric.

La derrota de Boric el 4 de septiembre de 2022 fue de tal envergadura que habría justificado su renuncia a la Presidencia. Sin embargo, lo protegió “la Constitución de los 4 generales”, y él siguió adelante, como si nada hubiera pasado. Y luego, para disimular el bochorno, impulsó alegremente un nuevo proceso constituyente, sin fijarse en gastos.

La elección de consejeros, el 7 de mayo pasado, le acarreó un nuevo mazazo político. Lo concreto es que la demagógica bandera de remodelar el país mediante una nueva Constitución se deshilachó tristemente, y el país volvió al punto de partida. ¡Cuánta politiquería ha resistido el país!

El balance de la epopeya de estos años no deja lugar a dudas. Los refundadores consiguieron trancar el paso de un país que había progresado a grandes zancadas por 30 años. La inversión fue duramente afectada por el discurso anticapitalista de quienes hasta mostraron a la UP como un ejemplo a seguir.

La acción del crimen organizado pasó a ser el mayor motivo de angustia de la población. Para qué hablar de la educación pública, que está pagando las consecuencias de las malas reformas de Bachelet II y la incompetencia de este gobierno. ¿Sigue empeñada La Moneda en echar abajo las Isapres y las AFP? Más vale que saque bien las cuentas, porque lo malo que pase allí puede reventarle en la cara.

El hundimiento político del Frente Amplio está a la vista. Es difícil encontrar otro caso de ascenso y caída tan estrepitoso en apenas dos años. ¿Y qué pasa con el PC? Hoy son más claras sus motivaciones y más nítidas también sus alianzas internacionales.

A fines de mayo de 2023, en un pleno del comité central, proclamó: “debemos tener abiertas las puertas para que sea el movimiento social, como tantas veces en nuestra historia, el que obtenga los avances sociales que buscamos, ya sea por la vía del derecho, como por la vía de los hechos”. Claro como el agua. Y está en el gobierno. Su jefe de bancada, Luis Cuello, lo reiteró hace poco. Es visible que Boric se asusta con esas advertencias.

Nadie sabe lo que hará el Socialismo Democrático. En voz baja, algunos dirigentes les dicen a los periodistas que el Frente Amplio ya fracasó, pero no aclaran si creen que ellos saldrán indemnes. ¿Qué piensan de verdad sobre el futuro de Chile? ¿Qué valores sostienen? No hay luces al respecto. En este momento, solo están preocupados de intercambiar apoyos para proteger a los alcaldes y gobernadores que tienen. El panorama no es precisamente alentador. Y la elección de octubre configurará el cuadro en que se desarrollará la competencia presidencial y parlamentaria del próximo año.

¿Bachelet será candidata presidencial, y detrás de ella se alinearán todos los valientes? Es muy improbable. Si la exmandataria diera ese paso, se arriesgaría a pagar un costo personal demasiado alto. Más visos de realidad tiene que la ministra del Interior asuma finalmente la responsabilidad de representar al oficialismo, lo que será una carga muy pesada. A partir de octubre, todo irá muy rápido.

Volvemos a la pregunta inicial. ¿Qué se puede esperar de este gobierno en los próximos dos años? Más o menos lo que ya hemos visto. El riesgo mayor para la estabilidad institucional puede venir de que, al ver que empezó la cuenta regresiva, los partidos oficialistas intenten maniobras dudosas o golpes de audacia para tratar de no perder el poder.

Por Sergio Muñoz Rivera para ex-ante.cl

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