La CUT dejó completamente claro a qué se referían los dirigentes comunistas al hablar de presión ciudadana y movilización social para imponer las reformas del gobierno. Convocó a un “Paro Nacional Activo” para el 11 de abril bajo el lema “Furiosos”. Su sentido político es nítido: demostrar que “los proyectos de ley que benefician a las personas son bloqueados por la derecha”. La CUT parecía dormida en los últimos años, pero reaparece ahora del modo tradicional: como cámara de eco de las consignas del PC.

El lunes 1 de abril se efectuará, en la sede de la CUT, la asamblea preparatoria del paro, cuyo instructivo ya está circulando: “La mentira y el chantaje son herramientas de la derecha populista que usan para impedir los cambios en pensiones y la reforma tributaria con impuestos a los más ricos”. Se trata de la aplicación de las conclusiones del 18° pleno del PC, efectuado en enero. Con un gobierno en situación precaria y elecciones a la vista, los comunistas llegaron a la conclusión de que había que salir a enfrentar a la derecha y los empresarios, que son los culpables de que el pueblo no viva mejor.

El libreto es conocido: definir un enemigo execrable, acusarlo de los males que existen y llamar a las masas a golpearlo. En lenguaje antiguo, “agudizar las contradicciones”. En términos concretos, alentar la polarización, para que los revolucionarios ganen nuevas posiciones. La CUT no está en condiciones de paralizar las principales actividades del país, pero sí puede estimular un ambiente de confrontación, con disturbios callejeros y choques con las fuerzas policiales.

¿Por qué se designa el paro nacional como “activo”? Porque lo que verdaderamente importa es generar un clima de anormalidad y tensión, que implique, por ejemplo, que el centro de Santiago y otros puntos neurálgicos sean afectados por el temor al vandalismo (cierre del comercio a mediodía, por ejemplo). Las adhesiones sindicales son lo de menos. El verdadero objetivo es perturbar la vida de la ciudad, dificultar el transporte público, levantar barricadas en todos los puntos que sea posible. El lema de la convocatoria habla por sí solo: “Furiosos”. Y eso ofrece espacio para que los elementos del lumpen hagan cualquier cosa.

Los dirigentes comunistas parecen no darse cuenta de que su partido está en el gobierno, ni tampoco de que un clima de desorden e inestabilidad afecta a Boric. La antigua fe en las propiedades de la reyerta les hace perder de vista que la mayoría del país no quiere volver a la irracionalidad de octubre de 2019, cuando el PC echó leña a la hoguera y se entusiasmó con la posibilidad de derrocar a Piñera.

¿Están pensando de verdad en una nueva revuelta, que nunca se sabe en qué puede terminar? ¿Y con los partidos de izquierda instalados en La Moneda? ¿Acaso, en sus discusiones internas, ya dieron por agotado al gobierno, y están considerando desembarcarse? No es la impresión que dan, puesto que se ven cómodos en los ministerios y demás cargos de gobierno. Hasta ahora han defendido la opción de tener un pie en las instituciones y el otro en la calle. ¿Decidieron ahora poner los dos pies en la calle?

Hay que reconocer que los representantes del PC han desarrollado una verdadera maestría en la técnica de meter miedo a la población. Al parecer, les gusta ser vistos como los gestores y conductores del estallido en 2019, aunque no sea enteramente cierto. Como sea, la amenaza de nuevos estallidos ha servido en los últimos 5 años para atemorizar a mucha gente. Hay que derrotar esa forma de chantaje político.

La democracia no puede vivir permanentemente amenazada por los administradores del miedo a la violencia, que son a la vez sus instigadores. El nuevo paro PC/CUT puede volverse en contra de sus convocantes. Desde luego, obligará al resto de los partidos de gobierno a tomar distancia. Desafiados en el terreno de la preservación del orden público, la ministra Tohá y el subsecretario Monsalve no pueden sino cumplir con su deber de tomar todas las medidas necesarias.

Sería útil que los periodistas les preguntaran a los dirigentes comunistas qué tienen en mente, hasta dónde quieren estirar la cuerda con Boric, si están tanteando el terreno para ver si pueden probar otras vías revolucionarias. La pregunta clave es, por cierto, si están dispuestos a respetar las reglas de la democracia representativa, o se reservan el derecho de tomar únicamente la parte que les sirve.

Nada es más esencial que la lealtad con la democracia, y sucede que es, sobre dicho punto, que surgen las mayores dudas con este nuevo llamado a la revuelta. Es difícil entender que los dirigentes del PC, que en el último tiempo se han quejado de que crezca el sentimiento anticomunista, se encarguen precisamente de alimentar tal sentimiento. ¿Qué nivel de madurez política hay en la cúpula de ese partido que sus dirigentes actúan como si les conviniera reforzar la desconfianza hacia lo que representan? Están sacando muy mal las cuentas. Y juegan con fuego.

Por Sergio Muñoz Riveros para ex-ante.cl

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