En 1924, Santiago y la zona central del país se vieron afectados por una de las sequías más crudas de la que se recuerde. De hecho, según el climatólogo Raúl Cordero, por primera vez se pudo registrar estadísticamente una sequía en el país.

Lo que no muchos saben es que ese año estuvo marcado por un fenómeno climático poco conocido: La Niña Costera, una especie de “hermana” climática del fenómeno de La Niña, término acuñado científicamente por primera vez en 1989. Se trata de un evento climatológico producido por un enfriamiento anómalo del Océano Pacífico Oriental Tropical (OPTO, sus siglas en inglés), el que se extiende a lo largo de la costa del Pacífico de América Central, desde el sur de California hasta el norte de Chile, y que repercute directamente en nuestro país. Si bien es diferente, está relacionado con el más conocido fenómeno de La Niña, el cual se desarrolla en el Océano Pacífico Central, y tiene implicancias en el clima global.

Lo preocupante es que todos los modelos climáticos apuntan a un debilitamiento del fenómeno de El Niño y la reaparición de La Niña Costera. Según estimaciones de la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (Noaa, por sus siglas en inglés) existe más de un 60% de probabilidades de que este fenómeno se presente y desarrolle durante el segundo semestre de 2024, lo que automáticamente genera una disminución de las temperaturas y precipitaciones. Ello daría paso a un eventual retorno de la megasequía que ha golpeado el país por más de una década.

Cordero explica que cuando el Pacífico Tropical presenta oscilaciones en su temperatura, y está sobre valores típicos, se declara un evento de El Niño. “Cuando la temperatura del Pacífico Tropical está bajo valores típicos se declara un evento de La Niña”.

“Hay varias zonas (conocidas como zonas El Niño) del Pacífico Tropical que se monitorean para definir eventos de El Niño o La Niña. La zona de El Niño más relevante se ubica varios miles de kilómetros al oeste y la costa de Sudamérica, y es la conocida como ‘zona 3.4′, que define los eventos de La Niña o El Niño globales. Sin embargo, también hay otras zonas relevantes”, indica el climatólogo.

“La zona que totaliza un millón de kilómetros cuadrados ubicada directamente frente a las costas de Ecuador y el norte de Perú se conoce técnicamente como la zona 1+2. Cuando esa zona del Pacífico presenta temperaturas bajo valores típicos se entiende que estamos en presencia de un evento de La Niña Costera”, añade Cordero. Y es en esta zona donde la temperatura del océano también está descendiendo, lo que augura el pronto arribo de La Niña Costera.

Paula Santibáñez, directora del Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián, sostiene que con la transición de El Niño a una fase neutra y posteriormente a una fase fría de La Niña Costera, a partir de julio, el escenario más probable que enfrentará Chile es el de un régimen deficitario en lluvias, especialmente durante la segunda mitad del año.

“El otoño podría presentarse algo seco y ligeramente más cálido de lo normal, agravado por un anticiclón persistente que bloquea el ingreso de aire marino, lo cual disminuiría la nubosidad y las precipitaciones esperadas”, añade Santibáñez.

En lo que va de 2024, indica la académica de la Universidad San Sebastián, “las precipitaciones están por debajo de lo normal, acumulando un déficit de 50% en la mayor parte del territorio, y se prevé que esta tendencia se mantenga similar el resto del año, particularmente si no se registran lluvias en la primera mitad del invierno”.

Efectos climáticos importantes

Cordero explica que los cambios de la temperatura superficial del Pacífico Tropical, es decir, los eventos de La Niña o El Niño, tienen importantes consecuencias en el clima de Chile. Mientras El Niño se asocia a precipitaciones invernales y a altas temperaturas en el verano, La Niña se asocia a moderadas temperaturas y sequía en la zona central del país.

Los efectos climáticos de La Niña Costera pueden ser tan o más importantes que los de La Niña global, pero a un nivel local, tal como ocurrió con La Niña Costera de 2018 en comparación a la débil Niña global de 2017-18.

“Tanto el 2023 como los primeros meses de este año han estado marcados por El Niño; es decir, la temperatura superficial del Pacífico presentó valores sobre típicos. El Niño probablemente influyó en tener la primavera más lluviosa en los últimos 25 años, pero también en las extraordinarias temperaturas de los veranos 2023 y 2024, que favorecieron la propagación de voraces y mortales incendios”, indica el climatólogo.

La temperatura de La Niña global se encuentra correlacionada con La Niña Costera, es decir, cuando hay una Niña global, en general, también hay una Niña Costera.

Debido a que La Niña Costera históricamente coincide con años de sequía en Chile, Santibáñez dice que existen probabilidades de que este año concluya como un año muy seco, ya que además los modelos de pronóstico anticipan precipitaciones bajo lo normal durante abril y mayo en la zona centro y sur.

“Esto exacerbará las condiciones de sequía en 2024, con un déficit de precipitaciones que impactaría en la disponibilidad de agua y en la producción agrícola”, agrega.

Las temperaturas, por su parte, señala la directora del Observatorio Climático de la Universidad San Sebastián, “podrían variar de normales a moderadas por sobre lo normal dependiendo de la región, lo que incrementaría la tasa de evaporación del suelo, exacerbando los desafíos relacionados con la escasez de agua. Este escenario subraya la necesidad urgente de adoptar estrategias de adaptación y gestión sostenible de los recursos hídricos para mitigar los efectos adversos sobre los ecosistemas y la economía local”.

Los tres niños

El Niño, La Niña global y La Niña Costera suceden de manera constante, generalmente uno detrás del otro, o viceversa. “Probablemente El Niño explique por qué los últimos 10 meses han sido los más cálidos jamás registrados en el norte de Chile, en Sudamérica y a nivel global. Sin embargo, la temperatura del Pacífico Tropical alcanzó su peak a fines de 2023 y se encuentra actualmente enfriándose rápidamente”, explica Cordero.

Por ejemplo, el año más seco en la zona central en los últimos 50 años fue 2019. Ese año no estuvo marcado por una Niña global, pero sí por una intensa y corta Niña Costera. Es decir, la temperatura en la zona 1+2 estuvo bajo valores típicos durante el segundo semestre de 2019. Es probable que esa corta pero intensa Niña Costera haya contribuido a hacer de ese año uno de los años más secos jamás registrados, solo comparable con 1968 y 1998.

Los principales efectos de La Niña Costera en el país son la disminución de precipitaciones en la zona central, moderar las temperaturas máximas y que el verano no sea tan abrazador como aquellos marcados por El Niño. Además, provoca veranos extraordinariamente secos en la Patagonia chilena. El riesgo de incendios durante los veranos marcados por La Niña Costera es alto en esa zona del país.

También tiene un efecto sobre el llamado invierno altiplánico. En los veranos marcados por La Niña Costera en general se presentan más precipitaciones en esa zona.

Cordero establece que la semana pasada, y por primera vez desde diciembre de 2022, la temperatura superficial del Pacífico Tropical en la zona 1+2 presentó valores bajo los típicos. La rápida caída de temperatura en esa zona del Pacífico indica dos cosas: el término, después de largos 14 meses, de El Niño Costero, y que estamos a solo semanas del anticipado inicio del fenómeno de La Niña Costera.

El comienzo de este fenómeno probablemente sea un anticipo de La Niña global, considera Cordero. “El rápido enfriamiento del Pacífico de las últimas semanas confirma los pronósticos emitidos por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (Noaa) en relación a la probabilidad de que se desarrolle La Niña global durante el segundo semestre de este 2024, sostiene.

El probable desarrollo de La Niña en los próximos meses es una mala noticia para la zona central del país. Las bajas temperaturas del Pacífico Tropical pueden traer de vuelta la sequía. “El año pasado cerró en la zona central una larga racha de 14 años consecutivos con déficit de precipitaciones. Probablemente El Niño jugó un rol clave en las abundantes precipitaciones registradas en la primavera 2023, la más lluviosa en 25 años en la zona central”, explica Cordero.

“Si se confirman los pronósticos estacionales y La Niña vuelve al Pacífico Tropical, las probabilidades de tener un segundo semestre en 2024 tan lluvioso como el segundo semestre de 2023 disminuyen”, agrega el académico de la Usach.

El climatólogo explica que los antecedentes históricos indican que los años más secos jamás registrado en la zona central han estado marcados siempre por el fenómeno de La Niña. “Los registros instrumentales de la Dirección Meteorológica de Chile indican que las sequías más extremas del último siglo, en 1924, 1968 y 1998 y 2019, coincidieron con eventos de La Niña (en la zona 1+2 en el caso de 2019)”.

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