Aunque muchos insisten en definir a Chile como un sistema fuertemente presidencialista, la verdad es que, en años recientes, el peso relativo del Ejecutivo en el proceso legislativo y en la política cotidiana ha venido a la baja. Desde que asumió el poder en marzo de 2022, el Presidente Gabriel Boric ha contribuido a debilitar todavía más la institución de la Presidencia de la República.

Con sus errores no forzados, polémicas innecesarias y con su estilo informal que le resta seriedad y prestancia a la institución presidencial, Boric ha ayudado a socavar todavía más la influencia del Ejecutivo en el proceso político.

Durante los meses que se vienen, el centro de poder político del país se repartirá entre el Congreso, el proceso constituyente y los ministerios de Hacienda e Interior. Mientras el Congreso decidirá la dirección en la que avance el proceso legislativo, especialmente con la votación sobre el sexto retiro de los fondos de pensiones (la iniciativa populista que hoy promueven varios legisladores y que antes apoyaron con entusiasmo el propio Boric y varios de sus ministros), el proceso constituyente irá consolidando esa hoja de ruta hacia un nuevo texto constitucional que se parezca mucho más al texto de la Constitución de 1980 que al texto que redactó la Convención Constitucional electa en 2021 y que fue ampliamente rechazado por la ciudadanía.

El rol político del Ejecutivo se seguirá concentrando en lo que hagan los ministros del Interior, Carolina Tohá, y de Hacienda, Mario Marcel. La dupla de ministros, que tiene mucha más cercanía entre ellos que la que cualquiera de ellos tiene con Boric, ha logrado concentrar más poder que cualquier otra dupla ministerial en estos 33 años de democracia de post-dictadura en Chile.

Como Tohá y Marcel se tienen más lealtad mutua que la que le pueden tener a Boric, y además comparten afiliación política con lo que ha sido históricamente el tronco PS-PPD que ha sostenido a los gobiernos de izquierda desde que Lagos asumió el poder en 2000, el creciente poder de la dupla inevitablemente resulta en decreciente poder de Boric y sus aliados en el gabinete y en el Segundo Piso de La Moneda.

Si en marzo de 2022, Boric nombró a varios de sus mejores amigos como ministros, incluidos Izkia Siches en Interior y Giorgio Jackson en la Secretaría General de la Presidencia, en el cambio de gabinete más reciente, los nombramientos parecieron ser más afines a lo que ha sido la agenda de Mario Marcel en Hacienda que a lo que ha sido el discurso de Boric desde La Moneda.

Es verdad que Boric sigue siendo el Presidente de la República. Pero la forma en que el egresado de derecho ha habitado el cargo -preocupándose de su imagen física menos de lo que la mayoría de los trabajadores de Chile deben cotidianamente preocuparse de la suya-ha contribuido a quitarle la solemnidad que la gente históricamente había otorgado a la primera magistratura.

Además, las controvertidas decisiones discrecionales que ha tomado Boric -como los cuestionados indultos de diciembre de 2022 y las intempestivas declaraciones sobre su supuesto compromiso con la seguridad ciudadana (que contrastan con sus declaraciones injustas sobre supuestas violaciones sexuales y otras violaciones a los derechos humanos cometidos por la institución de Carabineros)- han hecho que su credibilidad como Mandatario esté por el piso. No por nada, Boric es el Presidente que ha tenido los niveles más bajos de aprobación en su primer año, desde que la aprobación se mide mensualmente en Chile.

En las semanas que se vienen, los debates legislativos sobre el sexto retiro del fondo de pensiones y sobre la reforma de pensiones, los diálogos sobre la reforma tributaria y las iniciativas del Gobierno para responder al creciente problema de la delincuencia e inseguridad subrayarán todavía la ausencia de Boric como un interlocutor relevante en esas conversaciones.

La elección de los 50 miembros del Consejo Constitucional, a realizarse el 7 de mayo, y la campaña que ya está en curso, confirmarán que Boric pesa menos de lo que normalmente pesan los presidentes. Si bien probablemente no reste tanto a los candidatos de su sector como restó al voto del Apruebo en septiembre de 2022, tampoco sumará mucho más allá de la votación que históricamente ha obtenido la extrema izquierda en elecciones. Probablemente el PS sumará más votos al oficialismo que los que pueda sumar el Mandatario.

Por cierto, el Presidente de la República no desaparecerá de la escena política, pero lo que tenga que decir Gabriel Boric sobre los principales problemas y desafíos que enfrenta el país serán cada día menos importantes para anticipar el rumbo que tomará la política nacional.

En lo que resta del periodo, por la forma en que habita el cargo y porque el propio Boric se ha metido en un foso del que será difícil salir, deberemos acostumbrarnos en Chile a tener un Presidente que pese mucho menos de lo que han pesado históricamente los primeros mandatarios en Chile.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político y académico UDP, para El Líbero

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