No, al menos por esta acusación. Y aunque sea condenado, en términos legales y constitucionales nada impide que se postule e incluse gane la Presidencia. Por lo demás, vendrán otras acusaciones, toda vez que este caso de la actriz Stormy Daniels es quizás uno de los más débiles e incluso podría ser desechado por el juez, aunque es muy improbable que ello pase.

Se ha insistido en el carácter histórico de lo presenciado en Nueva York, ya que nunca había pasado con un (ex) presidente, pero el tema de fondo es que es un eslabón mas de lo que llamo la latinoamericanización de la politica estadounidense, un fenómeno de erosión de su democracia, y que me ha llamado mucho la atención desde que me establecí hace cuatro años, en comparación a lo que conocía y a varias estadías anteriores.

Se manifiesta en polarización, medios de comunicación activistas, predominio de la narrativa sobre los hechos, falta de consensos, cambios bruscos en la dirección del país, utilización de las instituciones para perjudicar al adversario, extremos que han hecho desaparecer al centro político, etc.

Y ahora ha ingresado al ruedo el sistema de justicia, el que se había resistido, pero a partir de este proceso, quiéralo o no, sus decisiones sobre Trump serán revisadas en clave politica en la corte de la opinión pública, donde se está juzgando en paralelo.

Un país que tradicionalmente exporta modas políticas ahora importa características diferentes a lo que nos tenia acostumbrados. La tragedia de EEUU no es una división entre el bien y el mal, sino la guerra cultural entre dos sectores y en esta confrontación, la victima puede ser el deterioro constante de su democracia.

En otras palabras, es Trump, pero también la lucha contra este. No es solo su irrupción sino también la forma como ha sido combatido. Para bailar este tango se han necesitado dos, y esta combinación ha hecho que la democracia estadounidense pierda parte importante de su alma.

En EEUU no tengo derecho a voto, pero por transparencia declaro que no habría votado por él, pero lo que se espera de una democracia es que los candidatos sean derrotados en la próxima votación y no en tribunales, ya que no solo es un expresidente, sino el más probable candidato republicano, y además el líder de la oposición al gobierno. Ello, aunque Trump cuestione al sistema electoral.

El caso se presenta como delito, pero no es delito electoral, lo que fue descartado por la Comisión Federal de Elecciones y la forma como fue documentada la devolución del pago que el abogado Cohen habría hecho a nombre de Trump es lo que constituiría el crimen, y aunque proviene de diez años antes, se hace coincidir con las elecciones del 2016 ya que allí habría ocurrido la participación de Trump según la denuncia de su ex abogado, y antes de su prescripción.

Vienen casos más sólidos en camino como su rol en el 6 de enero y la duda es si este es el mejor caso para ser el primero contra un ex presidente, ya que se trata de un fiscal que tiene jurisdicción en parte de Manhattan en Nueva York y que fue electo con la promesa de enjuiciar a Trump, promesa electoral que afecta duramente a la presunción de inocencia. Este hecho hace saltar las alarmas y no importa que el caso sea muy sólido o fabricado, ya que lo más grave es que casi la mitad del país cree que esta es una acusación politica y que no estaría teniendo lugar si no se tratara de Trump, es decir, se argumenta la existencia de dos sistemas de justicia, y ello es malo para la democracia cuando una cantidad numerosa se pregunta si el juicio será justo.

La presencia de Trump ante el juez tuvo lugar después que se recibiera la autorización de un Gran Jurado, y la verdad es que la palabra “Gran” no debiera impresionar, toda vez que es un jurado similar a los otros, solo que, con más integrantes, de 16 a 23 en vez de los 12 y con el agregado que no tengan relación con el Estado. Esta institución no existe en muchos otros países para anteceder al juicio, ya que, sobre todo, de acuerdo con el Derecho Internacional no es fácil que se permita, toda vez que estos integrantes solo han escuchado al fiscal y no se genera la bilateralidad de ambas partes, como lo requiere el debido proceso.

Es raro que un Gran Jurado rechace la petición de un fiscal ya que es solo un antecedente y no el juicio mismo, diseño que cumple con uno de los fundamentos constitucionales del país, toda vez que los padres fundadores siempre tuvieron desconfianza de los Estados y gobiernos buscando el necesario contrapeso en gente común y corriente, por ejemplo, los miembros de un jurado.

Como es habitual, desde su anuncio saltaron las diferencias entre la ley estadual y la federal, y presidir sobre este juicio no va a ser fácil para el juez Juan Manuel Merchán, nacido en Colombia, y quien ya había condenado el 2022 al director financiero de la Organización Trump y que tiene otro juicio penal contra Steve Bannon, un aliado político del ex presidente.

Complica al juicio el hecho que en varias ocasiones en que ha habido acusaciones judiciales contra Trump, ha habido también trascendidos que constituyen violaciones de la ley, reproducidos en los medios y que también ocurrieron en este caso, ilegalidades que podrían acarrear prisión y que no fueron investigadas y que sirven de base a teorías conspirativas.

Estas dudas que anteceden al juicio son en verdad tan malas para la democracia como dudar de la credibilidad del sistema electoral, ya que por muchas fallas que este tenga no hay evidencia alguna de fraude masivo. Pero, la realidad es que la duda se ha instalado de tal modo en sus partidarios, que Trump subió en las encuestas de intención de voto y en la captación de fondos, superando a la suma de todos sus adversarios de la primaria republicana, situación que probablemente se va a incrementar, toda vez que, si no hay una sentencia rápida, decisiones políticas importantes van a coincidir con actuaciones judiciales.

Trump ha sido cuestionado desde que asumió. Incluso debiera estar mejor preparado para la arista judicial que otros, ya que su trayectoria empresarial ha sido acompañada por disputas judiciales buena parte de su vida, incluyendo aquellas relacionadas con la valoración de activos y demandas donde asegura que posee más dinero y bienes que los que le son acreditados. Incluye también las veces que ha estado cerca de la quiebra.

Prácticamente desde que asumió le acompañó la “trama rusa”, es decir, la teoría no probada, pero si agitada por adversarios y medios de comunicación, que su sorprendente victoria había sido consecuencia de una intervención, nada menos que de Putin. Con posterioridad, a un ex director del FBI le fue encargada una investigación sobre este y otros temas que no produjeron pruebas en su contra en su presentación al Congreso, órgano donde se mostró la polarización toda vez que una doble acusación constitucional procedió en la Cámara de Representantes con control demócrata, pero fue rechazada en el Senado de mayoría republicana.

Después que salió de la Casa Blanca, en cumplimiento de una promesa electoral, toda la Organización Trump fue enjuiciada por fraude por Letitia James, fiscal electa de Nueva York y militante demócrata. A pesar de disponer de la documentación y de las declaraciones de impuesto personales (a las que Trump se había negado por años) no se concretaron acusaciones ni en su contra ni contra sus hijos. Solo uno de los gerentes fue enviado a prisión.

Por su parte, en el Congreso se creó una Comisión Especial para investigar los sucesos del 6 de enero que no fue bipartidista, sino que se integró por demócratas y sus rivales en el partido republicano, encabezados por la exrepresentante (fue derrotada por el trumpismo en la primaria) Liz Cheney, cuyas conclusiones convencieron a los que ya estaban convencidos y tuvieron el rechazo de sus partidarios.

En definitiva, todavía no ha habido consecuencias ni políticas ni judiciales, salvo que el nuevo control republicano de la Cámara ha permitido el anuncio de investigaciones sobre el presidente Biden y su familia por ingresos monetarios desde el extranjero y una petición de información sobre las actuaciones del fiscal demócrata de Manhattan Alvin Bragg. Se esperan novedades.

Las acusaciones adquirieron un nuevo nivel cuando fue allanada -también por primera vez a un ex presidente – su residencia floridiana de Mar-a-Lago por el FBI en busca de documentos reservados. La espectacularidad y el retiro de documentos personales de su esposa alimentaron también las sospechas, toda vez que el caso se retiró del ojo público cuando aparecieron documentos en posesión del presidente Biden en varios lugares, correspondientes a los periodos en que fue senador y vicepresidente, al igual que otros ex altos funcionarios.

El espacio no permite anotar otras situaciones, pero si destacar que falta lo del 6 de enero, el informe de un fiscal especial del Departamento de Justicia y lo que debiera tener lugar en el estado de Georgia en torno a llamados telefónicos de Trump el día de las elecciones presidenciales.

Mas allá de los méritos jurídicos, todos estos sucesos han sido y están acompañados por un fuerte debate político entre partidarios y adversarios, toda vez que están centrados en su nombre, y en lo que hizo o no hizo, lo que reforzaría su carácter antidemocrático para sus rivales y convence aún más a sus simpatizantes de su carácter de víctima de una persecución contraria a la tradición de EEUU.

Decir que se está haciendo historia es una forma de recalcar su carácter ejemplar, pero la verdad es que, al hablar de ejemplos, estos pueden ser tanto buenos como malos. Y en el caso de Trump todo se complica doblemente ya que muchos combaten primero a la persona, y secundariamente a sus decisiones, tal como ocurrió en el caso de los Pactos de Abraham en el medio oriente o con su politica comercial hacia China o sobre el origen del COVID-19.

Como conclusión me permito una pregunta: ¿puede escapar Estados Unidos a la trampa de la actual latino americanización de su politica? El camino más fácil y rápido no se va a dar, cual lo es un relevo generacional, lo que pasaría por dejar afuera de la carrera a Trump y Biden, no por edad, sino por la polarización y judicialización que traen consigo. No se va a dar por el doble motivo que no se ven candidatos alternativos de la generación siguiente con la fuerza suficiente, ni en demócratas ni en republicanos, como también porque el electorado parece mayoritariamente seguir queriendo y confiando en ambos.

El otro camino es mas largo y difícil, es la afirmación del predominio de la ley por sobre las querellas y la narrativa, camino que es difícil porque alguna vez lo tuvo y fue característica de USA, pero lo ha extraviado, ya que significa dos cosas, que nadie debe estar por sobre la ley como también nadie debe ser singularizado para una persecución, en el sentido que primero la persona y después el delito.

El problema para EEUU hoy es que la guerra cultural es más difícil que la politica ya que requiere aceptar ambas juntas y no una en vez de la otra.

/psg