En una decisión que traza una clara línea divisoria en la región, el gobierno del Presidente Gabriel Boric se distanció de forma explícita de las administraciones de Argentina, Ecuador y Paraguay, así como de la postura de la era Trump, al rechazar declarar unilateralmente como «grupo terrorista» al llamado Cartel de los Soles.
La postura chilena, comunicada por la ministra Camila Vallejo, no se centra en negar o confirmar la existencia del grupo –tal como hizo el presidente colombiano Gustavo Petro al tildarlo de «excusa ficticia de la extrema derecha»–, sino en cuestionar el método para combatirlo. Vallejo fue enfática: “Las calificaciones de ese tipo no son establecidas unilateralmente… uno no lo fija unilateralmente como presidente o como gobierno”.
Un Mapa Geopolítico Dividido
El escenario regional queda analíticamente dividido en dos bloques:
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El bloque alineado con la designación de EE.UU.: Incluye a los gobiernos de Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay) y Javier Milei (Argentina), quienes mediante decretos han clasificado formalmente al Cartel de los Soles como una organización terrorista internacional.
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El bloque que prioriza el multilateralismo: Liderado por Chile y Colombia, aunque con argumentos distintos. Mientras Petro niega de plano la existencia del cartel, el gobierno chileno evita pronunciarse sobre su naturaleza y enfoca su crítica en la herramienta, argumentando que dichas calificaciones deben surgir de estándares y organismos internacionales, no de decisiones unilaterales de gobiernos.
La Estrategia Chilena: Coordinación por sobre Designación
Frente a la medida adoptada por sus pares, la estrategia del gobierno de Boric se presenta como una apuesta por la cooperación práctica por sobre los gestos políticos unilaterales. Vallejo articuló esta postura al remarcar que la «estrategia efectiva» es el «trabajo multilateral».
Como ejemplo de éxito de este enfoque, la portavoz citó un caso de alto impacto en Chile: la captura del «sicario del Rey de Meiggs», operación que –según señaló– fue posible gracias a la «coordinación de las policías, tanto con la Interpol como las policías de otros países». Este argumento busca demostrar que los resultados concretos en la lucha contra el crimen organizado se logran mediante inteligencia compartida y operativos coordinados, y no mediante declaraciones formales.
Conclusión Analítica
La divergencia de posturas exhibe una grieta estratégica fundamental en América Latina. Por un lado, varios países adoptan una herramienta de la política exterior estadounidense (la designación unilateral de terrorismo) buscando probablemente una mayor alineación con Washington y un gesto de mano dura. Por otro lado, Chile defiende una política de principios basada en el multilateralismo y el derecho internacional, argumentando que la cooperación policial efectiva es más poderosa que cualquier declaración.
Esta posición, sin embargo, no está exenta de riesgo político a nivel interno, donde la oposición podría presentarla como una tibieza frente a un régimen venezolano ampliamente criticado. El gobierno de Boric, en consecuencia, apuesta a que los resultados operativos, como la captura de criminales, serán su mejor argumento para validar su estrategia disonante en el concierto regional.
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