La administración del presidente electo José Antonio Kast enfrentará un escenario fiscal particularmente exigente, marcado por presiones persistentes sobre el gasto social y por efectos aún inciertos de las rebajas tributarias propuestas sobre el crecimiento económico. Así lo advierte un nuevo informe de Fitch Ratings, que pone el foco en los desafíos de sostenibilidad fiscal que deberá sortear el próximo gobierno.
Según la clasificadora de riesgo, el nuevo Ejecutivo “enfrentará desafíos para contener la trayectoria de la deuda”, pese a que el programa de Kast contempla un ajuste fiscal más agresivo que el de administraciones anteriores. No obstante, Fitch reconoce que el mandatario electo “parece bien posicionado para articular apoyos en el Congreso”, luego de asegurar el respaldo informal de Chile Vamos, lo que lo dejaría a un escaño de la mayoría en el Senado y a dos en la Cámara de Diputados.
En este contexto, la agencia anticipa que el gobierno entrante buscará acuerdos legislativos caso a caso, especialmente con senadores independientes y con el Partido de la Gente (PDG) en la Cámara Baja, para sacar adelante su agenda.
Paralelamente, Fitch subraya que Kast ha manifestado su disposición a avanzar mediante decisiones administrativas en áreas que considera prioritarias. En ese sentido, destaca que el presidente electo “ha señalado su preferencia por utilizar medidas administrativas que no requieren aprobación del Congreso”, particularmente en seguridad y control migratorio, en caso de no lograr consensos legislativos.
En materia fiscal, el informe recuerda que Chile ha incumplido su meta de balance estructural durante dos años consecutivos, en 2024 y probablemente también en 2025. Si bien la deuda del gobierno general continúa aumentando, Fitch recalca que esta “se mantiene muy por debajo de la mediana de 57,4% del PIB correspondiente a la categoría ‘A’”.
Sin embargo, la clasificadora advierte que las necesidades de financiamiento fuera del déficit tradicional —como capitalizaciones de empresas públicas, créditos con garantía estatal y aportes a organismos multilaterales— están impulsando un crecimiento del endeudamiento mayor al que reflejan las cifras oficiales de déficit.
El reporte agrega que la mejora de los ingresos fiscales observada durante gran parte de 2025 fue parcialmente compensada por un aumento inusualmente elevado del gasto en octubre. Como resultado, Fitch prevé ajustar su proyección de déficit fiscal a cerca de 2,4% del PIB, desde el 2,2% estimado previamente. A juicio de la agencia, este resultado “volvería a incumplir la meta de déficit estructural de 1,6% del PIB y debilitaría la credibilidad del marco fiscal”.
Fitch recuerda además que, al ratificar la clasificación soberana de Chile en ‘A-’ con perspectiva estable en septiembre, ya había advertido que medidas adicionales de consolidación fiscal serían clave para mantener la deuda por debajo del ancla de 45% del PIB establecida en la regla fiscal. En ese marco, Kast ha comprometido recortes de gasto por aproximadamente US$6.000 millones dentro de los primeros 18 meses de su mandato.
Según el informe, el propio presidente electo ha reconocido la existencia de “una potencial oposición pública al proceso de consolidación fiscal”, razón por la cual ha señalado que los ajustes se concentrarán en gasto administrativo y político, y no en beneficios sociales ni servicios públicos.
No obstante, Fitch advierte que las presiones de gasto siguen siendo elevadas en áreas como educación, salud y pensiones, a lo que se suman los compromisos en seguridad, inmigración e infraestructura. En este contexto, la agencia considera que “alcanzar recortes por US$6.000 millones será un desafío” y proyecta déficits fiscales levemente superiores al 2% del PIB en 2026 y 2027, en ausencia de reformas fiscales estructurales. Bajo estas proyecciones, la deuda del gobierno general alcanzaría un 44% del PIB en 2027.
En cuanto a la actividad económica, Fitch destaca que la economía no minera ha crecido por sobre su tendencia previa a la pandemia durante el último año. La agencia proyecta un crecimiento del PIB de 2,5% en 2025 y de 2,3% en 2026, impulsado por mejores perspectivas de inversión. Sin embargo, advierte que estos niveles de expansión “no son suficientes para que el PIB per cápita converja hacia la mediana de la categoría ‘A’”.
Finalmente, el informe aborda la agenda tributaria del presidente electo, que contempla reducir el impuesto corporativo desde 27% a cerca de 23%, e incluso a 20% para empresas que generen empleo formal, junto con una estrategia de simplificación regulatoria.
Fitch señala que estas medidas “podrían impulsar el crecimiento del PIB en los próximos cuatro años”, aunque advierte que las rebajas tributarias podrían dificultar la contención del endeudamiento si los efectos positivos sobre la actividad tardan en materializarse.
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