Daniel González, futbolista de Universidad Católica, quedó en el centro de la polémica luego de protagonizar una violenta pelea callejera, cuyo registro audiovisual se viralizó rápidamente en redes sociales, amplificando el impacto del episodio más allá del ámbito deportivo.
La pelea de Daniel Gonzalez en Viña del Mar pic.twitter.com/jcE8FPttEW
— Chilean Premier League (@AbranCancha8) January 6, 2026
En las últimas horas comenzó a circular un video en el que se observa al jugador envuelto en una discusión con un transeúnte que, lejos de resolverse de manera verbal, derivó en golpes. La difusión del material aceleró el juicio público sobre el hecho y reactivó el debate en torno a la conducta de los deportistas profesionales fuera del campo de juego.
Uno de los testigos del incidente fue, de manera coincidente, el cantante urbano Kenky G, quien compartió el momento en sus redes sociales. “Iba caminando y de repente vi la ‘mea’ pelea, y empecé a grabar”, escribió en sus stories, aportando un relato informal pero decisivo para la rápida propagación del registro.
Frente a la oleada de críticas y comentarios, González optó por emitir un comunicado público, en el que entregó su versión de los hechos y buscó contextualizar su reacción. “El día 01 de enero salí a pasear en bicicleta junto a mi señora y cuñado. Íbamos caminando con las bicicletas, al lado, ya que estábamos pasando por un corto tramo en el que no había ciclovía”, explicó inicialmente.
Según el relato del futbolista, la situación se habría tensado tras pedir permiso para avanzar. “Al pedir permiso para pasar, un hombre nos empieza a agredir verbalmente y, dado que no recibió respuesta de nuestra parte, le pega patadas a la bicicleta cuando íbamos pasando por su lado”, detalló. En ese contexto, González justificó su accionar señalando que percibió un riesgo directo: “Al ver que la integridad mía y de mi familia estaba en riesgo, reaccioné”.
En el cierre de su declaración, el jugador adoptó un tono de autocrítica, aunque sin desligarse completamente de las circunstancias que —a su juicio— detonaron el conflicto. “Lamento lo ocurrido, no soy una persona violenta. Pero reitero, ante la situación a la que me vi expuesto junto a mi familia reaccioné de una manera inadecuada”, concluyó.
El episodio deja abierta una discusión más amplia sobre la responsabilidad pública de los futbolistas, la gestión de conflictos en espacios cotidianos y el peso que adquieren las reacciones individuales cuando son amplificadas por la exposición mediática y digital.
/José Pablo Verdugo



