Martes 13, no te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes”. El refrán es conocido y se repite casi de manera automática cada vez que el calendario marca esta fecha. Y aunque muchos se declaren ajenos a las supersticiones, existe una realidad difícil de negar: en mayor o menor medida, todos convivimos con ellas. Desde evitar abrir un paraguas bajo techo hasta esquivar el paso por debajo de una escalera, los rituales cotidianos revelan que la superstición sigue teniendo un espacio en la vida moderna.

Dentro de ese universo de creencias populares, el martes 13 ocupa un lugar privilegiado. Para muchos, se trata del día de la mala suerte por excelencia, una jornada cargada de presagios negativos y relatos que se transmiten desde hace siglos. Tan enigmático como mítico, su reputación ha sido construida a partir de múltiples relatos históricos, religiosos y esotéricos que, combinados, han cimentado su temida fama. Pero ¿de dónde surge realmente esta superstición?

El número 13: entre lo sagrado y lo fatal

El rechazo al número 13 no ha sido uniforme a lo largo de la historia. “Para los griegos era un número sagrado: Zeus era el rey del Olimpo, acompañado por doce dioses”, explica Carmen Torrente en su libro La superstición dice…. Sin embargo, la autora señala que el origen de su connotación negativa se remonta a la mitología nórdica, incluso antes de la era cristiana. En uno de sus relatos más conocidos, doce dioses fueron invitados a un banquete en el Walhalla, al que Loki —espíritu de la pelea y del mal— se coló sin invitación, elevando el número de comensales a trece.

Según describe Torrente, el desenlace fue trágico: “En determinado momento se produjo una lucha para expulsarlo, en la que Balder, el dios favorito, encontró la muerte”. Un paralelismo que, siglos más tarde, encontraría eco en el cristianismo. En la Última Cena de Cristo y sus apóstoles, los comensales también eran trece, episodio que reforzó la asociación del número con la fatalidad. “Por esta razón, desde principios de la era cristiana, produce pavor que 13 personas estén sentadas a una mesa”, añade la autora.

Las interpretaciones no se agotan allí. Desde la mirada esotérica, la astróloga Patricia Kesselman vincula la mala fama del 13 con el Tarot. “La carta número 13 es la de la muerte”, explica, aclarando que no se trata necesariamente de un final literal, sino de un proceso de transformación. “Corresponde al primer número después de la finalización de un ciclo (12) y se relaciona con un nuevo inicio, pasando previamente por la disolución”, detalla.

Kesselman profundiza aún más en su análisis: “Esta fase es muy complicada y dolorosa porque al hombre lo envuelve la inconciencia y un velo de vacío. Eso es lo que simbolizan la carta de la muerte y el número 13 para el Tarot”. A ello se suma una lectura numerológica: 13 equivale a 1+3=4, número asociado a la estabilidad material y a los cuatro elementos. “Es un simbolismo kármico que remite a una estabilidad sin aspiraciones, con pocas posibilidades de movimiento y cambio”, sostiene la experta.

Marte, la guerra y la mala fama del día martes

El otro componente clave del martes 13 es, precisamente, el día martes. Su origen simbólico está ligado al planeta Marte, asociado al dios romano de la guerra, la violencia y la destrucción. “Marte es un planeta de maldad natural. Es gastador, cruel, ama las peleas y las discusiones”, explica Kesselman, quien lo describe como el planeta rojo, vinculado a la sangre y a la infortunio repentino.

Desde esta perspectiva, el martes es considerado un día propicio para acciones agresivas —como guerras o conflictos— pero poco favorable para asuntos placenteros o constructivos. De allí que, en el imaginario popular, se lo catalogue como un día “agresivo”. A esto se suma la creencia de que los martes, al igual que los viernes, son ideales para la práctica de la magia, ya que los espíritus estarían más cerca del plano terrenal.

La mala reputación del martes no es reciente. Desde finales de la Edad Media arrastra una valoración negativa, alimentada por episodios históricos de alto impacto simbólico. Uno de los más citados es la caída de Constantinopla, ocurrida un martes 29 de mayo de 1453, evento que significó una profunda crisis para la cristiandad. Otros relatos sostienen que la destrucción de la Torre de Babel habría ocurrido un martes 13, reforzando su asociación con la ruina y el caos.

Superstición sin base científica, pero difícil de erradicar

Razones sobran, desde la tradición y el simbolismo, para entender por qué el martes 13 se transformó en sinónimo de mala suerte. Sin embargo, ninguna de estas creencias cuenta con respaldo científico. Se trata, en definitiva, de una construcción cultural que ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a la transmisión oral, la religión, la mitología y el esoterismo.

Aun así, y aunque la razón indique que no hay nada que temer, la superstición persiste. Porque, al final del día, incluso quienes aseguran no creer en ella suelen mirar el calendario dos veces, cruzar los dedos y, por las dudas, empezar la jornada con el pie derecho.