La tormenta invernal que se espera impacte durante el fin de semana a cerca de dos tercios del este de Estados Unidos ha encendido las alertas entre meteorólogos y autoridades, no solo por su extensión geográfica, sino por la inusual combinación de riesgos que concentrará a su paso. El fenómeno podría reunir prácticamente todos los peligros invernales conocidos —nieve, aguanieve, lluvia helada y frío extremo— en un solo evento de alto impacto.
De acuerdo con Alex Lamers, meteorólogo del Centro de Predicción Meteorológica, el sistema podría ubicarse en la denominada “categoría de tormentas de impacto inusual”, una clasificación reservada para eventos poco frecuentes. “No es algo que se vea todos los inviernos”, señaló Lamers, advirtiendo que la tormenta “probablemente afectará a cerca de la mitad de la población estadounidense con acumulación de hielo, aguanieve o nieve”.
La preocupación no se limita al paso inmediato del sistema. Una vez que la tormenta se desplace hacia el noreste, dejando extensas capas de hielo en el sur y acumulaciones de nieve que podrían superar los 30 centímetros en sectores del noreste, se espera la irrupción de temperaturas gélidas potencialmente récord. Estas condiciones expondrían a millones de personas a un riesgo prolongado de congelación profunda que podría extenderse hasta bien entrada la próxima semana.
Desde el punto de vista meteorológico, se trata de un sistema de estructura compleja, donde cada franja de precipitación responde a delicados equilibrios térmicos. En el flanco norte se anticipan nevadas intensas; en la zona central, una peligrosa mezcla de aguanieve y lluvia helada; y más al sur, lluvias. Sin embargo, incluso a un día de su llegada, la trayectoria exacta del sistema y su interacción con elementos geográficos como los montes Apalaches continúan forzando ajustes de último minuto en los pronósticos.
Aunque el recorrido definitivo sigue en evaluación, el escenario proyectado contempla una progresión escalonada de impactos. El viernes, la tormenta comenzará a tomar forma al emerger desde el sur de las Montañas Rocosas, con probables nevadas en Nuevo México y Colorado antes de avanzar hacia las llanuras de Kansas, Oklahoma y Texas, donde ya se han emitido avisos de tormenta invernal. El sábado, el sistema se expandirá de manera significativa, manteniendo la lluvia helada, el aguanieve y la nieve sobre Texas, Arkansas y Tennessee, mientras la nieve se desplaza por el Medio Oeste y alcanza Georgia y las Carolinas durante la noche. Para el domingo, el núcleo del sistema llegará al Atlántico Medio y al noreste, con posibilidades de intensificación, mientras las Grandes Llanuras enfrentarán temperaturas muy por debajo de lo normal. Entre el lunes y mediados de la próxima semana, incluso tras el cese de las precipitaciones, el frío extremo dominará gran parte del este del país.
La naturaleza del peligro radica, en gran medida, en el tipo de precipitación que finalmente se imponga en cada región. Cada tormenta invernal es una “batalla de grados”. La lluvia helada puede generar capas de hielo superiores a un centímetro, suficientes para provocar graves daños en árboles y tendidos eléctricos. La aguanieve, en tanto, puede acumularse rápidamente formando superficies duras e impermeables que vuelven casi imposible la limpieza de calles y veredas. En las franjas más intensas, la nieve podría superar los 30 centímetros.
“La nieve es una cosa, pero cuando empiezas a hablar de acumulación significativa de aguanieve o lluvia helada, eso es lo que realmente causa más daños”, explicó Eric Fisher, meteorólogo jefe de WBZ-TV en Boston y autor de un libro sobre las grandes tormentas de Nueva Inglaterra.
Fisher describe el proceso de pronóstico como un “embudo de certidumbre”. A una semana de anticipación, los meteorólogos trabajan con patrones generales; a medida que el evento se aproxima, el margen de incertidumbre se reduce hasta llegar a lo que denomina “información procesable”. En esta etapa final, uno de los mayores desafíos ha sido la irrupción de una potente masa de aire ártico que atraviesa el país. “El aire ártico es como un matón”, graficó Fisher, señalando que en las últimas horas la trayectoria prevista del sistema se ha desplazado más al norte de lo esperado, pese a la fuerza del frío.
Los especialistas coinciden en que el noreste podría experimentar algunas de las mayores acumulaciones de nieve en años, lo que resulta especialmente significativo tras un período prolongado sin tormentas invernales severas. “En el peor de los casos razonables, podría haber fácilmente más de 30 cm”, afirmó Nelson Vaz, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional de Nueva York.
En el sur, el escenario es particularmente delicado. En Texas, la transición entre lluvia helada, aguanieve y nieve podría dar lugar al denominado “hielo empedrado”, un fenómeno que en diciembre de 2013 paralizó ciudades enteras durante días. “Es una palabra detonante para el área metropolitana”, reconoció David Bonnette, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional en Fort Worth.
Más al este, ciudades como Nashville se encuentran en una franja crítica entre una nevada manejable y una tormenta de hielo paralizante. Por ahora, la interestatal 40 marca una frontera aproximada. “Pequeños cambios tienen grandes repercusiones”, advirtió Fisher, subrayando que un desplazamiento de apenas decenas de kilómetros puede transformar por completo el impacto urbano.
A medida que la tormenta avance por el sureste, los meteorólogos también monitorean la posible formación de una “cuña de aire frío”, una masa que puede quedar atrapada contra los Apalaches y desplazarse hacia el sur, incrementando el riesgo de hielo en zonas como Atlanta. “Los modelos más grandes no son capaces de captarlo de forma fiable”, explicó Samuel Marlow, del Servicio Meteorológico Nacional de Atlanta.
Una vez que las precipitaciones cesen, el desafío persistirá. La enorme masa de aire ártico podría mantener temperaturas bajo cero durante días, especialmente en regiones con acumulaciones de nieve o aguanieve. En Nashville, el meteorólogo Cory Mueller advirtió que la brusca caída térmica hará que “lo que caiga —nieve o hielo— se quede”, dificultando la recuperación hasta mediados de la próxima semana y prolongando los efectos de una tormenta que ya se perfila como una de las más complejas del invierno.
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