Mientras equipos de Conaf y Bomberos libran una batalla crítica contra las llamas, y autoridades locales despliegan un trabajo ininterrumpido, una intervención política ha irrumpido en el panorama de la catástrofe. Con un mensaje publicado en X, el Presidente Gabriel Boric ha dirigido su crítica hacia la diputada electa republicana Paz Charpentier, acusándola de instrumentalizar la tragedia de los incendios en el Biobío para fines de autopromoción partidista.

Este cruce público, emanado directamente desde la cuenta oficial del Mandatario, no es un hecho aislado. Constituye la manifestación digital de una tensión palpable que quedó en evidencia durante la visita presencial de Boric a Punta de Parra, donde fue recibido con abucheos y expresiones de rechazo por parte de algunos afectados, quienes corearon consignas como «¡Ándate!» y «¡Nunca has agarrado una pala!».

A pesar de este hostil recibimiento, la agenda oficial del Presidente continuó con una reunión de coordinación con autoridades en Florida, donde descartó un encuentro en terreno con el presidente electo José Antonio Kast, quien realizaba un despliegue paralelo en la zona. En sus declaraciones, Boric hizo hincapié en un ánimo de colaboración para la futura reconstrucción, responsabilidad que, según señaló, recaerá en la próxima administración.

El contraste en la recepción ciudadana no podría ser más elocuente. Mientras Boric enfrentaba protestas, el despliegue de José Antonio Kast por Ñuble y Biobío se caracterizó por un contacto directo y una acogida positiva por parte de vecinos y equipos de primera respuesta, incluyendo gestos espontáneos como bomberos solicitándole autógrafos en sus cascos. Acompañado por su futuro ministro de Vivienda, Iván Poduje –crítico conocido de la gestión reconstructiva del incendio de Valparaíso 2024–, Kast recogió testimonios que expresaban el temor de las comunidades a «quedar en el olvido».

Significativamente, y a diferencia de la crítica lanzada desde La Moneda, el presidente electo optó por una postura de abstinencia política inmediata. Kast enfatizó la necesidad de priorizar la solución de la emergencia sobre la evaluación de la gestión gubernamental, argumentando que «no corresponde» calificarla en ese momento y que la energía debe concentrarse en la ayuda. Esta posición deliberadamente institucional y de aparente unidad, en oposición a la reacción confrontacional del Presidente en ejercicio, proyecta dos modelos antagónicos de conducción en medio de la crisis, subrayando una profunda divergencia en el tono y la estrategia de liderazgo ante la adversidad nacional.

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