Una ola de relatos provenientes de distintas partes del mundo ha vuelto a encender las alarmas sobre posibles visitas de seres no humanos a la Tierra. Personas comunes —sin vínculos entre sí— aseguran haber vivido experiencias imposibles de explicar, describiendo luces en el cielo, figuras humanoides y contactos directos con entidades “de otro planeta”.
Los testimonios, recopilados durante los últimos meses, presentan inquietantes similitudes.
“Eran altos, delgados y tenían ojos enormes. No caminaban, flotaban”, relata Carlos M., un agricultor del norte de Chile, quien afirma haber visto una nave descender silenciosamente en medio del desierto. Según su versión, perdió cerca de dos horas de tiempo y despertó con marcas circulares en el brazo.
En México, María Fernanda R., profesora de 42 años, asegura haber tenido un encuentro cara a cara con lo que describe como un “ser luminoso”.
“Sentí que me hablaba sin mover la boca. Me transmitía imágenes directo a la mente”, afirma. Desde entonces, dice sufrir sueños recurrentes con estrellas y planetas desconocidos.
Casos similares se repiten en Argentina, Perú y Estados Unidos. Algunos testigos aseguran haber sido llevados al interior de naves, sometidos a exámenes médicos y luego devueltos al mismo lugar.
“Me acostaron en una especie de mesa metálica. Todo era blanco. Escuchaba zumbidos”, cuenta un exmilitar estadounidense que pidió mantener su identidad en reserva. Tras el episodio, desarrolló una sensibilidad extrema a los campos electromagnéticos.
Especialistas en fenómenos aéreos no identificados (UAP) sostienen que el aumento de reportes no es casual.
“Estamos viendo un patrón global. Las descripciones coinciden: luces triangulares, movimientos imposibles y pérdida de tiempo”, señala un investigador independiente que ha documentado más de 300 casos.
Mientras tanto, gobiernos y agencias espaciales continúan negando cualquier evidencia concreta de visitas extraterrestres. Sin embargo, filtraciones recientes y archivos desclasificados han confirmado la existencia de objetos que “no pueden explicarse con tecnología humana conocida”.
Para muchos testigos, la experiencia cambió sus vidas para siempre.
“Ya no miro el cielo igual. Sé que no estamos solos”, concluye Carlos.
La gran pregunta sigue abierta: ¿son estos encuentros pruebas de vida inteligente más allá de la Tierra… o estamos frente al mayor misterio de nuestra era?
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