La expresión de la crisis económica y política que experimenta el país se traduce en las trayectorias de los precios mas importantes de la macroeconomía: ciertamente la trayectoria de la inflación, las tasas de interés, y el tipo de cambio.

Todos ellos impactan a la ciudadanía, a las empresas y, muy importante, a los inversionistas. Particularmente afectan a los más pobres en la sociedad, quienes disminuyen su bienestar e impulsan, a todos, a tomar decisiones, tanto personas como empresas que en el conjunto empeoran la situación. La incertidumbre política, por ejemplo, disminuye la inversión y crecimiento afectando la creación de empleos de calidad, ante el temor, de que nuevas autoridades impriman cambios que afecten su entorno económico, y llevan a personas, empresas e inversionistas a preferir mantener dólares en detrimento del peso, con lo que aparece la devaluación de la moneda local, aportando por otro canal, al proceso inflacionario.

Las tasas de interés también se ven afectadas por la trayectoria de la inflación, y la incertidumbre política incrementa el riesgo país, con lo que los acreedores externos suben el costo del crédito que se presta a Chile.

La publicación de la inflación correspondiente al mes de septiembre 2021, la cual resultó un 1,2%, lo que en términos anualizados corresponde al 5,3%, con una trayectoria que apunta durante 2021 a un 5,8%, por tanto dejo esta trayectoria, totalmente fuera del rango meta que debe observar el Banco Central, para la obligación constitucional de mantenerla inflación bajo control.

El instituto emisor ya había comenzado a ajustar la tasa de política monetaria aumentándola en 75 puntos básicos y situándola en un 1,5. Sin embargo, la semana recién pasada el Banco Central incrementó la tasa de política monetaria en 125 puntos básicos, el alza mas importante de los últimos 20 años, situándola en un 2,75%, y acorde con las advertencias que había emitido el Presidente del Banco Central, respecto de la peligrosa trayectoria que mostraba la inflación futura.

Debo agregar los furiosos ataques verbales que recibió desde el parlamento la autoridad monetaria, sólo por decir la verdad y con anticipación.

No descarto que en las próximas reuniones el Banco Central incremente este guarismo para acercar más rápido esa tasa de interés a la llamada tasa neutral que calculo debe estar en 4%, a ese ritmo la tasa neutral debería alcanzarse antes que termine el primer semestre de 2022. Y allí veremos si la trayectoria de la inflación ha cambiado y su dirección apunta, por lo menos, al interior del rango meta, entre un 2% y 4%, de inflación.

La dinámica de la tasa de inflación corresponde al sobrecalentamiento de la economía, advertido por la profesión con mucha anterioridad y también por el propio presidente de la entidad.

En un intento por confundir a la opinión pública por esta grave situación, algunos políticos han tratado de eludir su responsabilidad indicando que es el alza del precio del petróleo el origen de esta dinámica. No es así, son las transferencias fiscales incurridas en los últimos meses y los sucesivos retiros desde las cuentas individuales de ahorro previsional, de la cual se encuentra pendiente un cuarto retiro para revisión por parte del Senado.

Aquellos políticos que aprobaron retiros son responsables de lo que está ocurriendo con la inflación, para utilizarlos en su propio beneficio electoral, y otros para dañar el mercado de capitales. Al final todo el daño se le produce a los ciudadanos más pobres por el impuesto inflación, las tasas de interés más altas y una importante subida del tipo de cambio. Además los saldos que ya no existen en las cuentas de ahorro individual, y que podrían alcanzar a unos 5 millones chilenos, dan cuenta de la regresividad de esta mala política pública impulsada por aquellos parlamentarios.

El daño ya esta hecho, y lo sufrirán los trabajadores que solo tienen su empleo y su salario amenazado por la inflación, los deudores en UF del sistema crediticio, y los sueños de esforzados chilenos que miraran desde lejos la posibilidad de adquirir una vivienda propia.

Todo esto por los cálculos de aquellos que se sirven de los ahorros de esforzados chilenos para sus campañas políticas y de aquellos que buscan destruir el mercado de capitales para acumular más poder, y para los apetitos ideológicos de los que están detrás.

Por Alejandro Alarcón, economista, para El Líbero

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