Hubo un tiempo en el que creíamos en los marcianos, antes de saber que Marte es desolado e inhabitable. Por entonces parecía posible, como en la novela de H. G. Wells, que nos invadiera una flota marciana, dado que la distancia es pequeña. Pero hoy sabemos que no hay vida inteligente en ningún otro mundo de nuestro Sistema Solar; y que, por lo tanto, los presuntos ovnis o fanis, esos en cuya existencia cree casi tanta gente como la que no, tendrían que venir de planetas que están a decenas, cientos, miles o millones de años luz.

O sea, que incluso viajando a la velocidad de la luz, tardarían decenas, cientos, miles o millones de años en llegar. Pero se dice: hey, es que no sabes que son muchísimo más avanzados tecnológicamente que nosotros, y para ellos es un paseo. ¿Es realmente así? ¿Qué dicen los físicos? ¿Es solo cuestión de desarrollo tecnológico, o hay imposibilidades físicas, se llame uno John o Kjkhherixoooos’dg5?

Algo de lo cual los físicos no dudan: es físicamente imposible viajar a la velocidad de la luz. A la velocidad de la luz solo viaja la luz, que nunca puede viajar a menor velocidad que la de la luz (nota: es decir, a menor velocidad que la de la luz en ese medio, que no es la misma en el vacío, el aire o el agua) (otra nota: los científicos han conseguido ralentizar la luz y detenerla, pero esa es otra historia). La luz puede hacerlo porque está compuesta por partículas llamadas fotones que no tienen masa; cualquier cosa con masa no puede, y nosotros tenemos masa. Los ovnis, por su aspecto, también.

Esto trae al recuerdo una anécdota sobre el físico Asher Peres, que demostró la teoría del teletransporte cuántico. Un periodista que le entrevistaba sobre ello le preguntó si sería posible teletransportar también el alma, además del cuerpo. Y Peres contestó: “No, el cuerpo no, solo el alma”. Del mismo modo, solo “el alma”, es decir, partículas sin masa, viaja a la velocidad de la luz. Los físicos pueden explicárnoslo a la perfección incluso si no nos enteramos, pero afortunadamente los no físicos solo podemos explicarlo de forma que se entienda fácilmente.

Los fotones no se aceleran; nacen ya a la velocidad de la luz. Pero para acelerar cualquier masa hasta una velocidad cercana a la de la luz, la energía necesaria va aumentando exponencialmente (y la masa también lo hace, ya que masa y energía son proporcionales según la relatividad especial); justo al llegar a la velocidad de la luz, la energía necesaria se vuelve infinita (y por lo tanto, la masa). Pero no existe energía infinita en el universo, ni para nosotros, ni tampoco para un alienígena avanzado. No es posible, ni para nosotros, ni para ellos.

La dilatación del tiempo

Así, ya se entiende que, si no es posible alcanzar la velocidad de la luz, mucho menos superarla. Pero hay otra explicación muy útil para entender esto último, y se basa en la dilatación del tiempo. También según la relatividad especial de Einstein, el reloj de alguien que viaja a mucha velocidad corre más lento que el de quien lo observa sentado. Esta diferencia de tiempos aumenta a medida que la velocidad del viajero se acerca a la de la luz.

Pero al llegar a la de la luz, el reloj del viajero se detiene; el tiempo se colapsa. Y por lo tanto, el viaje a la velocidad de la luz es instantáneo para quien viaja. Si un fotón pudiera sentir, sentiría que su viaje de un extremo a otro del universo es instantáneo, aunque para quien lo ve tardase miles de millones de años. Se entiende que ningún viaje puede ser más rápido que instantáneo, ya que en este caso el viajero llegaría a su destino antes de partir. Lo cual violaría el principio de causalidad. Por lo tanto, no es posible para nadie viajar más rápido que la luz, se llame uno como se llame.

Otra cosa es viajar a una velocidad muy próxima a la de la luz, sin llegar a ella. Según los físicos, esto sí es posible. Pero como ya hemos dicho, viajar a velocidades relativistas (próximas a las de la luz, a las cuales se manifiestan estos efectos) tiene sus peculiaridades. En cuanto a la dilatación del tiempo, esta es una ventaja, ya que según aumenta la velocidad, el tiempo que experimentan los viajeros disminuye. Es decir, que viajar a miles de años luz de distancia no llevaría miles de años para los propios viajeros, sino mucho menos. Los cálculos del físico de la NASA Sten Odenwald nos lo cuentan en función del factor Warp: Warp 1 es 0,9 veces la velocidad de la luz, Warp 2 es 0,99, Warp 3 0,999, y así.

A Warp 1, calcula Odenwald, 1 segundo en la nave son 2,29 segundos en la Tierra. Pero esta diferencia se va acrecentando a mayores velocidades: a Warp 7, 1 segundo en la nave son más de 37 minutos en la Tierra. A esta velocidad, un viaje a una distancia de 4,2 años luz, que para los terrestres duraría 4,2 años (esto es una simplificación sin tener en cuenta el tiempo de aceleración y frenada, que ahora veremos), para los viajeros tardaría solo 16,2 horas. Llegar al centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz, solo costaría 11,6 años para los viajeros. Y aún más: a Warp 37 (0,9999999999999999999999999999999999999 veces la velocidad de la luz) se recorrería todo el universo en solo 0,2 segundos. El problema, eso sí, es que en la Tierra transcurrirían más de 15.000 millones de años; el Sistema Solar ya no existiría, ni posiblemente el propio universo.

Como resumen de esto, cuando se oye o se lee por ahí a alguien diciendo que tal vez algún día podríamos explorar el espacio a la velocidad de la luz, pero que no serviría de mucho porque en el tiempo de un viaje no llegaríamos muy lejos, se equivoca doblemente: no podemos viajar a la velocidad de la luz, aunque sí a velocidades próximas. Y con la tecnología adecuada, se podrían recorrer enormes distancias en trayectos de duración muy corta para los viajeros.

El cohete relativista

Eso sí, en cuanto a esa tecnología necesaria, la lista de la compra no saldría barata. Ya hemos dicho que se necesita un gasto de energía brutal para alcanzar esas velocidades. Los físicos suelen plantear el caso de un propulsor que acelera la nave de forma continua hasta la mitad del trayecto, y que luego la decelera del mismo modo en la segunda mitad. Una buena opción sería una aceleración constante igual a la gravedad terrestre (1g), de 9,8 m/s2 —es decir, acelerar 9,8 m/s cada segundo—, ya que crearía una gravedad artificial similar a la nuestra para los ocupantes.

Según cálculos del físico Philip Gibbs, un año después de su partida ese cohete relativista ya estaría viajando a más de 0,7 veces la velocidad de la luz, y a más de Warp 1 a los tres años. De este modo, en solo cinco años de ida y vuelta (1,25 años acelerando de ida, otro tanto decelerando de ida, y lo mismo para la vuelta), la nave podría recorrer un total de más de 6 años luz, de modo que a su vuelta en la Tierra solo habrían transcurrido 6,5 años. En un viaje de 20 años, regresarían a la Tierra 335 años más tarde habiendo recorrido 331 años luz; en otro de 40 años, después de 58.000 años regresarían a la Tierra tras un viaje de 55.000 años luz.

Claro que, para distancias muy grandes, sería preferible plantear viajes solo de ida; una nueva humanidad viajera de la cual los terrestres nunca sabrían nada. Por ejemplo, un viaje de ida de solo 28 años a una aceleración constante 1g (14 años de aceleración y otros 14 de frenada) llevaría la nave hasta la gran galaxia vecina a la nuestra, Andrómeda, a 2 millones de años luz.

Todo lo cual, volviendo al caso de los ovnis, plantea un problema más allá de la tecnología. Si imaginamos que un ser alienígena avanzado se levanta por la mañana en su planeta con el canto del bronteroc, desayuna, besa a su pareja y a sus hijos, monta en su ovni para venir a darse un garbeo por la Tierra y abducir a unos cuantos humanos y vacas, y por último, siempre que no se estrelle en Roswell, regresa a su planeta a tiempo para la cena…

Bueno, por desgracia, la cena se le iba a quedar algo fría. Porque dependiendo de la distancia y de cuánto pisara el acelerador del ovni, regresaría a su planeta transcurridos cientos, miles o millones de años. No hay escapatoria a esto. La física funciona para todos igual. E.T. vuelve a casa, solo para descubrir que toda su familia ya ha muerto. Fin.

Por tanto, a menos que imaginemos que existe una enorme nave nodriza colonizadora aparcada cerca de la Tierra durante décadas o siglos, y cuya presencia ha escapado hasta ahora a los científicos por algún motivo absurdo… Por supuesto, las creencias son libres, pero la ciencia.

Ah, sí. Los atajos en el universo, como los agujeros de gusano, esos que hemos visto en Contact o Interstellar. Esto, para otro día.

Por Javier Yanes, periodista, escritor, biólogo y doctor en Bioquímica y Biología Molecular

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