El 28 de febrero de 2021 pasó de ser sólo una noche estrellada a una noche que revolucionó a la comunidad científica. Y es que aquella jornada cayó un meteorito en las afueras de Winchcombe, Reino Unido, que proporcionó evidencias sobre los componentes básicos de la vida.

Con 531,5 gramos de material extraterrestre recogido rápidamente tras su aterrizaje, este meteorito se distinguía por su limpieza y escasa contaminación, ofreciendo una muestra sólida para el estudio científico.

Rastros terrestres en un fragmento del meteorito de Winchcombe UNIVERSIDAD DE GLASGOW (UNIVERSIDAD DE GLASGOW/Europa Press)

¿Qué encontraron en el meteorito de Winchcombe?

La investigación fue liderada por Ashley King, del Museo de Historia Natural de Londres, desde donde hallaron varios detalles impresionantes.

Por ejemplo, aproximadamente el 11% de la composición del meteorito es agua, lo que es similar a la de los océanos de la Tierra.

Además, se pudieron identificar aminoácidos fundamentales en la formación del ADN, lo que sugiere una conexión directa con los elementos esenciales para la vida tal como la conocemos.

El meteorito Winchcombe es actualmente el único meteorito que se ha visto caer en el Reino Unido en los últimos 30 años que se ha recuperado. NATURAL HISTORY MUSEUM, LONDON (Sebastian Carrasco/Europa Press)

La técnica para descubrir ADN en un meteorito

Este avance fue gracias a técnicas de análisis no invasivas dirigidas por el Dr. Christian Vollmer y su equipo en el Instituto de Mineralogía de la Universidad de Münster.

Utilizando un “supermicroscopio” en el laboratorio SuperSTEM de Daresbury, pudieron identificar dichos aminoácidos e hidrocarburos heterocíclicos sin alterar la muestra con tratamientos químicos.

Por eso es que este método promete; por primera vez se superaron los desafíos previos de contaminación terrestre, similares a los enfrentados por las sondas Vikings en Marte, y se pudo estudiar los componentes extraterrestres sin arruinar la muestra.

Y la revolución no sólo queda ahí. Tras demostrar que es posible caracterizar los bloques constructivos de la vida en sedimentos cósmicos sin alterarlos, se abren nuevas vías para explorar tanto nuestro propio origen como lo que existe más allá de nuestro planeta.

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