A siete semanas del plebiscito sobre el nuevo texto constitucional, el Presidente Gabriel Boric todavía no explicita si votará a favor o en contra. La demora en anunciar esa importante decisión ha hecho que su sector ya está tomando la decisión por él. Los principales partidos de la coalición oficialista, y también varios ministros, han señalado ya explícita o implícitamente que votarán por rechazar el nuevo texto constitucional. Aunque se espera que los presidentes lideren a sus coaliciones, la indecisión de Boric ha llevado a los partidos oficialistas a tomar la decisión. Lo único que le queda por hacer ahora al Presidente es anunciar que él también votará en contra del nuevo texto.

Es verdad que la posición de Boric es difícil. Después de haber sufrido dos sendas derrotas electorales en menos de dos años de gobierno, no quiere volver a tener un tercer tropiezo electoral antes de llegar a la mitad de su periodo. Una nueva derrota electoral para el oficialismo hará prácticamente imposible que el gobierno pueda avanzar en su agenda de reformas tributaria y de pensiones. Si la gente le da un tercer portazo en la cara al Presidente, votando contra la opción que favorece el Mandatario, difícilmente los legisladores moderados, e incluso varios de la izquierda tradicional, se animarán a brindarle su apoyo al gobierno en el Congreso. Esto hace que Boric quiera jugar a ganador en diciembre.

Hoy por hoy, las encuestas muestran que el voto «En contra» ganará en el plebiscito. Pero quedan siete semanas de campaña y la opción «A favor» va acortando distancia. Una buena campaña que se centre en el mensaje de que la mejor forma de cerrar la incertidumbre constitucional es votando a favor del nuevo texto llevará a muchos indecisos a inclinarse por aprobar el texto propuesto con tal de terminar, de una buena vez, con la fatiga constitucional que aflige a los chilenos.

Es cierto que nada garantiza que la demanda por una nueva Constitución se extinga en diciembre. Es más, si la gente termina percibiendo que esta es una Constitución de derecha, la izquierda convertirá la próxima campaña electoral en una oportunidad para promover nuevas reformas constitucionales. Pero independientemente de lo que pase después, como el electorado ya tiene fatiga constitucional, la intención de voto a favor puede aumentar en las próximas semanas si la gente percibe que, al aprobar el nuevo texto, podrán terminar con esta pesadilla de incertidumbre constitucional que se inició en noviembre de 2019.

Por otro lado, si Boric se suma al voto «A favor» en diciembre, la tensión que eso generará con sus bases será evidente. Es improbable que Boric gane nuevos adeptos entre los votantes de derecha y los que ya rechazan al gobierno, pero es muy probable que el Presidente vea disminuir su base de apoyo si su voto quiebra con la posición que mayoritariamente está tomando hoy la izquierda.

Un anuncio del Presidente indicando su postura a favor de la nueva Constitución pudiera ser también contraproducente para los que quieren que el nuevo texto se apruebe. En el plebiscito de 2022, la impopularidad de Boric alimentó la intención de voto por el Rechazo precisamente porque muchos electores usaron el plebiscito para castigar el Presidente votando contra la opción que defendía el gobierno. Como hay sectores de derecha que ya se oponen al voto «A favor», un potencial anuncio de Boric a aprobar el nuevo texto pudiera llevar a un porcentaje significativo de personas que hoy rechazan al gobierno a votar de forma opuesta a Boric, sólo para castigar al gobierno.

En el plebiscito de septiembre de 2022, solo un 2% de los electores votó nulo o blanco. En las elecciones de mayo de 2023, para el Consejo Constitucional, un 20% de la gente votó nulo o blanco. Ambas elecciones eran con voto obligatorio. Eso hace pensar que los que votaron nulo o blanco en mayo de 2023 pudieran querer usar el plebiscito en diciembre como una oportunidad para castigar al gobierno, o a toda la clase política.

Si Boric se suma a los llamados hechos por algunos grandes empresarios y por los partidos de derecha para votar a favor del nuevo texto, el plebiscito de diciembre pudiera convertirse en una elección entre lo que quiere la élite empresarial y política de derecha -el voto a favor- y lo que quiere el pueblo -castigar a toda la élite. Luego, no está claro que, si anuncia su voto «A favor», Boric le vaya a dar un espaldarazo a la opción apruebo o le haga daño.

Pero lo evidente ahora es que, al haberse demorado tanto en anunciar su voto para el plebiscito de diciembre, Boric ha dejado que otros decidan por él. Mientras la izquierda ya se alinea detrás del voto «En contra», y los ministros de su gabinete ya anticipan cuál será la postura mayoritaria en el oficialismo, la indecisión de Gabriel Boric hace que su liderazgo se disipe y su influencia se desvanezca todavía más.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político y académico UDP, para El Líbero

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