Durante su participación en la 241ª reunión de la Sociedad Astronómica Americana, celebrada en Seattle (EE.UU.) entre 8 y el 12 de enero, científicos de la Universidad de Washington dieron a conocer la última teoría sobre cómo la nebulosa NGC 6302, también conocida como la nebulosa Mariposa, obtuvo su peculiar forma.

Esta nebulosa, situada a una distancia de 3.400 años luz de la Tierra, tiene una envergadura de más de tres años luz y está expulsando capas de gas de una estrella moribunda ubicada en el centro.

Sin embargo, a diferencia de la mayoría de este tipo de cuerpos celestes, que describen una forma circular, NGC 6302 se encuentra bajo la influencia de una segunda estrella, haciendo que el material expulsado se expanda en un par de lóbulos nebulares o ‘alas’.

Cambios estructurales en la Nebulosa de la Mariposa entre 2009 y 2020. Varias características se han desplazado de las regiones negras a las blancas durante el intervalo de 11 años. Lars Borchert and Bruce Balick / University of Washington

«La nebulosa de la Mariposa es extrema por la masa, velocidad y complejidad de sus eyecciones desde su estrella central, cuya temperatura es más de 200 veces más caliente que la del Sol y, sin embargo, es sólo un poco más grande que la Tierra», detalló Bruce Balick, que lidera la investigación.

¿Qué provoca que la nebulosa tenga una forma cambiante?

Tras comparar una serie de imágenes de alta calidad de la nebulosa Mariposa tomadas por el telescopio espacial Hubble con 11 años de diferencia, los académicos lograron determinar las velocidades y patrones de crecimiento de los lóbulos.

Según detallaron en su conferencia, descubrieron que las ‘alas’ de la nebulosa se alimentaron por cerca de 1.400 años de seis chorros que arrojaron una serie de flujos asimétricos. Mientras que las partes externas de la nebulosa se expanden rápidamente, a unos 800 kilómetros por segundo, la más cercana a la estrella central lo hace a una décima parte de esa velocidad.

Según han hipotetizado los expertos, la estrella situada en el centro de la nebulosa, oculta por el polvo y los escombros, podría haberse fusionado con una estrella compañera o haber extraído material de una estrella cercana, creando complejos campos magnéticos y generando los chorros, que al cruzarse entre sí forman estructuras «desordenadas» y patrones de crecimiento irregulares.

Sin embargo, apuntaron, la estructura interior multipolar y cambiante de NGC 6302 no es fácil de explicar con los modelos existentes sobre la formación y evolución de las nebulosas planetarias. «En este momento, todo esto no son más que hipótesis», afirmó Balick, quien señaló que estas podrían ser confirmadas con imágenes infrarrojas del telescopio James Webb.

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