Un adolescente de 16 años estuvo secuestrado durante 43 horas, donde fue golpeado, drogado y torturado. Fueron los dos días más difíciles de la familia, que tuvo que pagar para atenuar el nivel de extorsión y violencia en contra de su ser querido.

El secuestro se ha transformado en un lucrativo negocio en la región, donde México, Colombia y Venezuela lideran las cifras de este ilícito negocio. La instalación de organizaciones criminales internacionales en el país, ha sido tierra fértil para la importación  de este y otro delitos, que en Chile no se acostumbraba a ver.

Las largas 43 horas del secuestro

La tarde del 16 de octubre, un adolescente de 16 años salió a comprar en Illapel, región de Coquimbo. En el camino, una niña de 14 años, con quien había compartido en algunas oportunidades, le envió un mensaje para que se vieran en una plaza y conversar.

El joven acepta y cuando va camino al citado lugar, es interceptado por un grupo de personas e intimidado con un arma, por lo que se le obliga a subir a un vehículo y se lo traslada por varias horas hasta instalarlo en una cabaña, donde comenzó la tortura.

Escuchas telefónicas resultaron claves en el secuestro

“Tenemos a tu hijo… y queremos $150 millones de pesos o lo vamos a matar”. Fue una de las primeras llamadas que recibió la familia extorsionada. Ahí obligan al padre del joven, que estaba en Santiago, a mandar los primeros $200 mil pesos.

“Lo voy a torturar, le voy a cortar las orejas y los dedos, le voy a pegar. Te vamos a mandar un video quebrándole las patas (pies), no estamos jugando…”, fue otro de los fuertes audios que recibió la familia.

Cuando iban 42 horas del secuestro, se realiza el último llamado, donde los antisociales obligan al menor a despedirse de su familia: “Como ustedes no pasaron la plata, me van a tener que matar”.

Una hora después, la PDI pudo detener a los secuestradores en la ruta camino a Illapel. Eran dos adultos y dos menores de edad, uno de ellos revela el lugar del cautiverio del joven, donde rápidamente la policía acude en ayuda del menor.

Por el delito de la sustracción de menores, los delincuentes arriesgan una pena que va desde los 15 años hasta la cadena perpetua.

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