El programa Innovative Advanced Concepts (NIAC) de la NASA ha decidido financiar un ambicioso proyecto para mandar un enjambre de miles de sondas espaciales a Próxima Centauri, la estrella más cercana al sistema solar que está a 4,25 años luz de la Tierra. Las diminutas sondas espaciales llevarán un novedoso sistema de propulsión láser que podría acortar el tiempo de viaje y alcanzar a nuestra estrella vecina durante este mismo siglo.

“Es probable que las sondas interestelares a escala de un gramo empujadas por luz láser sean la única tecnología capaz de alcanzar otra estrella este siglo”, asegura Marshall Eubanks, líder del proyecto y científico jefe de la empresa californiana Space Initiatives. “Suponemos que a mediados de siglo dispondremos de un rayo láser lo bastante potente (aproximadamente 100 GW) como para impulsar unos gramos a velocidad relativista [cercana a la velocidad de la luz], de velas láser lo bastante robustas para sobrevivir al lanzamiento y de cubos de luz terrestres (~1 km2) lo bastante grandes para captar nuestras señales ópticas”.

Este tipo de propulsor láser funciona al revés que los motores químicos actuales. Los motores tradicionales expulsan gases por la parte trasera, consiguiendo un impulso hacia atrás que es igual al aumento de velocidad del vehículo hacia delante. Pero esto, dice Eubanks en declaraciones para Universe Today, no consigue generar una velocidad suficiente. Viajar a una velocidad inferior a la relativista hará que los viajes interestelares sean increíblemente largos y, por tanto, poco factibles.

Una armada para buscar vida

El investigador explica que viajar por el espacio interestelar es una cuestión de distancia, energía y velocidad. El récord de mayor distancia jamás recorrida por una nave espacial lo tiene la sonda espacial Voyager 1, que tras 46 años de viaje se encuentra actualmente a más de 24.000 millones de km de la Tierra. La Voyager 1 usa un propulsor químico tradicional y ha alcanzado una velocidad máxima de 61.500 km/h, muy lejos de los 40 billones de km que suponen los 4,25 años luz. Aunque el nuevo propulsor que propone Eubanks no puede impulsar una nave con el peso de la Voyager 1, sí podría hacerlo con sondas más pequeñas.

«Hacer rebotar fotones en una vela láser resuelve así el problema de la velocidad», dice el investigador. «Pero el problema es que un fotón no tiene mucho impulso, así que necesitamos muchos. Y dada la potencia de la que probablemente dispondremos, incluso dentro de un par de décadas, el empuje será débil, por lo que la masa de la sonda tiene que ser muy pequeña: gramos, no toneladas».

Una ilustración de cómo puede ser Proxima Centauri b.
Una ilustración de cómo puede ser Proxima Centauri b

Si se consigue la tecnología suficiente para fabricar las sondas que propone Eubanks, la misión con un enjambre de miles de sondas autónomas podría llevarse a cabo durante el tercer cuarto de este siglo. El proyecto ha sido seleccionado por el NIAC para pasar a la fase 1 de desarrollo, junto con otras 13 propuestas prometedoras.

«Evidentemente, enviar muchas sondas tiene la ventaja de la redundancia. El viaje espacial es arriesgado y el viaje interestelar es probable que sea más arriesgado todavía, así que si enviamos muchas sondas, podemos tolerar una alta tasa de pérdidas. Pero podemos hacer mucho más», explica el investigador. «Queremos buscar indicios de biología e incluso de tecnología, por lo que sería bueno acercar mucho las sondas al planeta, para obtener buenas imágenes y espectrometría de la superficie y la atmósfera. Eso será difícil para una sola sonda, ya que no sabemos muy bien dónde estará el planeta [Próxima Centauri b] dentro de más de 24 años. Si enviamos un grupo de sondas, al menos unas pocas se acercarán al planeta y obtendremos la visión de cerca que deseamos».

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