Sebastián Piñera gobernó Chile durante dos períodos. Se define a un estadista como aquella persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado. Sebastián Piñera lo era. Su WhatsApp decía en su estado: “Estudiando”. Nos dejó un gran líder, que como estadista supo anticipar, resolver y avanzar en temas importantes para la gente.

El ser humano, al que describían como frío, lejos de eso. El Presidente se derretía por sus nietos, amaba a su familia, a sus hermanos, a sus amigos, era inteligente y sagaz, estudioso, y además tenía un gran sentido del humor.

Lo conocí desde la universidad, estudiando Economía en la Universidad Católica, aunque él decía entre risas: «la vi nacer». Mi padre y su padre trabajaron juntos. Fue un importante soporte en la campaña del NO, y en los necesarios diálogos que se debían llevar a cabo al retornarse a la democracia, durante el gobierno de Patricio Aylwin.

Tuve el honor de que me designara Embajadora de Chile en Uruguay, sumando el privilegio de recibirlo en dos oportunidades.

La primera oportunidad fue el 1 de marzo de 2020; asumía como Presidente Luis Lacalle Pou.

Retirándonos de la primera ceremonia efectuada en el Parlamento uruguayo, en la cápsula presidencial, el entonces Presidente observa de cerca, a miles de caballos y sus jinetes. Me pregunta, ¡¿y esto qué es?! Le respondo -siempre se debía tener las respuestas certeras y rápidas- «es el campo que vino a apoyar al Presidente Lacalle». Me mira y dice: «¿Nos podemos bajar?». Teníamos 20 minutos de distancia con la siguiente cápsula. Sí, le dije. Eran 3.500 caballos. Saltó del auto oficial, acercándose a saludar a los jinetes -hombres mujeres niños -que le gritaban «¡ánimo, usted puede!». Eran aquellos tumultuosos momentos en donde en ese Chile violento, fue brutalmente denostado.

Se acercó un caballo hacia nosotros; su jinete, una mujer que portaba una bandera chilena, le manifestó que era chilena, que vivía en el campo uruguayo, que lo admiraba y que le deseaba toda la suerte para tan difíciles momentos. La abrazó ante el aplauso cerrado de aquella inmensa cabalgata. Lo vi feliz, se reía, lo abrazaban. La custodia observaba y se acercaba, atónita y nerviosa. Aquel momento, fue para él, un remanso de reconocimiento, el regalo de algunas sonrisas para quien gobernaba un país lleno de rencores y odios, producto de la violencia del 2019.

Otro remanso fue al terminar un almuerzo informal con todo el personal de la embajada, sacándose fotos, haciendo bromas con una gran calidez hacia quienes allí trabajaban.

El segundo viaje, fue en septiembre de 2021, en visita oficial a Uruguay. En dicha oportunidad inauguramos la nueva sede de la embajada -más pequeña, de 600 m2, con oficinas más chicas y bonitas, ahorrando dinero público que era lo que me había solicitado al designarme. Inauguramos allí dos cosas: la sala Sergio Catalán en honor de los uruguayos que murieron y los que sobrevivieron en aquel trágico accidente en la cordillera de Los Andes, junto al Presidente Piñera, la querida Cecilia, autoridades de ambos países, y algunos de los sobrevivientes.

En ese instante, dijo unas palabras mirando una pintura que retrataba a Sergio Catalán -aquel arriero que solicitó la ayuda que permitió rescatar a estos jóvenes- dirigiéndose a Catalán (a quien recibió más de una vez en la Moneda) y a estos uruguayos, momentos en que todos los allí presentes escuchábamos emocionados hasta las lágrimas, por esa ternura y cercanía que mostró hacia quienes tanto habían sufrido.

Inauguramos también la Plaza Gabriela Mistral, de las mujeres de Chile y Uruguay que en un eje de tiempo mostraba los avances en materia de género y diversidad desde 1900 hasta ese momento.

La vicepresidenta de Uruguay, senadoras, diputados, junto a Cecilia Morel y al Presidente, inauguró feliz aquel espacio dedicado a las mujeres y a la diversidad.

Al terminar ambas ceremonias, en una reunión cerrada con empresarios uruguayos y argentinos, le preguntaron qué había sentido y cómo había tomado la decisión aquel 12 de noviembre de 2019 -el día más violento de la revuelta- de convocar al Acuerdo por La Paz y Nueva Constitución. Sebastián Piñera respondió que se había quedado en una oficina solo, pensando y sintiendo que no quería que se derramase ni una gota de sangre, defendiendo la democracia y a las familias de tantos que podrían haber muerto si hubiera habido intervención armada, por lo cual eligió la salida institucional para lograr la paz.

Se fue un gran demócrata, un hombre sensible y cercano que deja grandes enseñanzas de cómo se conjuga el estadista con el ser humano.

Por Iris Boeninger Iris Boeninger, Economista, exembajadora de Chile en Uruguay, para El Líbero

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