La economía del Biobío está en vilo. Y es que un eventual cierre definitivo de la siderúrgica Huachipato remecería fuertemente a la región y podría tener consecuencias similares -según expertos- a las que se vivieron a fines de los 90 con el cese de las minas de carbón en la zona.

Esta semana la acerera anunció la suspensión indefinida de sus operaciones, producto de las «insuficientes» salvaguardas de un 15,3% en promedio que la Comisión Antidistorsión recomendó aplicar a tres empresas chinas, lejos del 25% que habían solicitado para las cinco compañías del país asiático.

Y si bien el Gobierno ha dicho que buscará «alternativas que permitan dar continuidad a la operación», aún no se tiene claridad acerca de lo que ocurrirá.

El impacto en el empleo

Huachipato emplea directa e indirectamente a alrededor de 22 mil personas. Es por esto que, entre las consecuencias de un cierre definitivo, todos destacan el impacto en los puestos de trabajo, en una región cuya tasa de desocupación llegó en el último trimestre medido a 8,1%.

«Esto, para una región ya deprimida en términos de empleo y dependiente de la industria manufacturera, generaría un aumento de la pobreza en los próximos periodos», destaca José Ignacio Hernández, académico investigador de la Facultad de Economía y Gobierno de la USS, sede Concepción.

La caída -recalca, por su parte, Víctor Hernández, profesor del Departamento de Economía de la U. de Concepción- «impactará los ingresos de las personas deteriorando su capacidad de gasto y con ello, una fuerte reducción en el consumo de hogares, que golpeará al sector comercio, principalmente en Talcahuano y Concepción».

La Multigremial Nacional de Emprendedores ya tiene algunas estimaciones.

Según explican, el cierre tendría un impacto en más de 1.090 pymes -740 a nivel nacional y 350 en la octava Región- y las pérdidas alcanzarían los US$330 millones. «Considerando que un grupo familiar de estos trabajadores en promedio es de cuatro integrantes, el impacto de la suspensión llegaría a 88.000 personas», dicen desde la entidad.

Pero el cierre de Huachipato podría, además, golpear a otras empresas.

José Ignacio Hernández explica que «la industria minera se vería afectada, ya que son los principales compradores de los productos de acero que produce Huachipato. Si bien parte de este sector ya importa estos insumos, para el resto de las empresas tomará tiempo buscar nuevos proveedores, negociar contratos y determinar un precio conveniente».

El «fantasma» de Lota y el carbón

Tanto a José Ignacio Hernández de la USS, como a Víctor Hernández de la U. de Concepción, se les viene a la mente lo que ocurrió cuando, a fines de los 90, las minas de carbón de Coronel y Lota se vieron obligadas a cerrar.

Ese proceso -que marcó fuertemente al Biobío- se llevó a cabo durante el Gobierno del ex Presidente Eduardo Frei, y tuvo -para el evitar el cierre- manifestaciones, huelgas de hambre y una marcha que llevó a 300 mineros de la zona hasta la capital.

Luego, ante el aumento drástico del desempleo, se intentó un plan de reconversión, que fracasó rotundamente.

Durante los años siguientes, Lota lideró en varias ocasiones los índices de mayor desocupación a nivel regional, mientras que en Coronel se construyó el Puerto Coronel, con el objetivo de aliviar la situación económica.

«Considerando que no es fácil reconvertir estos empleos y destinarlos a otros rubros, el cierre de Huachipato podría tener consecuencias similares a lo que sucedió en la industria del carbón en esta misma región en los años 1990-2000», subraya José Ignacio Hernández.

Víctor Hernández, en tanto, indica que «hay quienes han pensado que para enfrentar una eventual crisis, sobre todo por el alto desempleo que se generaría, podría centrarse en crear condiciones para iniciar un proceso de reconversión mediante el desarrollo de nuevas actividades.

Sin embargo, estas iniciativas y soluciones, practicadas en la región hace algunos años, han terminado en rotundos fracasos. A modo de ejemplo, recordemos lo ocurrido con el cierre de las minas de carbón de Coronel y Lota».

/Escrito para Emol por Pablo San Martín