Los últimos datos del telescopio Webb sugieren que las primeras estrellas se formaron unos cien millones de años después del Big Bang, cuando el Universo tenía un pequeño porcentaje de su edad actual. Estos primeros reactores nucleares fusionaron el hidrógeno en elementos más pesados, incluidos el carbono y el oxígeno, que son esenciales para la química de «la vida tal como la conocemos», el hierro, que es esencial para hacer planetas rocosos capaces de albergar agua líquida en su superficie, y el silicio, que es esencial para fabricar chips que permitan la inteligencia artificial (IA).

Después de que las primeras estrellas masivas explotaran y enriquecieran su entorno con estos elementos pesados, la vida podría haber comenzado. Por supuesto, se necesitaron miles de millones de años para que emergieran formas de vida complejas en la Tierra y el universo primitivo no duró tanto. Pero los microbios podrían haber existido en los desplazamientos al rojo cosmológicos. ¿Podemos encontrar alguna evidencia de que existieran microbios de [esa antigüedad] y, de ser así, dónde?

Un enfoque es estudiar las estrellas más antiguas en el universo actual y comprobar si albergan planetas a su alrededor. Si lo hacen, entonces las órbitas de algunos de estos planetas pueden estar orientadas de manera que transiten por la cara de su estrella anfitriona en cada período orbital. Estos tránsitos nos permiten buscar huellas espectrales de moléculas, como oxígeno, metano, dióxido de carbono o vapor de agua, que serían indicativas de vida microbiana. Por supuesto, incluso si los encontramos, no hay garantía de que estas formas de vida ya existieran cientos de millones de años después del Big Bang. Sin embargo, tal descubrimiento sugeriría que la vida temprana era posible.

Y también está la “vida-como-no-la-conocemos”. En un artículo reciente sugerí que, si la misión Dragonfly de la NASA a Titán, la luna rica en materia orgánica de Saturno, descubriera vida en sus océanos líquidos de etano y metano en 2028, entonces la vida también sería posible en el universo primitivo. La temperatura de la superficie de Titán, de 94 grados Kelvin sobre el cero absoluto, coincide con la temperatura promedio en el universo después de que se formaron las primeras estrellas. Cuando el Universo tenía unos 90 millones de años y un desplazacmiento al rojo dez=33,5, la temperatura en todo el Universo era de 94 grados Kelvin y no era necesario que un mundo parecido a Titán estuviera cerca de una estrella para mantener su calor. Desde ese punto tan temprano, los microbios de alto desplazamiento al rojo podrían haber presenciado el 99% de la historia cósmica desde muy cerca, mucho mejor que nuestros mejores telescopios.

| Nuestra imaginación está limitada por lo que hemos experimentado hasta ahora.

Hay muchas cosas que no sabemos desde nuestro limitado punto de vista sobre formas de vida alternativas y lo que sucedió en nuestro pasado.

Por un lado, nuestro horizonte cósmico limita nuestros telescopios a documentar lo que sucedió a nuestro alrededor durante el tiempo de viaje de la luz desde el Big Bang, hace 13.800 millones de años. Podemos compensar esto desarrollando una teoría de la gravedad cuántica que nos permita descubrir qué sucedió antes del Big Bang o más allá de nuestro horizonte cósmico.

Nuestras naves espaciales de propulsión química limitan nuestro horizonte de viaje a una escala 10.000 veces más pequeña que el horizonte cósmico. Podemos compensar esto estudiando los objetos interestelares que llegaron a nuestra puerta desde fuera del sistema solar a velocidades más rápidas. La información que nos falta podría ser recuperada en la próxima expedición oceánica del Proyecto Galileo y el estudio Observatorio Vera Rubin.

Finalmente, nuestra imaginación está limitada por lo que hemos experimentado hasta ahora. Podemos compensar esto hablando con personas —o extraterrestres— con experiencias diferentes a las nuestras. Acabo de llegar a Vancouver, Canadá, para asistir a una cena inspiradora ofrecida por el brillante inversor Guy Spier, con otros asistentes a la conferencia TED 2024. No hay duda de que mi imaginación se verá enriquecida con conversaciones adicionales durante los próximos días, excepto por un breve descanso durante mi propia conferencia TED, cuando describiré mi ignorancia sobre la vida en el cosmos y cómo planeo superarla buscando pruebas.

*Avi Loeb es jefe del proyecto Galileo, director fundador de la Iniciativa Black Hole de la Universidad de Harvard, director del Instituto para la Teoría y la Computación del Centro de Astrofísica Harvard-Smithsonian y autor del bestseller Extraterrestrial: The first sign of intelligent life beyond earth.

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