Aunque todo candidato siempre promete más de lo que puede cumplir, cuando un candidato prometió cosas totalmente distintas a las que intenta cumplir una vez en el poder, la contradicción entre lo que prometió y lo que está haciendo alimenta las sospechas de que ese gobernante es un mentiroso, un inepto o, peor aún, un oportunista sin principios. Cuando un gobernante queda expuesto en mentiras flagrantes, es muy difícil que ese gobernante pueda convencer a la oposición y que él es alguien fiable y convencer a la gente que es un buen líder.

El Presidente Gabriel Boric pasó de ser el candidato que en 2021 prometía terminar con el modelo neoliberal a convertirse en un Presidente que, en palabras de sus propios aliados, está mutando para convertirse en un socialdemócrata, igual que esos mismos gobiernos que el Frente Amplio criticó con tanta fuerza cuando era líder estudiantil y diputado de extrema izquierda.

Es verdad que el ejercicio del poder obliga a madurar y a menudo hace que los gobernantes vean las cosas de otra forma. Pero en el caso de Boric no hay nada nuevo que haya pasado que pueda explicar sus cambios de postura. Todo lo que puede haber hecho que el Presidente Boric cambiara de postura es información que era ampliamente conocida antes de que llegara al poder. Pero como en campaña, y desde la propia casa de gobierno, Boric en múltiples ocasiones denunció esas verdades como falsas, esos cambios tan radicales de posición política requieren de una explicación.

La conversión de Boric de un líder de izquierda radical que quería refundar el país -incluidos Carabineros- en uno que quiere mejorar lo que hicieron sus predecesores comprensiblemente confunde a aliados y adversarios. O Boric siempre supo que las cosas que prometió en campaña eran impracticables o imposibles, o bien Boric simplemente es un oportunista que, para salir del profundo foso de inacción y confusión en que está su gobierno, ha decidido abandonar sus principios y tocar la música que le pone la oposición.

Sobra la evidencia para creer que Boric realmente estaba convencido de muchas de las irrealizables e inconvenientes promesas que hizo como candidato. Ya como Presidente, Boric intentó oponerse a la ratificación del TPP-11, envió un proyecto de ley que terminaba con el sistema privado de pensiones, presentó un proyecto de reforma tributaria que debilitaría las posibilidades de crecimiento futuro, y apoyó un proyecto de nueva Constitución que no tenía ni pies ni cabeza. Si alguien duda que el Boric Presidente creía en las promesas que hizo el Boric candidato, basta recordar los imperdonables indultos que hizo el Presidente en diciembre de 2022, nueve meses después de asumir el poder.

Entonces, la única opción que queda es para explicar los cambios de postura del Presidente es que Boric es un oportunista que es capaz de decir cualquier cosa para salir de la difícil situación en que se encuentra. La frase del viernes pasado, cuando aseveró que jamás había festinado con la imagen del «perro matapacos» pudiera ser la evidencia concluyente de que Boric es lisa y llanamente un oportunista mentiroso. Bastaron sólo unas horas para que se multiplicara la evidencia de que efectivamente había festinado con la imagen del perro matapacos.

¿Por qué entonces el Presidente mintió tan descaradamente? Hubiera sido mucho mejor explicar que, al igual que muchos otros chilenos, Boric fue evolucionando en sus posturas. Las encuestas mostraban, a fines de 2019, que una mayoría de la población desconfiaba de Carabineros. Los escándalos de corrupción y abuso policial que golpearon a la institución ayudan a explicar la enorme caída en la confianza en Carabineros que se observó en Chile en 2018 y 2019. Pero en vez de explicar que a él le pasó lo mismo que a muchos otros chilenos que pasaron de desconfiar a confiar en Carabineros, Boric optó por caer en una burda mentira que rápidamente fue expuesta como tal.

Habiendo quedado como un mentiroso, Boric ahora enfrenta la difícil tarea de tener que construir puentes con la oposición y con sus propios aliados para poder avanzar en las reformas que el país necesita. El problema de ser pillado en una mentira es que nadie quiere volver a creerle a un mentiroso. Como, para poder avanzar con sus reformas, Boric necesita que la oposición y sus propios aliados le crean, su situación hoy por hoy es muy compleja. Si decide seguir avanzando en su conversión hacia la social democracia, Boric arriesga perder el apoyo de sus bases de izquierda más duras y pudiera no ganarse la confianza de los más moderados que dudan de qué tan auténtica es su conversión. Si en cambio Boric vuelve a sus raíces de izquierda más duras -si vuelve a ser el verdadero Boric- entonces el Presidente quedará como un oportunista poco confiable.

No es fácil la situación del Presidente Boric. Una vez que un político ha quedado expuesto como un mentiroso capaz de decir cualquier cosa para salir de una situación complicada, la gente queda con pocas ganas de seguir escuchando a ese político y muchas menos ganas de volver a darle el beneficio de la duda.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político y académico UDP, para El Líbero

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