Dicen que “quien nada sabe, nada teme”. Esta frase tiene que ver con que, la falta de conciencia frente a una realidad desde la ignorancia permite sin temor decir cualquier cosa, incluso ser atrevido. Esto no en el sentido de valentía, sino que abiertamente una “falta de respeto” y un literal “atentado a la inteligencia”. El ignorante, cuando es además poco inteligente, no se sabe ignorante. Celebra su ignorancia como “espontaneidad” y “autenticidad”. No es espontáneo, ni auténtico, ya que la falta de conocimiento limita la imaginación (a mayor rango de conocimiento, mayor rango de imaginación).

El conocimiento es la base del pensar e imaginar, es el alimento de la racionalidad. A falta de conocimiento y conceptos, falta de actividad racional. La ignorancia estupidiza. El ignorante no puede ser realmente auténtico, ya que no tiene conciencia de quién es, ni comprende su entorno. No entiende, ni dimensiona la realidad. Es como diría el mundo jurídico, “un incapaz relativo”.

Esta reflexión se hace evidente frente a los dichos del Presidente respecto a que los bancos son “coñetes”. Los bancos no son avaros y malas personas, como se intenta establecer en ese comentario. Los bancos deben ser responsables. El crédito es una gran invención humana que permite multiplicar las riquezas en el mundo ya que permite contar con recursos, que de otro modo, no serían posibles en ese instante. Pero, como bien dice la palabra crédito viene de “credo”, implica un acto de fe. “Yo te presto dinero y creo que tú me vas a pagar”. Pero eventualmente podrías no pagarme. Por lo mismo, este acto de fe requiere cierta certeza.

No le puedo prestar a cualquiera, ya que el potencial pago es relativo a las posibilidades futuras de flujos reales del sujeto del crédito en el tiempo. Es decir, no es lo mismo prestarles a los solventes (que tienen ciertos flujos reales permanentes) que a los insolventes (que evidentemente no tienen los flujos, al menos regularmente). Esta es la razón por la que algunos pueden ser sujetos de crédito bancario y otros no. Para los insolventes siempre ha habido créditos con más altas tasas, ya que el riesgo de no pago es mayor. Los bancos y las entidades crediticias no prestan por caridad, es y debe ser un negocio. Todos ganan, al que se le presta tiene un flujo inmediato, que no tendría y el que presta gana dinero por ese préstamo. Eso es “win win”.

Los bancos no son buenos o malos, es un negocio (tiempo ocupado, opuesto al ocio, tiempo libre). Los bancos trabajan el dinero de otros y deben, por esos otros, ser responsables frente al riesgo de no pago. No nos olvidemos lo que sucedió en el sistema bancario americano con los llamados “créditos tóxicos” en la “crisis subprime”. Se les prestó masivamente a insolventes que no pagaban y todo colapsó. Ser cuidadoso en los préstamos es esencial para que el sistema permanezca sano.

Los dichos del Presidente son también curiosos, ya que hoy, se manifiesta preocupado por la situación de las inmobiliarias y constructoras de Chile. Parece que se le olvida que fueron ellos los que venían a “meterle inestabilidad al país”. Los que estuvieron dispuestos a quemar Chile para lograr el poder y que la inestabilidad generada fue lo que hizo que cualquier persona sensata perdiera la confianza en el país. Los capitales se fueron, el dinero viaja rápido y ellos fueron los responsables.

Las inversiones se estancaron y otra vez, los que hoy son gobierno, frenaron el país que, ciertamente, ya venía desacelerado por las malas políticas del gobierno de Michelle Bachelet II. Los “iluminados” de la “generación dorada”, es decir ellos, gritaron a favor de los retiros, no por la gente, sino que para cumplir su “sueño húmedo” de terminar con el neoliberalismo, causa abstracta de todos los males. Los retiros atacaban al corazón del modelo, su mercado de capitales. Al quitarle profundidad al mercado de capitales los créditos se hicieron más caros, ya que, para controlar la inflación generada por más dinero circulante, fue necesario subir las tasas. Fueron los que hoy son gobierno quienes literalmente se “fregaron” a las generaciones futuras anulando el sueño de la casa propia, al encarecer los créditos. Las constructoras y las inmobiliarias ahogadas desde las reformas que les anulaban las prebendas tributarias, con una potencial demanda de compra de departamentos eliminada por el alza de los hipotecarios y la inestabilidad país, literalmente colapsaron. Las tres causas consecuencias de las malas ideas y políticas de quienes hoy son gobierno. A eso súmenle las 40 horas y el encarecimiento de la contratación. La tormenta perfecta.

Sin duda la ignorancia es atrevida. El analfabetismo económico queda en evidencia, pero la falta de conciencia de ser la real causa del drama inmobiliario y de tantos otros sectores, demuestra que no comprenden y lo que es peor, son unos irresponsables. Culpar al empedrado de las responsabilidades personales es algo tan antiguo como el “hilo negro”. Sin duda el atrevimiento es superior y la ignorancia envalentona, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Por Magdalena Merbilháa, periodista e historiadora, para El Líbero

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