Ya no nos resulta ajeno que nos recalquen que la dieta tiene un profundo impacto en nuestra salud, ya sea en el peso o en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares u otro tipo de enfermedades como la diabetes tipo 2. Ahora, un nuevo e importante estudio desarrollado por la Universidad de Warwick revela una conexión menos conocida pero interesante e importante: es crucial también para la salud de nuestro cerebro.

Lo que comemos, importa

La conclusión es clara: una dieta sana y equilibrada se asocia con una salud cerebral superior, una mejor función cognitiva y un mayor bienestar mental. La relación entre nuestra dieta y la salud de nuestro cerebro podría implicar alteraciones en los biomarcadores moleculares, la microbiota intestinal y la estructura y función del cerebro, según apuntan los autores en su trabajo publicado en la revista Nature Mental Health.

Este resultado tampoco es nuevo; ya ha quedado demostrado que la dieta mediterránea se asocia con una mejor salud cerebral y un riesgo reducido de enfermedades neurodegenerativas y que las dietas a base de comida basura están asociadas con mayores riesgos de depresión y otras afecciones psiquiátricas.

Un estudio con gran cantidad de datos

El nuevo estudio venía impulsado por la hipótesis de que una dieta más equilibrada y variada podría asociarse con mejores resultados de salud cognitiva y mental. Para llevarlo a cabo, los investigadores se basaron en un amplio conjunto de datos del UK Biobank, una vasta base de datos biomédica que recopila información genética y de salud detallada de más de 500.000 habitantes de Reino Unido.

Para este trabajo en concreto, analizaron la información de 181.990 participantes (con una edad media de 70,7 años y alrededor del 57% eran mujeres) que habían completado exhaustivos cuestionarios online sobre sus preferencias alimentarias. En total, contaron con análisis de sangre -que muestran marcadores metabólicos afectados por la dieta, como puede ser un nivel de colesterol alto o la glucosa en sangre-, pruebas genéticas, para comprender las variaciones en los genes que nos inclinan a comer determinados alimentos, escáneres cerebrales, para tener una imagen fija de la estructura del cerebro y los posibles cambios provocados por la nutrición, evaluaciones de bienestar mental en general y pruebas cognitivas para evaluar la capacidad de memorizar, resolver problemas, la atención y otro tipo de funciones cerebrales.

Con todo este volumen de información, los científicos emplearon un algoritmo de inteligencia artificial para analizarlos y encontrar patrones fiables que asociaran las elecciones dietéticas a la salud física y mental.

Resultados

Los investigadores encontraron que los participantes del estudio seguían uno de cuatro patrones dietéticos distintos: patrón sin almidón o bajo en almidón (18,09%), patrón vegetariano/basado en plantas (5,54%), patrón alto en proteínas y bajo en fibra (19,39%), o patrón equilibrado (56,98%).

De acuerdo con los datos, los participantes del estudio que adoptaron un patrón de dieta equilibrada, presentaron la menor incidencia de problemas de salud mental y obtuvieron las puntuaciones más altas en funciones cognitivas. Estos resultados sugieren que la diversidad nutricional es beneficiosa para mantener y mejorar la función cerebral, lo que podría ayudar a prevenir el deterioro cognitivo con el envejecimiento. Además, mostraron un mejor bienestar mental general. Esta conexión resalta el potencial de las opciones dietéticas para servir no solo a la salud física sino también como un componente de control de la salud mental. También se observó que estos individuos tenían mayores cantidades de materia gris en el cerebro (un tipo de tejido cerebral repleto de células nerviosas que son esenciales para pensar, aprender y tomar decisiones), en comparación con aquellos que seguían una dieta menos variada.

| «Una dieta sana y equilibrada se asocia con una salud cerebral superior, una mejor función cognitiva y un mayor bienestar mental»

A raíz de estos resultados, los autores exponen que lo mejor es centrarse en crear cambios sostenibles que podamos mantener en el tiempo y no dietas restrictivas o con supuestos beneficios a corto plazo. Los cambios pequeños y graduales, como ir disminuyendo la cantidad de sal y azúcar que tomamos cada día y evitar los productos procesados, es la mejor decisión para que nuestra estabilidad nutricional apoye no solo nuestra salud física y mental, sino también la de nuestras funciones cognitivas.

«Desarrollar una dieta sana y equilibrada desde una edad temprana es crucial para un crecimiento saludable. Para fomentar el desarrollo de una dieta sana y equilibrada, tanto las familias como las escuelas deben ofrecer una gama diversa de comidas nutritivas y cultivar un entorno que apoye su salud física y mental», concluye Jianfeng Feng, profesor del Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Warwick y coautor de la investigación.

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