Después de varios años en que la derecha demostró falta de coraje para defender sus valores y principios, esta es una inmejorable oportunidad para que demuestre que es capaz de dar la pelea por las cosas en las que cree, escribe Patricio Navia, sociólogo, cientista político y académico UDP, en su columna publicada en el medio electrónico El Líbero.

La predecible decisión del Presidente Gabriel Boric de reflotar, en su tercer discurso anual ante el Congreso, la propuesta de ampliar el derecho al aborto en Chile ha producido reacciones decepcionantes en la oposición de derecha y centroderecha. En vez de recibir con entusiasmo la oportunidad de debatir un tema valórico importante y poder defender sus principios y visión de vida, muchos en la derecha han reaccionado rechazando la propuesta presidencial de debatir este importante tema en la arena pública.

Es difícil entender la decisión de varios diputados de derecha de retirarse del salón del Congreso Nacional cuando Boric hizo referencia al derecho al aborto. Ya que la cuenta anual del Presidente es la ocasión en que el Mandatario delinea sus prioridades y anuncia la forma en que planea cumplir sus promesas de campaña, resulta inevitable que haga mención a prioridades que la oposición rechaza. Por eso, es poco razonable y bastante insensato retirarse de una ceremonia republicana sólo porque escuchas algo que no te gusta. Si los parlamentarios de derecha quieren que el Presidente sólo anuncie cosas con las que ellos están de acuerdo, entonces deberían trabajar más duro para lograr que uno de ellos logre ganar la próxima elección presidencial.

Lo que hizo Boric tiene todo el sentido del mundo. En un año electoral, y considerando que el Presidente tiene más rechazo que aprobación, Boric intentó poner temas en la agenda que él considera ganadores. Al rescatar del baúl de los recuerdos una de sus tantas promesas de campaña que había pasado al olvido, Boric desempeñó una de las funciones de todo buen político, hacer valer su palabra y cumplir lo que prometió. Es cierto que nos hemos acostumbrado a que Boric haya abandonado sus promesas de campaña más radicales, pero la democracia precisa que los políticos intenten cumplir sus compromisos.

No se sabe si una mayoría de los chilenos estará de acuerdo con la propuesta de ampliar el derecho al aborto más allá de las tres causales que hoy existen en la legislación (peligro para la vida de la mujer, inviabilidad fetal de carácter letal, y embarazo por violación). Pero la democracia brinda una inmejorable arena para que se planteen los argumentos a favor y en contra de una reforma al statu quo y para que la gente decida por sí misma. De hecho, una buena forma de profundizar y mejorar la democracia en Chile hoy sería estableciendo que, al final del debate, los propios chilenos determinaran en un plebiscito si quieren ampliar el derecho al aborto, mantener el statu quo o restringirlo.

Es cierto que después del mal diseñado, agotador y fracasado proceso constituyente, la gente ya no quiere saber nada de plebiscitos. Pero un debate sobre el derecho al aborto permite realizar un plebiscito lo suficientemente acotado y relevante para que la gente se vuelva a entusiasmar con la democracia. En vez de tener que votar sobre un mamarracho constitucional que nadie leyó y que pocos entendían (incluidos muchos de los que lo redactaron), un plebiscito sobre el aborto permitirá que los chilenos zanjen de forma democrática e informada una cuestión valórica que tiene repercusiones inmediatas sobre sus vidas y que permite delinear el tipo de sociedad en la que queremos vivir.

Es cierto que un debate sobre el aborto hace más difícil que se logren acuerdos en otros temas, como la reforma de pensiones o la reforma tributaria. Esto simplemente porque al dedicarle tiempo y energía a debatir sobre el aborto, el gobierno deberá dedicar menos tiempo y esfuerzo a debatir otros temas que antes parecían prioritarios. Pero el gobierno fue electo para poner los temas sobre la mesa y para establecer las prioridades. Si Boric cree que es mejor que el país cambie de foco y se aboque a debatir sobre el derecho al aborto, es inevitable que el debate sobre pensiones o reforma tributaria perderá fuerza.

La derecha sabe que, en las pensiones, su posición es apoyada por una mayoría, por eso, ofrece al gobierno negociar la reforma de pensiones de cara a la ciudadanía. La forma en que la derecha ha reaccionado a la invitación a debatir sobre el derecho al aborto da a entender que ese sector cree que, en ese tema, el gobierno tiene una posición mayoritaria. Pero las encuestas muestran que una mayoría de los chilenos cree en un derecho regulado al aborto (en oposición al aborto libre). Luego, no hay razón para pensar que la derecha que se opone al aborto lleva todas las de perder en este debate.

Es más, después de varios años en que la derecha demostró falta de coraje para defender sus valores y principios, esta es una inmejorable oportunidad para que demuestre que es capaz de dar la pelea por las cosas en las que cree y que está dispuesta a salir a convencer al electorado que sus posiciones y valores son atractivos y razonables.

Entre las pocas cosas valiosas que el Presidente Boric hizo en su discurso anual a la nación, la invitación a debatir sobre el aborto y convocar a la gente a la esfera pública a presentar sus argumentos y visiones merece ser destacada. En vez de rechazar el debate y salir de la sala, la derecha debiera aceptar la invitación y aprovechar la oportunidad para demostrarle al país que tiene buenos y poderosos argumentos para defender sus posiciones y valores.

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