Aunque el azúcar añade dulzura a nuestra dieta, su consumo excesivo puede tener consecuencias perjudiciales para la salud. Entre los efectos más conocidos se encuentran el aumento del riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, inflamación persistente, hígado graso no alcohólico y problemas de sobrepeso y obesidad.

Por eso, limitar el azúcar añadido en la dieta puede ser una estrategia efectiva para mejorar la salud general. Reducirlo no solo contribuye a controlar el peso y evitar las caries, sino que también beneficia la flora intestinal, ya que limita el crecimiento de bacterias dañinas que causan molestias digestivas como hinchazón o diarrea. Además, ayuda a mantener estables los niveles de colesterol y triglicéridos, protegiendo el corazón y las arterias.

Modificar el paladar, paso a paso

Cuando se consume azúcar con frecuencia, el gusto se adapta a sabores muy dulces. Sin embargo, es posible entrenar el paladar para disfrutar de alimentos menos azucarados. Un buen comienzo es reducir el azúcar que se añade manualmente, como en el café o las infusiones. Para mejorar el sabor sin recurrir al azúcar, se pueden usar canela o un chorrito de bebidas vegetales naturalmente dulces como la de avena o arroz.

Cambios en el desayuno y en los dulces

Otra recomendación clave es evitar productos ultraprocesados en el desayuno como bollería industrial, galletas o tostadas con mermelada. En su lugar, se puede optar por alternativas naturales como compotas caseras de fruta o frutas frescas en rodajas, como plátano, pera o mango. Estas opciones contienen azúcares naturales acompañados de fibra, lo que favorece el tránsito intestinal.

Cuidado con lo que bebes

Las bebidas también pueden ser una fuente significativa de azúcares añadidos. Refrescos, zumos industriales, alcohol y algunas infusiones comerciales contienen azúcares ocultos que se consumen sin notarlo. Por ello, los expertos recomiendan optar por agua como principal bebida durante el día y en las comidas.

Chocolate negro: un aliado moderado

Para quienes no pueden renunciar del todo a lo dulce, el chocolate negro puede ser una opción razonable. El ideal es el que contiene un 85% de cacao, aunque se puede comenzar con uno del 70% si no se está acostumbrado al sabor más intenso. En cualquier caso, la clave está en consumir solo una pequeña porción al día.

Leer etiquetas: una herramienta esencial

Finalmente, es fundamental aprender a identificar el azúcar en los alimentos procesados. Muchos productos aparentemente saludables —como sopas, cereales, salsas, embutidos o comidas preparadas— incluyen azúcar bajo nombres poco evidentes: sirope, jarabe, glucosa, fructosa, dextrosa, melaza, sacarosa, caramelo, almíbar, panela, malta, entre otros. Revisar las etiquetas y conocer estos términos permite tomar decisiones más conscientes.

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