A las 15:16 horas de ayer martes, Chile enfrentó uno de los cortes de energía más masivos de su historia reciente, afectando a millones de personas desde Arica hasta Los Lagos. Un fallo en la línea de transmisión eléctrica Nueva Maitencillo-Nueva Pan de Azúcar, operada por ISA Interchile, desencadenó una crisis que paralizó el país y expuso las vulnerabilidades de un sistema que, pese a los avances tecnológicos, sigue siendo frágil ante eventos críticos. Este incidente, comparable en magnitud al caos vivido tras el terremoto de 2010, no solo dejó a oscuras a gran parte del territorio nacional, sino que también puso en evidencia las falencias en la gestión de emergencias y la comunicación gubernamental.
Desarrollo analítico:
1. El origen técnico y sus implicancias
El corte se produjo por una desconexión en una línea de transmisión clave que transportaba aproximadamente 1.800 MW de energía, vital para el suministro del país. Según el Coordinador Eléctrico Nacional (CEN), el fallo ocurrió en el Norte Chico, entre Vallenar y Coquimbo, pero las causas exactas aún no han sido esclarecidas. Ernesto Huber, director ejecutivo del CEN, admitió dos errores críticos: la falla en el sistema de transmisión y la incapacidad de operar de forma remota para restablecer el servicio de manera ágil. Estas deficiencias técnicas plantean serias preguntas sobre la modernización y resiliencia de la infraestructura eléctrica chilena.
2. Impacto social y económico
El apagón no solo dejó a millones de hogares sin electricidad, sino que también paralizó servicios esenciales. El Metro de Santiago suspendió sus operaciones, dejando a miles de pasajeros varados y obligando a muchos a caminar largas distancias. Los semáforos dejaron de funcionar, generando caos vehicular, mientras que bomberos reportaron numerosos rescates de personas atrapadas en ascensores. Hospitales y aeropuertos tuvieron que recurrir a generadores de emergencia, y se registraron cortes intermitentes de agua, telefonía e internet. Este escenario no solo afectó la calidad de vida de los ciudadanos, sino que también generó pérdidas económicas significativas, especialmente para pequeños comercios y empresas que dependen de un suministro eléctrico estable.
3. La gestión de la crisis: ¿Ineficiencia o descoordinación?
El gobierno, liderado por el presidente Gabriel Boric, enfrentó fuertes críticas por su manejo de la emergencia. Aunque la ministra del Interior, Carolina Tohá, asumió la vocería y convocó al Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cogrid), la falta de información clara y oportuna generó desconfianza en la ciudadanía. Pasada una hora del corte, aún no había explicaciones concretas sobre las causas o el tiempo estimado para restablecer el servicio. Tohá descartó un atentado, pero su mensaje inicial de tranquilidad contrastó con la gravedad de la situación, que se prolongó por más de cuatro horas sin avances significativos.
La tardía reacción del ministro de Energía, Diego Pardow, quien no participó activamente en las primeras horas de la crisis, también fue cuestionada. Mientras tanto, el Ministerio de Defensa activó protocolos de seguridad, incluyendo el despliegue de militares y la evaluación de un posible Estado de Excepción por catástrofe. Estas medidas reflejaron la preocupación por el orden público en caso de que el apagón se extendiera durante la noche.
4. La sombra del 27F: Lecciones no aprendidas
El fantasma del terremoto de 2010, marcado por la descoordinación y los errores en la gestión de la entonces presidenta Michelle Bachelet, pareció resurgir durante esta crisis. Aunque el gobierno actual optó por seguir el protocolo de manejar la emergencia desde La Moneda, la falta de transparencia y la lentitud en la respuesta recordaron los errores del pasado. Boric, quien sobrevoló varias comunas afectadas y se reunió con autoridades, intentó proyectar control, pero su mensaje llegó tarde: recién a las 22:12 horas, cuando el servicio comenzaba a restablecerse, el presidente calificó la situación como «inadmisible» y prometió actuar con firmeza.
Conclusión reflexiva:
El apagón nacional no fue solo un fallo técnico; fue un espejo que reflejó las debilidades de un sistema eléctrico que, pese a su sofisticación, sigue siendo vulnerable. También puso en evidencia las falencias en la gestión de crisis del gobierno, que tardó en reaccionar y comunicar de manera efectiva. En un mundo cada vez más dependiente de la energía, este incidente debe servir como una llamada de atención para fortalecer la infraestructura, mejorar los protocolos de emergencia y garantizar que la ciudadanía reciba información clara y oportuna. La pregunta que queda en el aire es: ¿Está Chile preparado para enfrentar una crisis de mayor magnitud en el futuro?
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