Una estrella aparece en imágenes astronómicas de hace setenta años. Pero hoy, al buscarla con telescopios modernos, ya no está. No explotó en una supernova, no colapsó en un agujero negro, no cambió de posición. Simplemente, desapareció. Esa es la clase de fenómeno que tiene perplejos a los científicos del proyecto VASCO, una colaboración internacional que estudia objetos celestes que han dejado de ser visibles sin una explicación clara.

VASCO (siglas en inglés de “Fuentes que Aparecen y Desaparecen durante un Siglo de Observaciones”) compara imágenes del cielo tomadas en los años 50 con registros modernos, con el objetivo de identificar estrellas u objetos luminosos que hayan desaparecido. En un estudio publicado por la Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, los investigadores revelaron que hallaron más de 100 casos de desapariciones estelares sin una causa natural evidente.

La idea de que una estrella simplemente deje de brillar sin dejar rastro es poco común en la astrofísica. Cuando una estrella muere, lo hace con señales visibles: una explosión, una disminución progresiva de brillo, una transformación en enana blanca o agujero negro. Pero estos objetos no mostraron nada de eso.

El equipo liderado por la astrofísica Beatriz Villarroel, del Instituto Nórdico de Física Teórica, propone distintas hipótesis. Una de ellas —la más audaz y a la vez la más fascinante— apunta a una posible explicación artificial: civilizaciones extraterrestres avanzadas habrían construido megaestructuras capaces de cubrir completamente estas estrellas.

Se trataría de una tecnología similar a la teoría de las “esferas Dyson”, estructuras teóricas gigantescas que envuelven a una estrella para capturar toda su energía, permitiendo abastecer a civilizaciones enteras. Según la escala de Kardashev, una civilización que pudiera construir algo así sería del tipo II: una cultura capaz de manipular la energía total de su estrella madre.

Aunque también se barajan explicaciones más convencionales —como lentes gravitacionales, errores de archivo, o fenómenos poco frecuentes como supernovas fallidas—, el hecho de que más de un centenar de estos objetos hayan desaparecido de manera tan definitiva sin señales previas ha despertado el interés de los investigadores ligados al programa SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence).

“Las señales tecnológicas se definen como efectos o propiedades que no pueden atribuirse a causas naturales”, explican los investigadores de VASCO. “Estructuras como esferas Dyson o megaestructuras alienígenas podrían atenuar o hacer desaparecer por completo el brillo de una estrella”.

Este hallazgo, más que una conclusión, abre una puerta. Si bien no se puede afirmar que haya inteligencia extraterrestre detrás de estos fenómenos, tampoco se puede descartar del todo. Como en tantos otros misterios del cosmos, la desaparición de estas estrellas es, por ahora, una pregunta sin respuesta. Pero con cada estrella que se apaga sin dejar rastro, la posibilidad de no estar solos en el universo se vuelve un poco más real.

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