En un año marcado por la aceleración informativa y una ciudadanía cada vez más mediada por pantallas, el “oráculo” de Google vuelve a entregar una radiografía cultural tan precisa como incómoda: en 2025, los chilenos no buscaron respuestas, sino reflejos. No quisieron certezas, sino ironías. Y nada capturó mejor ese pulso emocional que los memes, convertidos en una suerte de espejo fragmentado donde el país se observa, se ríe y se interpreta a sí mismo.
En su informe “El año en búsquedas”, la empresa de Mountain View presenta los 10 memes más buscados en Chile, resultado del filtrado de millones de consultas. Detrás de esa enumeración aparentemente ligera se esconde un mapa simbólico del país: sus ansiedades, sus conflictos, sus escapes y sus claves generacionales.
Para profundizar en ese fenómeno, Ignacio Molina, periodista y autor de Ver, guardar, enviar: los memes en la era del algoritmo (Alquimia, 2025), disecciona cada caso y permite leer, detrás de la comedia, las tensiones que marcaron la conversación pública.
1. “6-7”: La contraseña vacía que definió a la Generación Alpha
El meme nacido de Doot Doot (6 7), canción del rapero Skrilla publicada en febrero, se transformó en un mantra sin significado, pero con una potencia casi hipnótica. Como explica Molina, su fuerza reside en el sinsentido: un código viral que opera como reacción automática más que como concepto.
El periodista recuerda cómo figuras como Taylen Kinney —contestando “six-seven” incluso cuando le preguntaron por un café— o el viral “niño del 6-7” reforzaron este fenómeno sin dotarlo de mayor sentido. “No importa lo que significa, sino la velocidad con que circula”, sostiene.
En un ecosistema donde lo efímero es norma —modas de horas, pánico a sonar boomer, cultura del remix—, “6-7” encarna el brainrot del año: pura energía, puro ritmo, cero contexto.
2. “No acepto”: El rechazo convertido en gesto universal
La escena viral de Elena Barrantes escapando de su boda tras pronunciar “Perdónenme todos, no acepto” condensó drama, sorpresa y, sobre todo, usabilidad. Se transformó en el GIF preferido para rechazar planes, responsabilidades o incomodidades sociales.
Un meme sin doble lectura, pero de enorme plasticidad emocional.
3. “Vístima”: El retorno afectivo de un clásico chileno
El meme resurgió con fuerza tras la muerte de Elizabeth Ogaz en abril de 2025. Este retorno no fue burla sino despedida colectiva. “El cielo ganó una vístima” dominó las redes como gesto de memoria popular.
Es un ejemplo del modo en que Chile reescribe sus propios íconos digitales.
4. “Jerry”: La ironía como comentario político
La imagen del ratón apuntando opera, según Molina, como constatación silenciosa: un “mira a este tipo” que expone más de lo que enuncia.
Este 2025, su uso se politizó inevitablemente: los casos de militares y funcionarios de la FACH involucrados en tráfico de drogas dieron material para un señalamiento colectivo. “Los escándalos cambian, pero el patrón no”, recuerda Molina citando a Jorge González.
Jerry no acusa: muestra. Y esa demostración basta.
5. “Mish”: El chilenismo que volvió desde la era digital
De acuerdo con Molina, el retorno de “Mish” representa un fenómeno lingüístico mayor: el giro memético, donde el habla cotidiana se reescribe según plantillas virales y sonidos de TikTok.
En un mar de referencias globales, “Mish” devolvió un ritmo local, resignificando la sorpresa en clave chilena.
6. “Ibai”: La mutación como espectáculo global
El cambio físico y afeitado total del streamer español en febrero desató una ola de montajes que lo situaban en escenarios absurdos. La exageración —incluida su delgadez— fue combustible para uno de los memes transnacionales del año.
7. “Balatro”: El videojuego convertido en lente de la realidad
El indie más influyente de 2025 instaló dos tipos de meme: la búsqueda compulsiva de patrones (“efecto Tetris”) y la obsesión por optimizar puntuaciones (“numeritos suben”).
Balatro codificó el modo en que Internet convierte cualquier actividad en un minijuego.
8. “Plankton”: El agotamiento elevado a estética
El “Cursed Plankton” —la figura deformada del personaje de Bob Esponja— expresa, en palabras de Molina, una verdad emocional de época: el cuerpo que ya no sostiene su forma.
La estetización del agotamiento convivió este año con un boom de inteligencia artificial de audio, donde Plankton cantando baladas se convirtió en comedia masiva. Una deformidad que no repele: complicita.
9. “No se peleen (remix)”: La nostalgia convertida en comentario deportivo
El clásico video del niño chileno volvió gracias al Superclásico de julio. Insertarlo en medio de la trifulca en cancha —con Marcelo Díaz expulsado— se volvió una forma lúdica de narrar el conflicto.
El meme actuó como bálsamo en un año de confrontación deportiva.
10. “George Harris”: El fracaso público como catarsis colectiva
El comediante venezolano en la Quinta Vergara, sudando y descolocado antes de ser “devorado” por el Monstruo, fue uno de los memes más reproducidos. Sus gestos se transformaron en símbolo del bochorno público, un territorio que Internet explota con precisión quirúrgica.
Bonus Track: “Aura Farming”, la estética del magnetismo digital
Aunque no aparece en el top chileno, Molina destaca este concepto global: capturar momentos donde alguien irradia presencia —o perderla.
Esa lectura fue clave en la política chilena: debates donde los candidatos se deshacían sin guion y perdían su “aura” en segundos. Molina recurre a Walter Benjamin para explicarlo: cuando se erosiona la singularidad, queda un vacío difícil de disimular.
La política, sugiere, ya no compite con el meme: es meme.![]()
El poder de un meme: cuando la emoción llega antes que el dato
Molina advierte que los memes no alcanzan la categoría de género periodístico, pero sí cumplen tres funciones centrales: síntesis, mirada y diálogo directo con la contingencia.
Su fuerza reside en la velocidad: fijan lectura antes de que aparezca contexto.
El periodista cita al psicoanalista Manuel Ugalde, quien describe cómo los usuarios consumen información desde cámaras de eco que refuerzan creencias preexistentes. En ese marco, la interpretación emocional antecede al dato.
También recupera la frase del administrador de @albertomayolnesa:
“No hay ninguna noticia que no pueda ser memeable, por más terrible que esta sea”.
En Chile, afirma Molina, un meme puede fijar el sentido de un conflicto con más fuerza que un titular. Basta un fotograma.
¿Puede un meme moldear opinión pública?
Sí, porque llega primero. Un meme instala una sospecha antes que una investigación pueda corregirla. En campaña, el ejemplo del “Danke schön” —el saludo en alemán entre Johannes Kaiser y Evelyn Matthei— demostró cómo un gesto puede fracturar la percepción antes que cualquier análisis.
El meme también actúa como gesto político involuntario. Lo ejemplifica “El Larry”: la incapacidad de José Antonio Kast para responder preguntas directas fue capturada en un solo concepto que circuló más rápido que cualquier declaración.
El algoritmo como arquitecto del humor
Como recuerda Molina, los algoritmos amplifican imágenes que provocan reacción inmediata. Lo complejo muere antes de nacer. Lo breve se impone.
El resultado: Chile muchas veces discute un meme antes de leer la noticia que lo originó.
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