El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, informó que cerca de 200 militares estadounidenses ingresaron a Caracas como parte de la operación que culminó con la captura de Nicolás Maduro durante la madrugada del sábado. El operativo puso fin a casi 13 años de régimen chavista, acusado por Washington de liderar una red internacional de narcotráfico.
“Casi 200 de nuestros mejores estadounidenses fueron al centro de Caracas y detuvieron a un individuo acusado, buscado por la justicia estadounidense, en apoyo de las fuerzas del orden, sin que muriera un solo estadounidense”, declaró Hegseth en un acto en Virginia. Se trata de la primera vez que una autoridad estadounidense precisa el número de efectivos involucrados directamente en la operación terrestre dentro de la capital venezolana.
Hasta ahora, tanto la Casa Blanca como el Pentágono habían ofrecido solo detalles generales, describiendo la acción como “quirúrgica” y coordinada con aliados regionales. El domingo, el presidente Donald Trump confirmó la captura de Maduro, aunque sin entregar cifras concretas sobre el contingente militar ni el alcance logístico. Según fuentes oficiales, más de 150 aeronaves —entre aviones de transporte, cazas y helicópteros— participaron en distintas fases del operativo, asegurando el espacio aéreo, trasladando tropas y evacuando a los detenidos hacia territorio estadounidense en cuestión de horas.
El Pentágono no precisó si hubo heridos o bajas entre las fuerzas estadounidenses o venezolanas. En contraste, el régimen cubano reconoció la muerte de 32 ciudadanos cubanos durante los ataques asociados a la operación, aunque sin aclarar si eran militares o civiles. Washington no confirmó ni desmintió esa cifra, insistiendo en que el objetivo fue “estrictamente” la captura de Maduro y su entorno inmediato.
Tras la operación, Maduro y su esposa, Cilia Flores, comparecieron el lunes ante un tribunal federal en Nueva York, donde se declararon no culpables de los cargos de conspiración para el narcotráfico, lavado de dinero y apoyo a organizaciones criminales. La Fiscalía estadounidense busca condenas que podrían alcanzar varias décadas de prisión. La captura del líder chavista marca un punto de inflexión en las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela, históricamente tensas por sanciones económicas, acusaciones cruzadas y el desconocimiento mutuo de legitimidad política.
En el plano interno, la operación dejó un vacío de poder inmediato. La vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, asumió de forma interina la jefatura del Estado, mientras el Parlamento chavista inició sesiones de emergencia para definir el marco institucional de la transición. La oposición exigió elecciones anticipadas y la liberación de presos políticos, mientras organizaciones de derechos humanos pidieron garantías para evitar represalias y detenciones masivas.
El verdadero alcance de la operación, sus costos humanos y sus implicaciones legales seguirán bajo escrutinio en los próximos meses. Mientras Maduro enfrenta ahora a la justicia estadounidense, el futuro político de Venezuela queda abierto a una transición incierta, marcada por la presión internacional y la necesidad de recomponer un Estado debilitado tras años de crisis económica, institucional y social.
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